También de parásitos se nutre la política, por @ArmandoMartini

Armando Martini Pietri @ArmandoMartini

Parásito es un organismo, se alimenta de sustancias que elabora un ser vivo de distinta especie, viviendo en su interior o sobre su superficie, causando sufrimiento, dolencia, lesión y perjuicio. No producen nada -sino incomodidades-. Existen tres clases importantes que provocan enfermedades: los protozoos, que se trasmiten por medio de alimentos contaminados, contacto de persona a persona o mediante insecto. Los helmintos, con apariencia de pequeños gusanos que no pueden multiplicarse en los seres humanos; y los ectoparásitos, como garrapatas, pulgas, piojos y ácaros, que se adhieren a la piel o escarban en ella.

Todo ser vivo, que se alimente, subsista, de lo que otro produce, y tenga esa costumbre como su forma permanente de vida, es un parásito explotador, oportunista, estafador. Lo peor sucede, cuando el que es fuente de alimento no los rechaza ni devora, sino que se acostumbra a sus amigos interesados, vividores e inútiles, los alimenta, incluso cuida, porque normaliza, asea e higieniza. Es el caso de una especie que recibe beneficio y otra no resulte beneficiada ni perjudicada, se habla de comensalismo; como las rémoras en los aterrorizantes, crueles tiburones que desgarran carnes y asolan mares, se adhieren para protegerse, obtener alimento. Son comedoras pancistas que se alimentan con los sobrantes de la presa que ejecuta su huésped. 

Las personas consumen medicinas y recursos sencillos, baratos para deshacerse de sus parásitos, pero algunos partidos políticos, que son entidades humanas, no lo hacen, al contrario, los atienden, preservan y atienden con esmero, los carnetizan, les otorgan cargos e influyen para colocarlos en posiciones burocráticas nacionales, estatales y municipales, incluso cuando no controlan el gobierno sino que ejercen de contrarios.

Razón por la cual, las administraciones públicas funcionan a baja presión, con sentido estirado, paciente, imperturbable del tiempo, porque en buena parte los que integran esas intendencias de dirección no son más que parásitos cómodos e inservibles, más preocupados por sonreír, lisonjear y adular al superior que satisfacer necesidades y requerimientos de quienes no pueden ser gorrones aprovechados porque precisan trabajar, producir para llevar comida, bienestar y educación a sus familias.

Pero los parásitos sablistas partidistas son votos y hasta pueden ejecutar algún mediocre trabajo si le conviene a sus jefes, repartir propaganda, hacer bulto en manifestaciones políticas si saben que alguien ejerce control de asistencia y hasta hablar bien del gobierno del cual cobran dadivas, no para defenderlo, sino para lucirse ante conocidos, vecinos, amigos, familiares que suelen pensar, son borregos de pereza, plena incapacidad y algo de suerte.

Son los principales escuchas, difusores de la propaganda barata y manipuladora, de las mentiras repetidas, tanto de las obras estancadas como de grandes programas. No crean que los parásitos aprovechados son simples entregados, pacientes ejecutores de la rutina de ir al trabajo no a laborar sino a pasar otro día, “cuidar el puesto”, cobrar -que hacen con diligencia y pasión-. Hay organizaciones que por su forma no dan tregua al parásito insignificante que, si está dentro, se ve forzado a cumplir tareas concretas, como sucede en las organizaciones militares y religiosas.

El político más o menos pensante y con aspiraciones sinceras afirma los harán producir, quizás por milagro de San Judas Tadeo -patrón de las causas imposibles- dejarán de ser parásitos y se convertirán en comensales productivos, ilusión sobre la cual nos atiborran de promesas. Sin embargo, el peso de la masa parásita es inmensa, son millones, y necesarios para depositar sufragios y llenar espacios.

Los parásitos ambiciosos son columna principal de corrupción, no sólo son ellos pudrición, sino que del éxito económico y apariencia de poder viven los politiqueros, aunque sólo sea en acciones para defender, resguardar a sus parásitos insaciables. Por eso no se pronuncian, ni una palabra contra el régimen castrista explotador y opresor; porque ha sido rentable, beneficioso, a los que se disfrazan de antagonistas, contrincantes que viven parásitos de las migajas obsequiadas, como las rémoras, que se alimentan de los desechos ajenos. No obstante, aún resiste y existe una mayoría enorme de ciudadanos con principios, valores, buenas costumbres, reserva moral, que ama a Venezuela y no entregarán su dignidad.

@ArmandoMartini