Horacio Medina: Cuando Venezuela sea la prioridad

«General Pueyrredón, gracias por el envío.
Lo recibiré en los próximos meses.
Le agradezco todo lo que ha hecho.
Usted tiene razón, lo que quiero hacer es imposible,
pero es imprescindible.»

Respuesta del General José de San Martín,
al General Pueyrredón, Argentina 1817

Desde hace más de 18 años, cada cierto tiempo, muchos compañeros y amigos se preguntan y nos preguntan: ¿hasta cuándo tenemos que luchar para lograr un cambio? Esto para referirse al tiempo que todavía debemos transitar, para salir del régimen forajido inaugurado por Chávez y expandido por su discípulo Maduro, y que ha provocado el proceso de disolución de Venezuela.
Por años nosotros hemos repetido como respuesta a esta interrogante: ¡hasta qué sea necesario!

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Sin embargo, desde hace ya unos meses, nuestra respuesta ha venido cambiando y hoy, persuadidos, como estamos, que algo nos ha faltado y nos sigue faltando, tenemos una conclusión distinta. Esto además de comprender que “hasta que sea necesario” no genera la idea de un tiempo finito, ni dibuja un horizonte de confianza.

Hemos reflexionado y nuestra respuesta es ahora una suerte de condicionamiento que nos incluye a todos. Y aunque sea cierto que, en particular y de manera especial, involucra al estamento político-partidista, de ninguna manera nos excluye como ciudadanos integrantes de la Sociedad Civil.

De modo que ahora respondemos sin vacilar: “Hasta que Venezuela sea la prioridad”.

El cambio anímico y conceptual no es menor. Cuando eso ocurra, porque tendrá que ocurrir, la liberación y el inicio del tránsito hacia una nueva Venezuela comenzará de manera indetenible. Antes que Venezuela sea colocada como prioridad, el cambio no sucederá.

Por supuesto que no desconocemos la pertinencia de los intereses políticos partidistas; de los legítimos anhelos de las organizaciones de la Sociedad Civil; de las necesarias reivindicaciones de los gremios profesionales y técnicos, sindicales, académicos y empresariales; de las justas luchas estudiantiles y, en fin, de tantos otros sectores. Reconocemos la legitima y necesaria diversidad, sin embargo, en medio de tanta adversidad ninguna de ellas tendrá cabida, si no logramos un cambio de fondo en la conducción política de la nación. Nada será posible sin ese cambio. Vuelve a escena la palabra Unión, quizás por mucho, la palabra o muletilla más usada, burlada y maltratada durante las últimas décadas. Sin embargo, Unión Nacional, verdadera y fuerte, sigue siendo la clave imprescindible para lograr lo imposible.

Hace ya un año, decidimos participar de manera directa, más allá de la defensa del gobierno legítimo de Venezuela, y ciertamente no en función de intereses político-partidistas. Nos animó y nos anima la preservación de los activos de la nación venezolana para la creación de la nueva Venezuela. En aquel momento, imaginamos que la confrontación con el régimen y sus previsibles ataques y acciones de obstaculización serian el único factor duro y difícil de superar. Sin embargo, tristemente, la experiencia ha sido otra.

El poco apoyo de las diferentes fuerzas político-partidistas distanciadas del régimen; la falta de confianza en los sectores que conforman la Sociedad Civil y la tozudez manifiesta de alimentar rumores, en su gran mayoría, infundados y generados desde el régimen, han sido, a no dudarlo, uno de los principales obstáculos a nuestra gestión.

Hemos llegado incluso a pensar que la poca comprensión o el deliberado propósito de negar lo que resulta ser una dura verdad – sintetizada en saber que la mayoría de nuestros activos ya estaban perdidos antes de que asumiera el gobierno interino y que, de lo que se trata ahora es de rescatarlos – es una posición para hacer prevalecer otros intereses subalternos.

Esto se ha convertido en un pesado lastre a la hora de buscar soluciones, asumir los litigios judiciales, buscar apoyos políticos internacionales y trabajar de manera mancomunada en alcanzar la única solución posible para todo: salir del régimen chavista-madurista.

En todo caso, y a pesar de todo, nos mantenemos firmes, guiados por nuestra determinación de priorizar a Venezuela por sobre todas las cosas y empeñados en lograr esa Unión Nacional objetivo que, en este momento, luce imposible y lejano, pero que es imprescindible y urgente.

Seguimos sin vacilaciones defendiendo la institucionalidad, con base a principios y valores, indoblegables e irreductibles.