Editorial El Nacional: Seis balazos de dos fusiles

En el helicóptero de la Fuerza Aérea Colombiana viajaban el presidente Iván Duque; el ministro de Defensa, Diego Molano; el del Interior, Daniel Palacios; el gobernador del Norte de Santander, Silvano Serrano y el alcalde de Cúcuta, Jairo Yánez. Regresaban de la localidad de La Sardinata, en la región del Catatumbo, cuando la aeronave recibió varios disparos. No pasó nada grave, pero el cuento pica y se extiende.

La Sardinata está ubicada al norte de Cúcuta y se le conoce como la subregión del Catatumbo. De acuerdo con un despacho de la agencia AFP, ha sido por décadas una zona bajo control de las guerrillas del Ejército de Liberación Nacional, el Ejército Popular de Liberación. También tratan de controlar el territorio grupos disidentes de las FARC, paramilitares y narcotraficantes.

Después de conocer estos detalles, es muy sencillo sacar la cuenta. A apenas 1,2 kilómetros de donde iba a aterrizar la aeronave con los importantísimos pasajeros, en la localidad de La Conquista, las autoridades consiguieron dos fusiles, un AK-47 que está siendo rastreado y un fusil calibre 7-62 tipo FAL con marcas de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

Esto no se trata de un montaje como los que hacía el comandante difunto, y mucho menos un parapeto como los que suele hacer su heredero. Las pruebas están a la vista, hasta se publicaron las fotos del armamento y es indudable su origen, pero sobre este detalle el régimen de este lado del Arauca no ha dicho ni pío. Como tampoco dijeron nada cuando asesinaron a Jesús Santrich y muy poco con el reciente atentado con un carro bomba en la Brigada 30 del Ejército Colombiano en Cúcuta.

Será que están armando la trama para explicar por qué esos fusiles están en manos de irregulares del bando que sean. Ya se sabe que la zona es un hervidero en el que se enfrentan subversivos, narcotraficantes y demás alimañas y que muchos encuentran refugio en territorio venezolano. Hay pruebas y denuncias de que no solo vienen a esconderse, sino que tienen aquí sus campamentos armados, sus zonas de entrenamiento y de pertrecho.

Colombia tiene demasiados años tratando de salir de la violencia desatada por estos grupos que comenzaron exigiendo reivindicaciones políticas y que se han convertido en simples maleantes que amenazan la vida de los ciudadanos. Poca ayuda le ha ofrecido el régimen, pues desde el principio se alineó con lo que el galáctico llamaba “fuerzas beligerantes”.

Claro que este atentado evidencia una importante falla en los sistemas de seguridad colombianos, pero no se puede subestimar el apoyo que desgraciadamente se le brinda a los irregulares desde este lado de la frontera. Lo que hay que esperar es que las investigaciones sigan su curso, pues ya se tienen hasta retratos hablados de los que dispararon. Pero lo más importante, que quede bien claro por qué usaron armamento venezolano para cometer semejante delito, pues los culpables de que estas armas hallan llegado a sus manos deben responder ante la justicia.

Este artículo se publicó originalmemte en El Nacional el 28 de junio de 2021