Editorial El Nacional: El malquerido

A estas alturas muchos venezolanos se están preguntando qué es lo que pasa entre Miraflores y Fuerte Tiuna que no se quieren ni ver. Ya han pasado dos de las fechas patrias más importantes y la tradicional presencia del jefe del Estado encabezando las celebraciones se ha limitado a llegar, decir cuatro pistoladas y marcharse.

Para el que busca la razón de este tipo de “arreglos” debe estar claro un asunto de base: no importa lo que esté pasando, lo cierto es que no es bueno, ni positivo, ni deseable para ninguna de las partes.

Es significativo que sean no uno, sino dos los actos patrios a los que Nicolás Maduro les saca el cuerpo. Los 200 años de la Batalla de Carabobo pasaron prácticamente inadvertidos. Los organizadores de los actos ensayados y programados para el campo argumentaron que no se dieron en toda su majestuosidad porque llovió muy fuerte; pero sí hubo una reunión de santeros, tambores y cohetes. Cabe presumir que haya sido para celebrar el día de san Juan, que no tiene nada que ver con la gesta heroica.

Y así como el inquilino de Miraflores no presidió el desfile del 24 de Junio (solo asistió a la graduación de algunos oficiales y luego prefirió bailar tambores), el 5 de Julio se presentó en el patio de la Academia Militar, dijo un par de cosas ante la parada y se retiró dejando al ministro de Defensa la tarea de encabezar los actos que seguían. Aunque hubo transmisión por Venezolana de Televisión, con tomas especialmente calculadas, se pudo notar que no había público, solo soldados y milicianos, así que esta celebración fue bastante diferente a las acostumbradas cuando Hugo Chávez estaba vivo. Y ni la comparemos con las de la democracia.

No sería por falta de gasolina que no fue a Carabobo, ni parecen haber razones para que no luciera la banda presidencial en el palco de Los Próceres. Algunos consideran que puede tratarse de estrés postraumático o algo así, pues en 2018 estalló un dron frente al palco presidencial y casi todos los asistentes estuvieron a punto de salir corriendo y dejarlo allí solito. Por este show todavía está sometido a juicio Juan Requesens. Sin embargo, en el desfile del lunes pasado no había nadie distinto a los militantes del chavismo y los uniformados. ¿A qué le teme?

El coronavirus tampoco es la razón, porque varios templetes se han organizado el último año sin respeto a las medidas de bioseguridad. Cabe recordar que la plana mayor del PSUV y todos sus seguidores fueron los primeros en vacunarse… Y con el fármaco ruso, por cierto, no con la candidata cubana.

¿Será que Maduro no se siente con la autoridad que se requiere para plantarse en frente de los soldados? Quizás le angustien las deserciones que se cuentan por decenas y le carcome la sospecha de que los militares están dispuestos a perder su carrera antes de seguirse enlodando con los chanchullos oficialistas.

Lo que no es creíble es que se trate de un desplante de su parte, porque eso querría decir que todavía tiene la sartén por el mango y hay muchos indicios de que eso no es verdad. Lo que se ve a simple vista es que la cúpula, en su afán por ignorar el rechazo de la población, está parcelando el poder. Ya no hay un líder que los agrupe a todos. La tan cacareada unión cívico-militar parece pender de un hilo y el psuvista mayor debe estar cantando “El malquerido”.


Este artículo se publicó originalmente en El Nacional el 7 de julio de 2021