Ángel Lombardi: La política como un decir desde el hacer

En un sentido restringido, práctico y actual, el político vive entre las urgencias y necesidades de la gente y sus legítimas expectativas y las múltiples variables de la realidad y su complejidad correspondiente, de allí la necesidad del discurso político que siempre debe adecuarse al presente dinámico, que no otra cosa es la historia, sin menoscabo de la coherencia en principios y valores y la responsabilidad de la propia integridad personal. En la práctica, difícil equilibrio, que pocos logran y de allí la “mala fama” del político y la política. Dicho esto, voy a referirme al importante discurso del nuevo presidente de Fedecámaras (2021- 2023) Carlos Fernández, en función de la relevancia del cargo y el importante papel político que viene asumiendo el organismo que preside en la actual coyuntura, de aparente o real confusión y división en la política opositora.

Conozco a Carlos, aprecio a su familia y su padre Alfredo Fernández, fue uno de mis grandes amigos. Paso al discurso, un discurso centrado, oportuno y necesario. Entre sus méritos está la claridad conceptual y política en función del momento, en un ambiente de polarización mediática, manipulación informativa y mucho anacronismo intelectual, ideológico y político. Se habla más del pasado que del futuro y con respecto al presente, tiende a prevalecer la queja, el rencor y la nostalgia. Es decir todo lo contrario a la necesidad de un verdadero discurso político que genere confianza en el futuro, con una ruta o plan, factible y creíble, de respuesta y solución a nuestros muchos, urgentes y agobiantes problemas.

El nuevo presidente de Fedecámaras, que viene de la primera vicepresidencia y con claro reconocimiento de su antecesor y en una línea de continuidad, plantea varias ideas claves. Reivindica el concepto y la importancia de la nación. Nación y Pueblo son dos categorías vinculadas. Nos remiten a una identidad, cultura y memoria común y a un futuro compartido. La Sociedad toda es la Nación. La otra idea importante en el discurso es la primacía de lo económico en la dinámica social. Lo económico en su sentido más amplio y necesario. Si no funciona la economía nada funciona. Y reivindica la importancia del trabajo y la dignidad del trabajador y la necesidad de un ingreso cónsono con sus necesidades y expectativas. No hay peor error que ideologizar la economía. Solo hay dos economías: la exitosa que trae oportunidades y bienestar a la mayoría, y la ruinosa, que destruye y empobrece a la población. Hasta la China comunista lo ha entendido y los resultados están a la vista. Pero la economía no es un fin en sí misma, implica una responsabilidad, de todos, en particular de los gobernantes y del empresariado con respeto a la justicia social y el Bien Común. Y esto nos lleva a la política. El Estado Moderno, la tecno-burocracia, es y debe ser profesional y “apartidista” y los problemas y necesidades de la población deben ser atendidos desde la racionalidad-tecno política. Y con la restauración plena de la democracia.

El empresariado parece estar claro y la gente conoce sus necesidades y quiere soluciones. La clase política, en su mayoría, tanto oficialista como opositora, no termina de entender que la política no es autónoma ni puede ser reducida a los partidos. Dialogar y negociar está en la esencia de la vida social y política, para que sea real, efectivo y creíble, tiene que existir voluntad política, con respecto al sector oficial, las dudas persisten. En cuanto a los sectores económicos, tienen que entender que sin la inclusión de otros actores políticos e institucionales en las negociaciones, la confianza se resiente.

El discurso de Carlos Fernández creo que fue eficaz como expresión del sector empresarial institucional y su posición frente al país en la actual coyuntura.