Cuba: libertad y experimento en niños venezolanos con simulacros de vacunas, por William Anseume

Los cubanos en la calle piden libertad. Echaron su miedo a la espalda o al mar y decidieron que resulta mucho mejor morir luchando que vivir esclavizados o fallecer de inanición. Saben que su régimen del terror es tan criminal como en otros países regidos por ellos: Nicaragua o Venezuela. El mismo paquete de sangre y mala vida. Los cubanos son los héroes del momento en América Latina. Su exposición a otro tipo de muerte, para nada natural, envía un igualmente feroz mensaje al mundo alcahuete.

Por nuestra parte, los venezolanos somos entre otros múltiples detalles malignos, receptáculo de un líquido procesado que no alcanza ni de lejos el nivel de vacuna ante nada, menos aun ante la pandemia que a todos nos acosa también. La genial idea de nuestro flamante régimen es la de destinarla para la introyección a nuestros jóvenes, niños y adolescentes. Con ese simulacro, de efectos desconocidos por la ciencia, pretenden saldar falencias. La compra de esos proyectos incipientes de vacunas cubanas era indudablemente una ayuda económica del terrorismo venezolano al cubano. Quería usar la imagen de los bomberos y las mangueras no pisadas. Pero los bomberos son almas nobles, incluso en revolución. Los únicos uniformados que conservan aquí algún reconocimiento social. El líquido-ayuda humanitaria para buscar estabilizar la situación cubana, como he dicho en reciente video: debe ser rechazado contundentemente por toda la sociedad venezolana.

El experimento social en los cubanos va remal, después de más de sesenta años. El hambre y la dominación personal, íntima, los agobia. La falta de libertades de cualquier tipo los tiene rebasados en su capacidad de tolerancia. Saben muy bien lo que enfrentan. Pero saben también, y lo he escuchado en los innumerables videos que proceden de la isla con sumo valor, que es imposible que los maten a todos, que los sometan a todos, que los apresen a todos, que los repriman a todos. Hemos visto múltiples escenas de policías huyendo ante la revuelta popular cubana. Los ciudadanos cubanos dan ejemplo de dignidad y responsabilidad existencial. Algunos personeros de aquel régimen siniestro (no es el único, obviamente) tratan de girar el discurso hacia la idea de que la población cubana se opone al bloqueo. No pueden ya ocultar más la realidad. Salta a cualquier vista. Los alcahuetes internacionales, con Josep Borrel a la cabeza, el alcahuete mayor del momento, deben andar buscando apuraditos la manera de acallar la reacción internacional y guiarla a sus intereses, como siempre. Si los cubanos no alcanzan en este duro tramo su objetivo libertario, habrán avanzado suficientemente el camino para salir de las piltrafas que los someten.

Las candidatas a proyecto de vacuna han sido cuestionadas y rechazadas por la ciencia. Ha sido muy firme el llamado, además permanente de la Academia Nacional de Medicina. Lo más reciente que han señalado es el hecho, cierto por demás, de que la acción de colocar esos proyectos en individuos desconocedores de su calidad y efecto contravienen tratados internacionales en la materia. Pueden constituir también delitos contra los derechos humanos. Muy actual el tema en Venezuela, por cierto.

América Latina se mueve: Nicaragua, Perú, Haití, Cuba, Venezuela. El mundo debe orientar la solución general a esto que ocurre hacia la libertad y la democracia. Sino, como algunos ya creemos por su lentitud y su alcahuetería, habrá que revisar más temprano que tarde la existencia y funcionalidad de algunos lentos organismos internacionales. ¿Cómo es posible que no se haya legislado aún internacionalmente contra el terrorismo de Estado, por ejemplo? ¿Como es posible que carezcan de efectividad más inmediata instrumentos como el Consejo de Seguridad de la ONU, la Corte Penal Internacional, la propia alta comisionaduría de los derechos humanos, el R2P, o el TIAR, o la OEA? La América Latina muestra al mundo una especie de encrucijada. Habrá que ser más agresivos en el plano internacional para destronar también a quienes superponen los intereses materiales sobre la vida humana y la felicidad.