El sacerdote votará, yo no, @ArmandoMartini

Armando Martini Pietri @ArmandoMartini

Contradictorio y discordante, pertenece al grupo fin del mundo, Papa Negro -no de Haití, África o Barlovento, es un adjetivo-, colocándose como guía de los que se dejan convencer de participar en elecciones sacadas de una caja de trucos y engañifas del oficialismo, de sufragar es lo mejor para Venezuela, aunque opina, votaciones en dictadura son dictatoriales; no para cambiar de régimen sino para afianzarlo. A su vez, descortés con años de adversidad, ergástula, sacrificio, muerte y exilio se constituyeran en milagro, con presionar un botón de una maquina manipulable, nada confiable y en el mejor de los casos, medianamente transparente, como lo confesó un árbitro “imparcial”. 

No comprende la calaña gobernante, tampoco permite al ciudadano honorable abrir los ojos, para comprobar lo que sucede a través de la izquierda perversa, maligna y diabólica; colapso de un país esclavizado, arruinado, por el castro-comunismo. Sutil, deja entrever simpatía populista, socialismo incompetente, corrupto y violador de los Derechos Humanos, que porfiado insiste en reconocer y legitimar al provocar sufragio. Sin delicadeza, no disimula animadversión por el liberalismo ético, de principios y buenas costumbres, educado, promotor de excelencia y oportunidades, factor vital para la democrática y libertad.

Las elecciones son un evento al mismo tiempo político y social, toma de posición, que identifica al elector tanto con quien elige como quien lo invita a votar. Equivalente al goloso, corrompido y epulón, son nombramientos de adjudicación, limosna contaminada para deseosos de un cambio que permita, soñar expectativas e imaginar perspectivas. ¿Abrigaremos ese anhelo prodigioso en una desdeñada y censurable votación regional? Ni Dios lo convendría.

Como los leprosos bíblicos se evadían, por creer manipular a un infectado era contaminarse. El rey del Jerusalén medieval, Balduino IV, daba órdenes sin dejarse ver para que dependientes y súbditos no se espantaran del horror por carnes podridas y ulceradas, extremidades mutiladas, cara desfigurada que ocultaba con antifaz, y a ninguno palpaba para no contagiarlo. Así el castrismo ha controlado al país intoxicando, lo que toca, se pudre y hace mendrugos. Petróleos de Venezuela, servicios públicos, eficiencia y confiabilidad policial, militar, principios éticos, fe en la democracia que contaminantes han transformado entre fusiles, cárceles e injusticias, de realidad en proceso de mejoramiento en ilusión para algún día.

Ir a votar constituye pecado mortal, reconocer la salud del leproso, suponer es posible abrazarlo sin consecuencias, darle la razón al dictador lacerado, hacerse su cómplice. Negar alegatos opositores de ilegitimidad; pues al presentarse en un centro de votación, reconocerán la elección como decisión de instancia legítima. Y quienes llamaron usurpadores, hoy estimulan votar, los legitiman y admiten como legítimo.

Sufragar involucra tomar posición al lado del oficialismo, traicionado el concepto político de oposición, abandonándolo, suspendiéndolo en el vacío, en la nada. Votar por sólo autoridades regionales es consentir legitimidades que negamos. En Venezuela, la legitimidad sufre una profunda crisis. No ha desaparecido, pero su estado es crítico, precario, existiendo inminente peligro de que la ilegitimidad sea sobrellevada y aceptada como inevitable; o se llegue al convencimiento absurdo e inadmisible de que no tiene importancia, y se desvanezcan las nociones legitimidad e ilegitimidad.

Por eso, amparar, contribuir y asistir el 21 de noviembre, es echar para atrás lo mucho o poco que hemos conseguido, anular con manipulaciones y sin garantías nuestros reclamos, borrar los graves pecados políticos, transgresiones, mentiras e incompetencias de quienes como parásitos, se aferran al poder por encima de angustias, injusticias y sangre. Certificar, habilitar por mano ciudadana, a los que han llevado una Venezuela democrática en expansión a la tiranía que se solaza entre su desgracia, infortunio y miseria. Es dar la razón a los que han hecho de la corrupción, destrucción del proceder íntegro, honorable, su forma de vida y objetivo diario.

El Colegio Cardenalicio, la Congregación General Jesuita, podrán convenir que como Jefe de Estado, el Papa puede guardar silencio. Pero como representante de Pedro. Jamás. Menos, cuando el socialismo avanza en violencia, produce indigencia social e infelicidad colectiva. Y un sacerdote que ha hecho de Venezuela su vida, debe estar en sintonía con la Iglesia venezolana y armonía con pareceres y dictámenes de la inmensa mayoría ciudadana; olvidando, repudiando los utilitarios colaboradores y convivientes desesperados por participar en un sainete podrido, sin saneamiento, que al régimen interesa y harán como les venga en gana.

@ArmandoMartini