Maoísmo: La ideología en la que se inspiró Abimael Guzmán y desencadenó en Perú una sangrienta guerra

Maoísmo: La ideología en la que se inspiró Abimael Guzmán y desencadenó en Perú una sangrienta guerra

Abimael Guzmán se consideraba la “cuarta espada del marxismo” en el mundo.

 

 

 





La madrugada del 17 de mayo de 1980, cinco jóvenes encapuchados entraron a un local electoral de Chuschi, una pequeña ciudad de Ayacucho, en la sierra sur de Perú, y quemaron las ánforas preparadas para los comicios presidenciales del día siguiente. Así lo reseñó BBC Mundo.

El incidente, pequeño en apariencia, casi no recibió atención mediática. Pero ahora se recuerda todos los años como el primero de miles de atentados y asesinatos que cometió Sendero Luminoso (SL), cuyo líder y fundador Abimael Guzmán falleció este sábado, durante la guerra que desató contra el Estado en Perú.

Según algunos cálculos, el conflicto dejó 69.000 muertos y desaparecidos y fue el más largo y mortal que ha sufrido el país en su vida republicana.

SL eligió esta vía de la violencia armada para tomar el poder siguiendo, según sus cabecillas y sus miembros, una ideología marxista-leninista-maoísta.

El factor “maoísta” diferenciaba a SL de otros grupos y guerrillas de izquierda de Perú y América Latina.

“El maoísmo era lo más importante para Abimael Guzmán y si lees sus escritos, siempre está hablando de Mao”, dice Orin Starn, profesor de la Universidad de Duke, Estados Unidos, y coautor del libro “Sendero Luminoso: amor, locura y revolución en los Andes”.

¿Cómo se arraigó esta ideología en Perú y por qué resultó tan letal?

División en el comunismo internacional

El origen del maoísmo en Perú queda evidentemente muy lejos de la pequeña ciudad de Chuschi.

A fines de los años 50 y comienzos de los 60, la Unión Soviética (URSS), bajo el gobierno de Nikita Kruschev, adoptó la política de la coexistencia pacífica con los países capitalistas y se abrió a la posibilidad de implementar sistemas socialistas de manera pacífica.

Esta postura de la URSS dividió a los movimientos comunistas del mundo y también de Perú.

Por un lado quedaron las agrupaciones que aceptaban los términos pacíficos —prosoviéticos—, y por otro, las que aún reivindicaban la vía armada al socialismo.

Estas últimas, que seguían defendiendo la necesidad de la guerra, se alinearon en torno al Partido Comunista Chino (PCCH), bajo el mando de Mao Tse Tung.

 

Para Guzmán, lo más importante era el maoísmo.

 

“El maoísmo era un fenómeno global en los 60. Era fresco y emocionante y prometía revolución y eso era gran parte de su atractivo para los jóvenes, que no estaban interesados en el comunismo soviético anticuado, que se percibía como el establishment”, cuenta Starn.

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