“Ni tapabocas ni vacuna”: El escepticismo de los iraquíes ante la amenaza del coronavirus

Un miembro del equipo médico que usa un traje protector y una mascarilla, trabaja en muestras de sangre para ser analizadas por coronavirus, en un centro médico en un hospital en la ciudad santa de Najaf, Irak. Foto archivo por REUTERS / Alaa al-Marjani

 

Por las calles de Bagdad muchos iraquíes se muestran escépticos ante la amenaza del coronavirus, a pesar del preocupante aumento de casos estas últimas semanas y de las advertencias de los médicos, que temen “una catástrofe epidémica”.

“No me gustan ni los tapabocas ni la vacuna”, con esta frase lapidaria Nihad Sabbah, una mujer de 36 años, parece resumir el estado de ánimo imperante en la capital.

Sin embargo, el número de casos diarios, que oscilaba en junio entre los 4.000 y los 5.000, aumentó a principios de julio a una media de 8.000, con un pico de 9.189 el 8.

La población vacunada de este país de 40 millones de habitantes supera apenas el 1%, según los datos oficiales.

“Nos dirigimos hacia una catástrofe epidémica”, afirma preocupado Sarmad al Karlusi, médico del hospital Al Kindi de Bagdad, donde se localiza la unidad mejor dotada para tratar a los enfermos graves de coronavirus.

Este moderno hospital, que ccntrasta con el vetusto estado de muchos centros, acoge a 54 pacientes en estado crítico. Desde el inicio del año, todas las camas han estado ocupadas de forma ininterrumpida, lo que hace que haya 30 pacientes ingresados en urgencias en la lista de espera, según el doctor Karlusi.

“Tratamos de evitar el desastre y de mantener la situación bajo control. Pero los casos aumentan y no podemos más que esperar a ver qué pasa. Nosotros estamos todos vacunados, pero me preocupa el resto de la sociedad”, se lamenta Karlusi, impotente.

Demasiados riesgos

Los trabajadores sanitarios del centro Covid Al Kindi, vestidos con sofocantes equipos de protección en estos meses de calor extremo (con marcas de más de 50 grados Celsius), intentan, a menudo en vano, convencer a las familias para que se vacunen.

En una de las habitaciones climatizadas de la unidad, una mujer, de apenas 30 años, respira frenéticamente bajo la máscara de oxígeno. Al contrario que la hermana y la madre de la paciente, el médico no parece muy optimista.

Rokaya Abdel Moutaleb, la hermana de la ingresada, cuenta que los tres hijos de la paciente no tienen derecho a venir a visitarla. “Venimos a menudo a apoyarla. Hace 15 días que está aquí”.

Al igual que su madre, la joven porta un tapabocas, pero responde sin dudar sobre la vacunación. “Demasiados riesgos. La vacuna no es segura”, afirma mientras acaricia el brazo de su hermana, que lucha por respirar.

Irak, que se comprometió a comprar 18 millones de dosis, lanzó su campaña de vacunación en marzo pero los pobladores se muestran generalmente escépticos frente a la vacuna.

Sin embargo, las cifras de la pandemia se acercan a los 1,5 millones de casos y más de 17.500 muertos.

Desde el inicio de la pandemia, en las calles y tiendas de Bagdad apenas se ven tapabocas, y apenas se respetan las restricciones.

Campaña de desinformación

“Estamos sufriendo una campaña de desinformación previa a la llegada de la vacuna”, lamentó Saif al Badr, portavoz del ministerio de Salud.

La desconfianza en las instituciones y las informaciones falsas, algunas incluso difundidas por médicos, son habituales en el país.

En mayo, un profesional de la salud, Hamid al Lami, fue detenido y expulsado del colegio de médicos tras haber asegurado que el covid-19 fue creado en un laboratorio y que se podía curar con hierbas.

“No confiamos en el gobierno, no sabemos nada sobre esas vacunas. Y hemos visto que gente que estaba vacunada caía enferma y más grave que otros”, aseguraron dos jóvenes trabajadores de un restaurante durante una pausa para fumar.

“La gente tiene miedo, dicen que prefieren confiar en su inmunidad natural. Así está el ánimo en general”, se lamenta la doctora Khulood al Sarraf, decana del departamento de Farmacia en la universidad privada el Isra.

Esta elegante mujer constató un aumento reciente de los casos entre los estudiantes y el personal, y está a favor de un “confinamiento de 15 días” para frenar la circulación del virus.

“Hasta ahora, la situación está bajo control, a pesar del evidente aumento de casos”, aseguró Saif al Badr, que preció que el variante Delta (más contagioso) no fue detectado por las autoridades en el país. AFP