Los incendios en Australia provocaron una enorme proliferación de algas que amenaza la vida marítima en la Antártida

Imagen de satélite que muestra el humo de los incendios forestales australianos de 2019-2020 cubriendo partes del océano Antártico. EFE/Instituto Nacional de Tecnología de la Información y la Comunicación de Japón/Foto cedida

 

Las nubes de humo y la ceniza de los grandes incendios forestales de Australia en 2019 y 2020 tuvieron como efecto fertilizar el agua, lo que se tradujo en una enorme proliferación de fitoplancton con capacidad de secuestrar carbono a miles kilómetros en el océano Antártico.

Un estudio que publica hoy Nature demuestra que las diminutas partículas de hierro en aerosol presentes en el humo y las cenizas, que fueron transportadas por el viento hacia el este, fertilizaron el agua al caer en ella.

Esta circunstancia proporcionó nutrientes para alimentar floraciones a “una escala sin precedentes en esa región”, señala la Universidad de Duke (EE.UU), de las firmantes de la investigación.

El auge del fitoplancton secuestrador de carbono plantea nuevos interrogantes sobre la captación de ese elemento químico y la productividad oceánica.

Las brasas y el humo espeso de los incendios forestales llegan a la bahía de Braemar en Nueva Gales del Sur el 4 de enero de 2020.- Se convocó a hasta 3.000 reservistas militares para abordar la implacable crisis de incendios forestales de Australia el 4 de enero, cuando decenas de miles de residentes huyeron de sus hogares en medio de condiciones catastróficas. . (Foto de SAEED KHAN / AFP)

 

Esta investigación es la primera que vincula de forma concluyente una respuesta a gran escala en la vida marina a la fertilización por los aerosoles de hierro pirogénicos -ocasionados por el fuego- procedentes de un incendio forestal.

“Los incendios forestales pueden fertilizar los océanos, provocando potencialmente un aumento significativo de la captación de carbono por parte del fitoplancton”, señala uno de los firmantes, Nicolas Cassar, de la Universidad de Duke.

El descubrimiento plantea nuevos interrogantes sobre el papel que pueden desempeñar los fuegos forestales en el fomento del crecimiento de las algas marinas microscópicas conocidas como fitoplancton.

Los residentes viajan en una carretera a través del humo espeso de los incendios forestales en Bemboka, en el estado de Nueva Gales del Sur de Australia, el 5 de enero de 2020. – Los australianos calcularon el 5 de enero el costo de un día de incendios forestales catastróficos que causaron “daños extensos” en zonas del país. y elevó el número de muertos de la crisis de larga duración a 24. (Foto de SAEED KHAN / AFP)

 

Estas algas absorben, mediante la fotosíntesis, grandes cantidades de dióxido de carbono de la atmósfera terrestre que calientan el clima y son la base de la red alimentaria oceánica.

Las floraciones de algas provocadas por los fuegos forestales australianos fueron tan intensas y extensas que “el posterior aumento de la fotosíntesis puede haber compensado temporalmente una fracción sustancial de las emisiones de CO2 de los incendios”.

Sin embargo, no está claro qué parte del carbono absorbido por ese evento, o por las floraciones de algas provocadas por otros incendios forestales, permanece almacenada de forma segura en el océano y qué parte se libera de nuevo a la atmósfera, lo que para Cassar es el siguiente reto a determinar.

Oleadas de humo durante los incendios forestales en Buchan, Victoria, Australia, 30 de diciembre de 2019 en esta foto obtenida de las redes sociales. Fotografía tomada el 30 de diciembre de 2019. Crédito obligatorio GLEN MOREY/via REUTERS

 

Se prevé que los grandes incendios forestales, como los de Australia, se produzcan cada vez con más frecuencia con el cambio climático.

Estos incendios representan “un impacto inesperado y hasta ahora poco documentado del cambio climático en el medio ambiente marino, con una potencial retroalimentación en nuestro clima global”, según Weiyi Tang, también de la Universidad de Duke.

Los aerosoles pirogénicos se producen cuando se queman árboles, matorrales y otras formas de biomasa. Las partículas de aerosol son lo suficientemente ligeras como para ser transportadas por el humo y las cenizas de un incendio durante meses, a menudo a grandes distancias.

El estudio se centró en el impacto en el océano Antártico, pero otras regiones, como el Pacífico Norte y las zonas cercanas al ecuador, donde las aguas más profundas y frías suben a la superficie, “también deberían ser sensibles a las adiciones de hierro procedentes de los aerosoles de los incendios forestales”, según Joan Llort, del Barcelona Supercomputing Center-Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS) de España, que participa en la investigación.

Incendios forestales en Bairnsdale, Victoria, Australia, 30 de diciembre de 2019 en esta foto obtenida de las redes sociales. Fotografía tomada el 30 de diciembre de 2019. Crédito obligatorio GLEN MOREY/via REUTERS

 

Los científicos utilizaron observaciones por satélite, flotadores oceánicos robóticos, modelos de transporte atmosférico y mediciones de la química atmosférica para rastrear la propagación de los aerosoles de hierro pirogénicos procedentes de los incendios forestales australianos y medir su impacto en la productividad marina.

EFE