Un robo casi lo deja fuera de Tokio, pero clasificó surfeando en jeans y ganó el oro olímpico

El brasileño Italo Ferreira celebrando tras ganar un oro en surf en los Juegos de Tokio (Reuters)

 

Este martes Italo Ferreira se coronó en la prefectura de Chiba, a un centenar de kilómetros de Tokio, y se transformó en el primer ganador de la medalla de oro en surf de la historia de los Juegos Olímpicos. El brasileño se impuso en la final (15,14 contra 6,60) al japonés Kanoa Igarashi, quien se quedó con la plata.

Por Infobae

“Creo que es uno de los mejores días de mi vida”, declaró efusivo tras colgarse la presea. “Ha sido increíble vivir todo esto, de verdad, vine aquí con este deseo de ganar una medalla, me preparé y Dios me honró”, aseguró el sudamericano, quien disfrutó de una jornada perfecta: “Fui el primero en surfear una ola en los Juegos olímpicos, gané la primera manga, hice la puntuación más alta en el campeonato y gané la medalla de oro, todo salió bien”.

Pero su camino hasta aquí no le fue nada sencillo.

 

Ferreira consiguió la quinta medalla para Brasil en Tokio (Reuters)

 

Su primer contacto con el surf ocurrió cuando era apenas un niño. Por entonces su madre no podía cuidarlo porque era empleada de una posada y él debía acompañar a su padre a recorrer las playas vendiendo pescado. Las largas horas de caminata por la arena eran demasiado aburridas para él y como no podía detenerse a jugar con otros niños, aprovechaba cualquier objeto para usarlo como juguete.

Es así que utilizaba las tapas de las cajas de poliestireno, que su padre necesitaba para mantener la comida fresca, y se lanzaba al mar para barrenar algunas olas en la orilla. “Mi padre se enfadaba porque no tenía cómo congelar el pescado después. Ahí agarraba un espeto de churrasco que había en la playa, lo colocaba de un lado al otro y juntaba el Telgopor para que pudiera seguir usándolo”, recordó en una entrevista al portal UOL.

Había días en donde la suerte estaba de su lado y alguno de sus primos le prestaba su tabla, la cual disfrutaba aunque estuviese bastante dañada. Hasta que sus familiares hicieron el esfuerzo y le compraron una: “Mi padre la pagó con un pescado y el resto en dinero. A partir de entonces empecé a surfear un poco más”.

Arrancó en la disciplina con ocho años y poco a poco fue convirtiéndose en uno de los mejores del mundo. A los 13 años, acompañado del cazatalentos Luiz Pinga Campos, disputó su primera competencia internacional y entonces algunos patrocinadores empezaron a auspiciarlo. Para 2011 logró dos triunfos en el campeonato mundial Junior.

Pero su su sueño olímpico nace en septiembre de 2019, cuando se celebraron los World Surfing Games que daban las plazas para Tokio. Obviamente, Italo Ferreria no se los quería perder y por eso tenía todo listo para viajar a Miyazaki, la ciudad japonesa en donde se celebrarían las clasificaciones. Pero allí comenzaron los contratiempos.

 

La algarabía de Italo Ferreira (Reuters)

 

Poco antes de partir desde Santa Mónica, Estados Unidos, sufrió un robo en su auto. Unos ladrones rompieron los vidrios del vehículo que tenía junto a su pareja, Mari Azevedo, y se llevaron todas sus pertenencias que allí se encontraban, entre ellas su pasaporte y el visado. De esta manera, le era imposible subirse a un avión. De inmediato publicó en redes sociales lo que le había sucedido y sus compañeros de equipo iniciaron una campaña para ayudarlo a que recupere al menos sus documentos. Pero todo fue en vano.

Italo tuvo que iniciar el trámite formal para conseguir un pasaporte y perdió el vuelo. Su plan de llegar a Japón y poder entrenar algunos días antes del inicio de la competencia ya era imposible de cumplir, pero aún tenía la oportunidad de desembarcar justo para el evento. Es así que una vez que obtuvo los documentos, compró el primer pasaje rumbo a Tokio y partió en búsqueda de su sueño de clasificar a los Juegos Olímpicos. Pero el destino le tenía preparado un obstáculo más.

Un tifón azotó el océano pacífico y su vuelo se retrasó 18 horas. Al llegar a tierras niponas, le informaron que sus pertenencias estaban en otro avión por lo que debía esperar para recibirlas. Es decir que Italo había podido superar cualquier adversidad para por fin aterrizar en Miyazaki horas antes de que arranquen los World Surfing Games, pero ahora no tenía ni siquiera una tabla.

Sin pensarlo dos veces, el brasileño se dirigió hacia la playa en donde se presentó como participante del torneo y en donde recibió la noticia que no quería escuchar: “La prueba ya empezó”. La desesperación llevó al surfista a pedirle la tabla a uno de sus compañeros que estaba allí y se lanzó al mar vestido con unos pantalones cortos y una remera con la misión de hacer su mejor performance en apenas 9 minutos.

 

Ferreira es el primer campeón olímpico de surf de la historia y lo celebró con una pirueta en el podio (Reuters)

 

De manera heroica, el deportista sudamericano pudo lucirse en ese lapso de tiempo y consiguió clasificarse a la siguiente ronda. Ya con su tabla en mano y la indumentaria adecuada, al día siguiente continuó ganando hasta quedarse con el trofeo de campeón para coronarse como el tercero de su país en conseguir semejante título, después de lo conseguido por Adriano de Souza ‘Mineirinho’ en 2015 y Medina en 2014 y 2018.

Este martes, en las costas de Chiba, Japón, el surfista de 27 años siguió haciendo historia y se colgó la medalla de oro en los Juegos. “Comencé bien el día, muy confiado y muy feliz, emocionado de estar aquí y las cosas ocurrieron y fluyeron bien, para mí hoy fue el mejor día”, comentó tras la coronación.

“Tuve que volver a la orilla y al volver a entrar, vi que Kanoa (Igarashi, el subcampeón olímpico) no acababa de encontrarse a gusto, vi que era una oportunidad para hacer puntos y presionarle”, explicó. “Al final, con un minuto para el final atrapé una ola con la que salí del mar y para él ya era imposible sumar 15 puntos. Estaba feliz incluso antes de terminar”, sostuvo.

La de Italo Ferreira es la quinta medalla de Brasil en los Juegos Olímpicos de Tokio. Además de las platas del skate hubo dos bronces en deportes más tradicionales, el judo (Daniel Cargnin en -66 kg) y la natación (Fernando Scheffer en 200 metros en estilo libre).