Julio César Arreaza B.: Retomar la senda

El futuro no está escrito y permanecemos abiertos a la historia y a la imaginación. El camino correcto es seguir acrecentando la presión interna y ante la comunidad internacional, para ponerle fin a la usurpación y comenzar la transición a la democracia, para que, luego de un reacomodo institucional, se convoque a elecciones generales, libres y verificables.

El narcorrégimen lleva 2 años y medio de sobregiro. Todas sus actuaciones son, por tanto, irritas, nulas de nulidad absoluta, junto a los desafueros cometidos por las cabezas de las seudo “instituciones” derivadas del mismo manotazo fraudulento.

Usurpación y pandemia conforman un cóctel letal para la sociedad venezolana, precipitándola y envolviéndola en un caos totalitario. Venecuba padece de hiperinflación, apagones permanentes, escasez de comida, medicamentos y productos básicos. Sin acceso a la comida y a las medicinas no hay libertad.

En totalitarismo la lucha es existencial, dirigida únicamente a la desaparición del otro. La rebelión en Cuba, después de 62 años de ignominia, demuestra que la libertad es connatural al ser humano. La reacción del régimen atroz y cobarde ha sido propiciar una masacre de tipo “africana” a palos, le dan con todo hasta con bates con clavos. La dominación también es cognitiva al cortar el internet para mantener las tinieblas de la mentira y la impunidad.

¿Hasta cuando contemplaremos la tibieza de la comunidad internacional que no termina de decir que el comunismo es un fracaso totalitario? No termina de condenarlo. La ministra de España no se atreve a catalogar al régimen cubano.

Mientras la República entraña poderes limitados en todos sus espacios que se controlan entre sí, el comunismo atroz se conduce por la libre, sin límites a su poder omnímodo y personal. La primera lleva al bien común y el segundo al abismo existencial. La confianza y la palabra contrastan con la mentira y el incumplimiento. Los totalitarismos trabajan descaradamente con la mentira y no tienen vocación de ocuparse de la vida en común.

El momento es de aprendizaje para el rescate humanitario de la dignidad esencial, para volver a ser un país y no un territorio desintegrado y ocupado por las mafias.

Recuperemos nuestro centro espiritual que es la búsqueda de la verdad, consciente del trabajo de largo aliento que nos toca. La política enfocada en el bien y no en el mero goce de cosas banales y el simple vivir en la superficie, convertidos en tristes “hombres- corchos” que flotan en cualquier pantano.

Se trata de volver a la sindéresis y acabar con el andamiaje de la represión: “el hombre es el lobo del hombre”. Volver a la democracia. Mirar para el otro lado es apoyar al opresor.

No hay nada oculto que no llegue a descubrirse, no hay nada secreto que no llegue a saberse. Podrán matar el cuerpo, pero no pueden matar el alma. La lucha hace que las cosas puedan cambiar. El destino no es convivir con la maldad.

¡Libertad para Javier Tarazona. No más prisioneros políticos, torturados, asesinados, ni exiliados!