La estrategia de Reino Unido para convivir con variantes hipercontagiosas sin frenar la economía

Desde mayo, se ha pedido a 6,2 millones de personas en Inglaterra y Gales que se aíslen, según el Instituto Adam Smith. Esto ha provocado un ausentismo laboral que afecta el abastecimiento de productos y la atención de servicios esenciales. Foto: Cortesía.

 

Mientras los casos de COVID en el Reino Unido caen casi unos 10.000 en una semana, las pruebas de flujo lateral y de autocomprobación de antígenos en escuelas y lugares de trabajo podrían acabar con los aislamientos para personas que han estado en contacto con personas infectadas. Las autoridades británicas intentan poner fin a la “pingdemia”, la pandemia de los aislamientos, porque demostraron que el virus podría controlarse de una manera menos “destructiva”.

Por Infobae

En medio de la preocupación mundial por virulencia de la variante delta, que pronostica más meses de pandemia, un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Oxford halló que las pruebas diarias con dispositivos de flujo lateral previenen la propagación de la infección tanto como enviar burbujas enteras a casa para aislarlas.

La investigación se publica cuando se reveló que se pide a hasta un millón de personas a la semana que se aíslen en Inglaterra y Gales, números récord que surgen del uso de la aplicación de rastreo del Servicio Nacional de Salud “Ping” (NHS).

Este método, analizado por los investigadores en 201 escuelas y universidades, podría extenderse a los lugares de trabajo para evitar ausencias de empleados a gran escala, dijo Sir Jeremy Farrar, director de Wellcome Trust al diario británico The Telegraph.

La preocupación por cambiar la estrategia es además un problema económico mundial. Esta semana las alertas llegaron a los recintos bursátiles de todos los países. La recuperación del Reino Unido se ha desacelerado drásticamente en parte por el impacto de la “pingdemia”, los aislamiento de los trabajadores por la aplicación de rastreo, que están dejando a cientos de empresas sin personal para su cadena de suministros y producción.

Un relevamiento de la actividad del sector privado para julio mostró la expansión más débil desde marzo, mientras las empresas británicas luchan por recuperarse de la crisis del coronavirus.

Reino Unido aislado

El impacto del aislamiento de COVID-19 en la disponibilidad de personal y la grave escasez de materias primas se encuentran entre los factores que intenta el gobierno del primer ministro, Boris Johnson, resolver. A diferencia de los primeras olas, las autoridades saben que no se podrá sobrevivir económicamente con bloqueos.

Hasta que se logre la inmunidad de rebaño, siempre y cuando las nuevas variantes no le ganen en velocidad a las vacunas, la convivencia con el virus es la única certeza invariable. De ahí, incluso, los pases verdes para comprobación de la situación sanitaria personal, se extiende más allá de las críticas.

En diálogo con Infobae, Lorena Zárate, una argentina residente en Uckfield, a una hora de Londres, relató la situación que están viviendo por las cuarentenas extendidas. “El colegio donde va mi hijo, Uckfield College, un colegio muy concurrido de la región, sólo en una clase de 25 alumnos quedaron 4 que asisten, el resto tuvo que aislarse por estar en contacto con posibles casos de coronavirus”.

Con respecto al abastecimiento de productos, algo que preocupa por estas horas a los británicos, Lorena contó que “en el supermercado Tesco, uno de los mas importantes y grandes, el fin de semana de 10 cajas dispuestas para el pago hubo momentos que funcionaban solo 2 por falta de personal”

“La cadena de perfumerías Superdrug debió cerrar días enteros por no contar con trabajadores”, indicó la argentina que tiene un restaurante en esa ciudad.

En todo el país, los supermercadistas y transportistas ya han dicho que la escasez de trabajadores les dificulta reabastecer los estantes y entregar productos, mientras que algunas fábricas también están luchando por mantener la producción.

Cambiar la estrategia

El estudio de la Universidad de Oxford puede ser convincente para modificar el plan de cuarentenas. Para Farrar el “estudio demuestra que se pueden utilizar pruebas de flujo lateral a diario para pasar de la necesidad de aislar durante 10 días o más sobre la base de estar expuesto a alguien que está infectado”.

Frente a este panorama, los test rápidos de antígenos, que se aplican en Estados Unidos y Europa, son una especie de “arsenal” para las autoridades de salud británicas. Cada 15 días los alumnos ingleses reciben una caja que contiene 7 test de “autocomprobación”, que a partir de un hisopado nasal poco invasivo, debe efectuarse en sus casas. Sin intervención de profesionales sanitarios, y dos veces por semana, “las pruebas pueden pedirse online al NHS, son gratuitas y con envío a domicilio, con la sugerencia que los niños se hagan chequeos preferentemente domingos y miércoles”, explica Zárate.

El ejemplo de las escuelas quiere repetirse en otras actividades consideradas esenciales. Los expertos sostienen que “lo aprendido de las escuelas se puede aplicar con cuidado pero correctamente en el entorno laboral”. No obstante prudencia: “hay que tener cuidado cuando se va de la escuela al trabajo para saber si son comportamientos o situaciones iguales”, sentencian los especialistas.

El estudio de Oxford encontró que el 98,4 por ciento de los niños que fueron enviados a casa durante 10 días nunca desarrollaron COVID, un resultado que enojó a los padres y alumnos obligados a quedarse en casa sin necesidad.

Las escuelas que examinaban a los alumnos a diario en lugar de exigirles que se autoaislaran vieron un 4% menos de casos, lo que, según los expertos, podría deberse a que los jóvenes infectados eran más abiertos sobre sus contactos cuando las consecuencias no eran tan graves, lo que significa que los casos se identificaron más rápidamente.

Jonathan Ball, profesor de virología molecular en la Universidad de Nottingham, dijo que el estudio mostró que la “interrupción innecesaria” podría evitarse con pruebas diarias.

Desde mayo, se ha pedido a 6,2 millones de personas en Inglaterra y Gales que se aíslen, según el Instituto Adam Smith. Para Tim Peto, profesor de medicina en Oxford e investigador principal en el ensayo de las escuelas, los hallazgos podrían ayudar a poner fin a la “pingdemia”, algo que está paralizando al Reino Unido.

Caída de casos

El país registró casi 10.000 casos menos de COVID el pasado jueves en comparación con el mismo día de la semana pasada, según muestran nuevas cifras , lo que aumenta las esperanzas de que la epidemia se esté desacelerando.

Con contagios por debajo de 50.000 durante varios días, el optimismo aun no puede confirmarse dado que la tasa de casos de siete días sigue aumentando, un 24% en general en una semana.

Las admisiones hospitalarias y las muertes siguen aumentando, pero las autoridades esperan que desciendan en los días sucesivos si la cantidad de infecciones continúa en caída.

La mirada está centrada entre no vacunados, aquellos con una sola dosis, y en los jóvenes que clasifican en alguna de estas categorías. Public Health England (PHE) advirtió que las tasas de casos seguían siendo muy altas entre las personas más jóvenes, con 1.154 por cada 100.000 de 20 a 29 años ahora infectados, la tasa de infección más alta para cualquier grupo de edad desde el inicio de la pandemia, en comparación con 60,6 por 100.000 para los mayores de 80 años.

PHE también advirtió que los niños menores de cinco años están llevando las infecciones respiratorias a los niveles máximos del invierno porque no desarrollaron inmunidad durante el encierro, siendo preocupante lo que pueda ocurrir en los próximos meses.

Debe sumarse que el gobierno, al momento, no cree conveniente la vacunación en la población de 12 a 18 años, salvo los casos con comorbilidades.

En todos los casos, la ruptura en la relación contagios, hospitalizaciones, camas de cuidados intensivos y muertes, tiene ahora en el foco un atasco en lo que pueda ser la atención médica primaria. Las autoridades británicas esperan ver resultados, como el pase verde y obligatoriedad en determinados profesionales de la sanidad impuesto en Francia, fundamentalmente para que el número de inmunizaciones por vacunas llegue al umbral de la ansiada inmunidad comunitaria.