El racismo y el vandalismo tras la final sumen a Inglaterra en la vergüenza

Una línea de policías es el objetivo de los lanzadores de latas de cerveza mientras los partidarios de Inglaterra se paran en los bordes de Trafalgar Square durante una proyección en vivo del partido de fútbol final de la UEFA EURO 2020 entre Inglaterra e Italia en el centro de Londres el 11 de julio de 2021. (Foto de Tolga Akmen / AFP)

 

Los salvajes insultos racistas sufridos por varios jugadores y los actos vandálicos en torno a la final de la Eurocopa han llevado la vergüenza a Inglaterra, atónita ante la reacción de sus “hooligans”, que ahora también despliegan su odio a través de las redes sociales.

Marcus Rashford, Jadon Sancho y Bukayo Saka tuvieron la desgracia de fallar sus penaltis en la tanda decisiva de la final contra Italia. Tan pronto como sus errores derrotaron a la selección inglesa, estallaron los improperios contra estos tres jóvenes negros, de edades entre los 23 y los 19 años.

El problema no es nuevo. Esta temporada ha llevado incluso a un boicot de las redes por los futbolistas de la Premier League. Pero la caja de resonancia que supone la primera gran final internacional que alcanzaba Inglaterra desde 1966 magnifica el fenómeno.

Twitter aseguró, a través de un comunicado, haber eliminado más de mil mensajes y haber suspendido “un número de cuentas” en 24 horas por haber violado sus reglas de uso.

La Policía Metropolitana ha abierto una investigación contra estos desmanes, que dijo que “no serán tolerados”.

CONDENA POLÍTICA

El primer ministro británico, Boris Johnson, fue uno de los primeros en reaccionar ante estos actos.

“Esta selección de Inglaterra merecen ser tratados como héroes, no ser atacados por su raza en las redes sociales. Aquellos responsables de estas espantosas agresiones deberían avergonzarse de ellos mismos”, escribió Johnson en Twitter.

El príncipe Guillermo, nieto de la reina Isabel II y presente anoche en la final junto a su mujer y su hijo mayor, se mostró “asqueado” por los insultos, mientras que el seleccionador, Gareth Southgate, consideró que esas acciones son “imperdonables”.

“Hemos sido un faro para unir a la gente, para conseguir que la gente se identifique con la selección nacional. El equipo representa a todos, y esa unidad debe continuar”, señaló este lunes en una rueda de prensa.

Sin embargo, la lacra del racismo parece haber arraigado de forma profunda en el fútbol inglés y ha generado más de un quebradero de cabeza al Gobierno, que es señalado desde algunas instancias por su incapacidad (o falta de voluntad) para combatirlo.

Muchos quieren ver en la dubitativa respuesta del Ejecutivo ante el gesto de los jugadores de la selección de arrodillarse antes de los partidos el germen de la rabia que explota ahora contra Sancho, Saka y Rashford.

La ministra del Interior, Priti Patel, calificó la protesta de hincar la rodilla de los jugadores de la selección como “postureo político” o la secretaria de Estado de Educación, Gillian Keegan, dijo que la acción era un “gesto de división”.

Especial inquina han mostrado los energúmenos ante Rashford, que se ha convertido en un icono de justicia social por su lucha a favor de que los niños más desfavorecidos siguiesen recibiendo comidas en sus colegios durante el confinamiento.

Un mural con el rostro del delantero del United en su Manchester natal apareció esta mañana vandalizado y con graves insultos racistas.

En solo unas horas, una petición de firmas a través de Change.org ha recogido más de 300.000 nombres para pedir a las autoridades que veten de por vida el acceso a los estadios a los protagonistas de ataques racistas, ya sean “online” u “offline”.

DESCONTROL EN WEMBLEY

Pero la histórica cita de la selección inglesa no solo expuso las pulsiones racistas de parte de su afición, sino que también dejó penosas imágenes antes del partido en las calles del centro de Londres y en torno al estadio de Wembley.

Los vídeos de aficionados repeliendo con palizas a quienes se intentaban colar en Wembley, de miles de personas tratando de saltar por las bravas los controles de la una policía desbordada y de mobiliario urbano dañado antes incluso de que comenzase el partido han sacudido a todo el país.

La Policía practicó a lo largo de la noche 49 detenciones, mientras que 19 de sus agentes resultaron heridos en los altercados.

La máxima responsable de la Policía Metropolitana, Cressida Dick, está siendo criticada por la mala planificación del despliegue policial, sobrepasado ante miles de “hooligans” alcoholizados y sin entrada.

EFE