Luis Alberto Buttó: El matemático-rector

Luis Alberto Buttó @luisbutto3

En uno de sus textos imprescindibles, La rebelión de las masas, José Ortega y Gasset definió «las circunstancias» que rodean la existencia del hombre como el conjunto de posibilidades determinadas que en todo momento éste tiene ante sí y frente a las cuales debe decidir, a sabiendas y con plena consciencia de que la decisión tomada implica cierta salida-transitar diferente a la que se asumiría en caso de optar por decisión alterna. En otras palabras, para la interpretación del filósofo en cuestión, es condición radical de la vida el decidir. Diría uno, entonces, las decisiones que tomamos nos definen al trazar el dibujo de lo que, en última instancia, terminamos siendo. Allí, en las líneas de esos trazos, se nos reconoce.  

En su momento, cuando le tocó decidir, en el marco de la inmensa oscurana que en las últimas décadas se extendió sobre el país y el ámbito universitario nacional, el rector Enrique Planchart, pese a lo avanzado de su edad y a las dificultades existenciales que el deterioro de su salud conllevaba, decidió no apartarse, no renunciar, no desatender sus obligaciones y permanecer al frente de la Universidad Simón Bolívar, ejerciendo el cargo para el cual fue electo cuando el absurdo todavía no se empeñaba en impedir las elecciones de autoridades, imprescindible expresión de la autonomía universitaria. 

Así, esa decisión del rector Planchart, con base en lo planteado por Ortega y Gasset, lo definió. Lo definió, por consiguiente, como un hombre íntegro, comprometido y valiente. Fue, entonces, la suya, una decisión admirable y aleccionadora tomada sin dubitaciones para no dar paso al arrebato, para no viabilizar y/o facilitar mecanismo alguno que permitiera avanzar en la imposición. Imposición ella que, al igual que cualquier otra, como bien lo advirtió Miguel de Unamuno, podrá vencer pero jamás convencer, porque la fuerza bruta está apartada de la razón y el Derecho.

Decisiones como la del rector Planchart, y las acciones que de ellas se desprenden, invariablemente conforman legado. El punto es que el legado debe encarnarse en aquellos que lo reconocen y proclaman como tal. Solo así será verdadero y no frase de ocasión proferida para no deslucir en el contexto. El legado verdadero se honra y se emula. En consecuencia, exaltar la memoria del rector Planchart se traduce, entre otras cosas, en defender lo que él defendió; creer en lo que él creyó. En este punto, de nuevo, «circunstancias» y decisiones. Decisiones que, con claridad, mostrarán a cada quien, definirán a cada cual.

La partida física siempre duele. En este caso, las banderas que en el campus de la Universidad Simón Bolívar ondean a media asta evidencian la tristeza de la comunidad por la pérdida de su rector. Pero, hay que ser firmes en la materialización de los ideales. De la congoja hay que avanzar al amor porque ésta es la auténtica fuerza creadora. Amor por el saber, amor por la verdad, amor por el conocimiento.

La pena de hoy debe ser acicate para la lucha de mañana; es decir, no la lucha a la larga, sino de las horas y los días por venir. Solo así podrá construirse el futuro correcto; vale decir, el futuro donde los héroes no hagan falta y los hombres de pensamiento sean el norte y la guía de la sociedad. Hombres de pensamiento como el matemático-rector Enrique Planchart, por ejemplo.    

@luisbutto3