Carlos Cabrera Perez: Rusia dejó en evidencia a gobierno cubano

Rusia dejó en evidencia al gobierno cubano por sus malas mañas recaudadoras de dólares norteamericanos, vía PCRs falsificadas e internamiento forzoso en hoteles de Varadero, con sendos conteos de protección de la presidenta de la Agencia Federal de Turismo y el embajador en La Habana.

La torpeza predominante en el Palacio de la Revolución evidencia que sus ocupantes viven convencidos de que sus actos no tienen consecuencias y, en su voracidad recaudatoria de dólares norteamericanos, ponen en riesgo el único mercado actual emisor de turistas hacia Cuba, generando la ficción de que los rusos son los culpables del desastre sanitario de Matanzas; donde no debieron llegar los turistas, si el gobierno creía que serían fuentes de contagio.

El embajador Andrei Guskov lo pudo decir más alto, pero no más claro; El aislamiento involuntario de más de 150 turistas procedentes de su país en hoteles de Varadero, tras el falso positivo que arrojó un PCR realizado en Cuba, es una situación que no puede volver a ocurrir.

La Contrainteligencia tardocastrista, torpe como un pestillo, no detectó que Rusia había acumulado kits de PCR en su embajada en La Habana y, tras dar rienda larga a los bichos del Minsap y el Minfar, realizó sus propios test, con el consiguiente ridículo mundial del gobierno, que pregona ser potencia médica con alto sentido humanitario.

Semanalmente, llegan a Varadero 12 vuelos con turistas rusos, una oportunidad de oro para cualquier gobierno en la actual crisis económica por el impacto del coronavirus que, en el caso de Cuba, agrava la pobreza y desigualdad estructural del desempeño comunista.

Si así actúa el gobierno cubano con turistas de Rusia, cómo será con los cubanos emigrados que, deseosos de socorrer a sus familiares, han asumido el riesgo de viajar desde países con vacunas y sistemas médicos contrastados; ¿cuántos test de coronavirus aplicados a emigrados serían falsos, pero implicaron internamiento y sobrecosto? y todavía hay que aguantar al burócrata Ernesto Soberón jurando que quieren “normalizar” las relaciones con la emigración cubana

Rara vez un gobierno anormal, que hace de la política cotidiana una anormalidad consuetudinaria podría alcanzar la normalidad en algo; especialmente en una relación desbalanceada porque el emigrado pone los dólares y sus represores la pose de dignidad y generosidad engañosa para atraer dólares y euros.

Ya puede ir el ideólogo Rogelio Polanco desempolvando el argumentario del doble bloqueo, usado por Fidel Castro para aludir al abandono soviético porque como a los 150 rusos les de por reclamar daños y perjuicios, como es normal en sociedades del mundo real, el Kremlin pagará la factura por adelantado para que se callen, pero pasará la cuenta a La Habana con un recargo inmunizador y disuasorio de ensayos de estafas futuras.

El tumbe, el mayor éxito económico del castrismo, esta vez ha chocado con el oro de Moscú que, revelando públicamente el fraude sanitario tardocastrista, ha colocado una mezcla de dinamita con gases Mostaza y Sarín en los cimientos de la agonizante industria turística cubana; con profundo disgusto para el General Rodríguez López-Calleja, que esta vez no tiene a quien culpar porque los ministros de Turismo y Salud Pública -cooperadores necesarios en la estafa- son peones suyos y fueron incluidos en el reciente Comité Central del partido comunista, donde quedaron fuera los bocones anti GAESA.

El enfado -público y notorio de Moscú- es un aviso para Canadá, España, Francia, Gran Bretaña, Alemania, Italia y otros proveedores de turismo a Cuba, donde los extranjeros tampoco están a salvo de los atracadores con despacho oficial y grados militares.

Los alabarderos de López-Calleja no se cansan de pregonar que es un Chicago Boys, un bisnero de categoría, pero con muy mala suerte porque no acaba de encontrar la senda del socialismo próspero y sostenible y padece tendencias suicidas como las de querer timar a los rusos, a los que Ricardo Cabrisas prometió que se portarían bien, tras decirle que, otra vez, la deuda cubana es impagable.

El tardocastrismo inventor, despiadado, fallido e ignorado por Joe Biden, debería evitar encabronar al Kremlin, que siempre tiene un Ramón Mercader dispuesto a cobrar deudas a golpe de Piolet, untado con Polonio radioactivo.


Este artículo se publicó originalmente en CiberCuba el 7 de julio de 2021