John Mac Ghlionn: Los occidentales influyentes que ayudan al régimen chino

La COVID-19 puede muy bien ser el Chernóbil de China, pero intente decírselo a los maestros de la publicidad en Beijing. Según un reciente editorial del Global Times, portavoz del régimen chino: “Más de medio millón de internautas chinos han firmado una carta conjunta dirigida a la OMS”. Exigen que “la organización lleve a cabo una investigación sobre el laboratorio de Fort Detrick de EE. UU., un lugar cuyo cierre repentino sigue envuelto en el secreto”. Por qué, se preguntan, el laboratorio “no ha sido objeto de ningún escrutinio por parte de la comunidad internacional”. Una “investigación exhaustiva”, sugieren, “podría prevenir una futura epidemia”.

No terminan ahí, los autores del descarado artículo apuntan a “ciertos políticos occidentales” y a los medios de comunicación que han identificado a China como la cuna del coronavirus. La verdad, como dijo Mark Twain, es a menudo más extraña que la ficción. Uno se pregunta qué tendría que decir el prócer sobre esta particular pieza de basura sin hechos.

Ahora bien, aunque tengo mis propias inquietudes sobre el laboratorio de Fort Detrick, situado en Maryland, la intención del régimen chino está clara para todos. Es un intento descarado de desviar la culpa y, en cambio, centrar el foco de atención en su enemigo jurado, Estados Unidos. Sin embargo, ¿a quién engañan realmente los autores? Aparte de a ellos mismos, por supuesto, a absolutamente nadie.

Dejando a un lado la carta, un aspecto más preocupante tiene que ver con los facilitadores del Partido Comunista Chino (PCCh), muchos de los cuales residen en países occidentales. Ocupan puestos de importante estatus y varios de ellos son eminentes científicos. En una entrevista concedida a The Defender, Richard Ebright, un respetado biólogo molecular de la Universidad de Rutgers, habla de la forma en que algunas de las revistas científicas más prestigiosas desempeñaron un papel fundamental “para ayudar a acallar cualquier mención de una filtración desde un laboratorio”. Según Ebright, revistas como “Nature, Science y The Lancet” son culpables de ignorar intencionadamente las teorías alternativas. Estas revistas desempeñaron un papel clave en el silenciamiento de varios teóricos creíbles de las fugas de laboratorio. Otros medios de comunicación, como la NBC, por ejemplo, también han hecho todo lo posible por acallar los debates sobre las fugas de laboratorio, ayudando así al PCCh a mantener una cierta apariencia de credibilidad (aunque una increíblemente escasa).

De las tres revistas mencionadas, The Lancet es la que ha desempeñado el mayor papel en la facilitación de relatos favorables a China. En febrero del año pasado, la revista publicó una declaración del Dr. Peter Daszak, presidente de EcoHealth Alliance. En la declaración, Daszak, cuyas investigaciones, según la página web de EcoHealth, “han sido decisivas para identificar y predecir los orígenes y el impacto de enfermedades emergentes en todo el mundo”, se apresuró a desestimar las noticias sobre fugas de laboratorios. Daszak condenó enérgicamente las “teorías conspirativas que sugieren que la COVID-19” era un virus creado por el hombre. Curiosamente, EcoHealth, hasta la primavera del año pasado, recibió millones de fondos del gobierno estadounidense para realizar investigaciones sobre murciélagos y coronavirus en China. Daszak, muy convenientemente, no mencionó esto en su condescendiente mensaje a las masas.

De los laboratorios científicos a las plataformas de redes sociales

Los científicos no son los únicos que ayudan al PCCh a difundir la desinformación. Las personas influyentes de las redes sociales también están ocupadas difundiendo el evangelio aprobado por el Estado. Según un reciente reportaje de la BBC, una serie de influyentes expatriados británicos están utilizando sus plataformas para difundir mentiras respaldadas por Beijing. Entre estas personas se encuentran “Barrie Jones, Jason Lightfoot y el equipo de padre e hijo Lee y Oli Barrett”. De los tres, sin embargo, Jones parece ser el más eficaz. El Ministerio de Asuntos Exteriores de China incluso utilizó uno de sus videos “en una conferencia de prensa diaria del gobierno”.

El artículo de la BBC habla de las formas en que una “creciente red de extranjeros” está siendo “arrastrada a las campañas de los medios de comunicación estatales chinos”. CGTN, un servicio internacional de noticias de televisión por cable en inglés con sede en Beijing, emplea a cientos de personas influyentes en todo el mundo para promover mensajes muy específicos y favorables a China.

Según la BBC, la CGTN, que tiene estrechos vínculos con el régimen chino, “pretende ampliar aún más su grupo de influencers ofreciendo recompensas en metálico de hasta 10,000 dólares a los reporteros, podcasters, presentadores e influencers” que deseen unirse a su campaña cuidadosamente guionizada. No es de extrañar que el mencionado Lightfoot ya haya “aparecido en el material promocional” de esta campaña en particular.

Mientras tanto, un estadounidense llamado Nathan Rich, un delincuente convicto, también disfruta difundiendo mentiras maliciosas. Como informa el Taiwan Times, Rich tiene un sórdido historial de “condenar a los manifestantes prodemocracia de Hong Kong”, refiriéndose a menudo a ellos como “terroristas”. También ha repetido como un loro “el mantra del Partido Comunista Chino (PCCh) de que Taiwán es parte de China”. Además, ha reprendido a “Estados Unidos por su insensatez al emprender una guerra comercial con China” y ha argumentado “que el coronavirus empezó en Estados Unidos”. Al PCCh no parece importarle que las “citaciones y detenciones de Rich se refieran principalmente a daños a la propiedad, intoxicación pública, conducción bajo los efectos del alcohol, conspiración criminal, infracciones de tráfico y, lo más grave, posesión de heroína”. ¿Y por qué lo harían? En Occidente, donde el PCCh tiene pocos amigos, el régimen aceptará la ayuda de cualquiera que esté dispuesto a ayudar a difundir sus mentiras, ya sean científicos, vloggers o criminales convictos. Cualquier plataforma servirá. Mezcle a estos voluntariosos ayudantes con la inclinación de Beijing por el ciberespionaje, el robo y la difusión de peligrosa desinformación, y tendrá la receta para un auténtico desastre.

Dado que varios occidentales están dispuestos a ayudar al régimen, uno se pregunta por qué lo hacen. ¿Es por el dinero? ¿Es la fama, o la infamia, que supone ayudar a un enemigo de la verdad? Sean cuales sean las respuestas, y estoy seguro de que hay muchas, es preocupante ver a tanta gente dispuesta a ayudar al régimen chino a difundir propaganda.


John Mac Ghlionn es investigador y ensayista. Su trabajo ha sido publicado por medios como The New York Post, Sydney Morning Herald, The American Conservative, National Review, The Public Discourse y otros medios respetables. También es columnista en Cointelegraph.

Este artículo se publicó originalmente en The Epoch Times en español el 25 de julio de 2021