Venezuela: Actores internacionales, negociación y aprensiones, por Emilio Nouel

En Venezuela la búsqueda interminable de una solución al largo conflicto político que agobia a sus ciudadanos por más de dos décadas, persiste, lo cual, sin duda, genera una mayor desesperanza y multiplica la frustración.

De nuevo se reinician conversaciones sobre una probable negociación, auspiciada por actores internacionales. EE.UU, la Unión Europea y Canadá han suscrito una importante declaración en la que manifiestan su preocupación sobre la crisis venezolana y su impacto regional y global. Se pronuncian por una solución pacífica que incluya abrir un proceso de negociaciones integrales que conduzca a restaurar las instituciones y a que los venezolanos se expresen a través de elecciones creíbles y transparentes no solo locales y parlamentarias, sino también presidenciales; esta ultimas, por cierto, borradas de la declaración por algunos interesados en decir que se apoya exclusivamente las elecciones convocadas por la tiranía para este año. 

En el mismo sentido, recientemente, Juan Guaidó había formulado una propuesta denominada Acuerdo de salvación nacional, el cual incluía una negociación en la que participen la comunidad internacional, el gobierno interino y el régimen chavista. Tal acuerdo propone un cronograma de elecciones libres y justas que incluya presidenciales, parlamentarias, regionales y municipales con la debida observación y el respaldo de entes internacionales relevantes.

Nicolas Maduro, ante la propuesta, respondió poniendo como precondiciones la eliminación de las sanciones, reconocimiento del régimen como poder legítimo y acceso a los fondos de la Republica que se encuentran congelados en el exterior. Puntos estos, que son de la negociación, y no previos a ella. 

El Acuerdo de Guaidó, como era de esperarse en una oposición dividida, también fue criticado por algunos sectores democráticos minoritarios, unos que descreen de toda negociación y con no poca razón, y otros, simplemente, por reacción frente al proponente. 

Con la negociación planteada, la historia, como aquel bolero, vuelve a repetirse. 

Para algunos analistas, la negociación, si bien considerada como necesaria, sin embargo, podría reiniciar un círculo vicioso ya muy bien conocido por los venezolanos.  No son pocos los que manifiestan su escepticismo, habida cuenta de las experiencias fallidas anteriores, en las que los representantes chavistas han abandonado las conversaciones. 

Esta conducta reiterada es un modus operandi que solo busca ganar tiempo y así mantenerse en el poder. 

Este círculo vicioso, como se ha señalado muchas veces, se inicia siempre con las falsas promesas de elecciones libres, que son seguidas por nuevas normas y medidas impuestas desde el Ejecutivo y el Tribunal Supremo cuando los resultados no los favorecen (procesos judiciales fraguados y amañados, interpretaciones retorcidas de las leyes, nombramientos de administraciones paralelas,, etc), las cuales generan nuevas protestas que son reprimidas, se persigue al opositor y se hace detenciones arbitrarias,  para luego comenzar un nuevo “dialogo” y negociaciones sobre nuevas elecciones, y así sucesivamente se abre otro ciclo que no lleva a ningún parte. Se crean expectativas que pronto serán defraudadas, produciendo divisiones entre los opositores, cuando no, pactos entre los colaboracionistas y los tiranos, que al final, favorecen la permanencia en el poder de estos.   

Obviamente, las circunstancias para el gobierno de Maduro hoy no son las mismas que en pasadas ocasiones. Su situación presupuestaria es grave y la penuria social ha aumentado. Las dudas, bien fundadas, sobre una verdadera disposición del régimen para abrir caminos de solución, no se disipan. La desconfianza no desaparece, más bien aumenta, reflejándose en la opinión pública con el rechazo mayoritario del régimen y sus cómplices.  

El gobierno chavista sigue manteniendo una red de apoyos internacionales que le permiten maniobrar, de manera parcial con cierta eficacia, pero limitada. De allí que algunos digan que no hay una bala de plata que acabe con el gobierno de Maduro, mientras ese soporte no sea quebrado. Crucial es, entonces, que la acción exterior se profundice, que aunada a la acción interna organizada vaya abriendo una salida a nuestra calamidad.  

Juan Guaidó, a pesar de los cuestionamientos que le hacen, ha intensificado en los días que corren sus gestiones ante actores internacionales para que hagan mayor presión hacia un arreglo negociado que ponga fin a nuestro inacabable conflicto. Desmontar aquella de red de apoyo internacional es elemento decisivo. No podrá haber resultado eficaz y duradero sin el soporte a la recuperación democrática desde el exterior, y Guaidó pareciera tenerlo claro ese punto. Muchos apostamos al éxito de esas acciones, a pesar de las aprensiones justificadas que mantenemos.