Juan Lozano: Trataron de matarlo, otra vez

Rechazo absoluto, categórico, generalizado es lo que debe proceder tras el intento de magnicidio perpetrado contra el presidente de la República, Iván Duque; sus ministros Daniel Palacios y Diego Molano, del Interior y Defensa, respectivamente, y los otros ocupantes civiles y de la Fuerza Pública que viajaban en el helicóptero.

Para que seamos claros y no toleremos ningún disfraz ni aceptemos distractores, no fue un atentado contra un helicóptero, como lo presentan algunos. Lo que pasó fue que trataron de matar a Iván Duque, otra vez. Gracias a Dios, eso no ocurrió y se salvaron el Presidente y los miembros de su comitiva. Total solidaridad con ellos y sus familias.

También resultan inadmisibles las voces que en vez de cerrar filas contra los violentos, los narcotraficantes y los criminales, prefieren construir absurdas teorías alusivas a autoatentados y montajes. Eso es tan absurdo, descabellado y cruel que no merece más comentario.

Muy desde la madrugada del Gobierno, mediante engaños asociados con algunas movilizaciones fletadas de la época, se frustró un atentado contra el presidente Duque en el Cauca. Ignoro cuántos más habrán frustrado fuera de los radares de la opinión pública. Lo cierto es que hay unas fuerzas empeñadas en eliminar al Presidente de la República, en sembrar el caos, en desestabilizar el país, en tumbar a las malas y no por las vías democráticas al Gobierno, en fortalecer el narcotráfico y en hacerle al juego al tenebroso régimen vecino.

Por eso es necesario leer en la misma página del mismo capítulo el atentado contra Duque y sus ministros, el ataque contra las instalaciones militares en Cúcuta y la explosión de terrorismo urbano que ha sacudido nuestro país en las últimas semanas, sofocando la legítima protesta ciudadana y las voces de los jóvenes que sueñan con un mejor país. Aunque son objetivos inmediatos distintos, su propósito es el mismo, gravitando en los cuadrantes del caos de la Nación. Tienen un común denominador: quieren destruir las instituciones colombianas.

Este atentado nos debe unir a todos los ciudadanos contra los violentos y los criminales. Nos debe unir en el propósito de aislar en la vida política a quienes siguen manejando discursos ambiguos en la defensa de la institucionalidad colombiana. Reformas profundas, sí. Violencia, no. Nos debe tonificar y fortalecer en el empeño de enfrentar contundentemente a las mafias del narcotráfico y a las narcoguerrillas y debe consolidar una voz única, diáfana, firme contra todas las manifestaciones del terrorismo. La tolerancia de la sociedad Colombia ante cualquiera de las expresiones del terrorismo debería ser cero. Cero.

Creo que va siendo hora de verles la pasta verdadera a quienes aspiran a gobernarnos y establecer quién tiene la capacidad de convocar a los colombianos a un futuro más esperanzador en torno de causas comunes y propósitos nacionales de reforma y mejoramiento del Estado, quién tiene la fortaleza para ejercer sin complejos y con toda firmeza las atribuciones constitucionales para profundizar la política social, garantizar el orden público, así como los derechos de todos los colombianos, y enfrentar con toda contundencia al narcotráfico y al terrorismo.

El terrorismo no nos puede amedrentar. No nos puede doblegar. No nos puede llenar de unos sentimientos derrotistas ni de visiones apocalípticas sobre la realidad nacional. Por el contrario. La fortaleza y las dimensiones de la amenaza terrorista de múltiples rostros deben sacar lo mejor de los colombianos para luchar unidos por el mejor futuro de este gran país que se crece en la adversidad.

Por lo pronto, que Dios proteja al presidente Duque y sus colaboradores, de manera que cualquier discrepancia con sus planteamientos y políticas se pueda dirimir con argumentos y con votos en las urnas y no a plomo por el cobarde accionar del terrorismo.


Este artículo se publicó originalmene en El Tiempo (Colombia) el 28 de junio de 2021