David Copperfield cumple 65 años: Cómo eran sus trucos más famosos y el día que falló frente a cientos de testigos

David Copperfield cumple 65 años: Cómo eran sus trucos más famosos y el día que falló frente a cientos de testigos

 

 





 

 

 

La boca abierta. No importaba que uno fuera un genio de laboratorio acostumbrado a poner todo debajo del microscopio o se tratara de un chico buscando por dónde aparecería Papá Noel. El resultado era siempre la boca abierta, la sorpresa más inmediata, la admiración incluso y la pregunta automática posterior: ¿cómo hizo eso?

INFOBAE

El mundo, durante la década de los ochenta y los noventa, entendía un solo nombre como sinónimo de magia: David Copperfield. Nació bajo el nombre de David Seth Kotkin en Metuchen, Nueva Jersey, Estados Unidos, el 16 de septiembre de 1956. Hoy cumple 65 años y sigue haciendo magia en espectáculos de Las Vegas. Pero el truco máximo de su popularidad lo logró en las décadas de los ochenta y los noventa, cuando cada niño y adulto del planeta pensaba que el hombre realmente era capaz de volar. Su fama era inmensa, la atracción que generaba mayor aún, tanto que hasta conquistó a la modelo número uno del mundo en su momento: Claudia Schiffer (con quien estuvo en pareja entre 1994 y 1999).

Hoy su figura fue empañada por varios escándalos no menores (una denuncia por abuso entre ellos), y por la caída de la magia en manos de la tecnología. Pero durante años fueron miles de personas las que se preguntaron cómo hacía sus grandes ilusiones. Muchas de ellas aún permanecen en el misterio, pero por una razón u otra, algunas ha permitido que salgan a la luz, y acá, en el día de su nacimiento, repasamos sus trucos más famosos.

Atravesar la Muralla China: un juego de sombras

Uno sabe que es mentira, pero no sabe cuánto hay de verdad en ella. La imagen de David Copperfield atravesando la Gran Muralla China recorrió el mundo allá por el 14 de marzo de 1986. Una de las siete maravillas del mundo, la única edificación del hombre que se ve desde la luna, dicen. Una kilométrica muralla de piedra hecha para detener el avance de Gengis Khan. Mítica por impenetrable. Y aún así, Copperfield pudo con ella. Se pegó a sus rocas y de pronto las traspasó. ¿Pero cómo lo hizo? Veamos.

Lo primero fue valerse de una clásica plataforma trampa. No es que pasa caminando desde el piso sino que instaló junto a la muralla una pequeña plataforma levemente elevada. El objetivo, aunque nadie lo pudo ver, era escapar por debajo de esa plataforma mientras una proyección ofrecía la imagen de una sombra perdiéndose en la pared.

Para esto, el mago subía unos pequeños escalones, sus asistentes cubrían las paredes con sábanas y dentro solo se veía la sombra del ilusionista. Todos teníamos la impresión de que era él ahí parado, pero ya en ese momento estábamos viendo una proyección. Mientras, el mago escapaba por debajo y corría, a ocultas al otro lado de la muralla.

El dispositivo se repetía a la inversa en el lado opuesto de la pared. Con una salvedad: los asistentes primero fingían a través de otra sábana ver cómo el mago intentaba salir desde las piedras, pero sin éxito. Es uno de los trucos más fáciles de descubrir: ese cuerpo que intenta salir no son más que las propias manos ocultas de esos asistentes. Claro que en los ochenta no era el tiempo de YouTube y no podían, como nosotros, ir para adelante y para atrás para constatarlo.

Una vez abandonado ese recurso, las sombras proyectadas volvían a escena mientras Copperfield volvía a entrar en la plataforma para que una vez que bajaran nuevamente las cortinas, ahí estuviera él, ¡traspasado!

Desaparecer la Estatua de la Libertad: una maravilla en el mar

Sucedió el 8 de abril de 1983. Copperfield ya venía hacer desaparecer un avión en 1981 y los desafíos que se planteaba eran cada vez más espectaculares. ¿Qué podía seguir a cada hazaña? Nunca fue limitado en su ambición y un día prometió hacer desaparecer la Estatua de la Libertad. Y lo hizo.

Organizó al público en gradas montadas en la isla en la que está la estatua. Los hizo sentar a 200 pies de distancia (unos 60 metros), y les pidió que no perdieran de vista el monumento. A su vez, rodeó la estatua de luces y puso una cortina que sería levantada por unos segundos. Al caer, la estatua ya no estaría allí.

Lo prometió y lo cumplió. Acompañó el artefacto de otro elemento típico de sus trucos: un monitor en el que, a través de un supuesto satélite, se mostraba la ubicación de la gigante mujer con la antorcha. Cuando la estatua desapareció, la ubicación en el radar también dejó de verse. Pero acá empezamos a develar el truco: ese monitor reproducía tan solo una animación de videojuegos.

Con respecto a la estatua, por supuesto que nunca desapareció, pero sí pareció hacerlo. La ilusión se logró a través de una combinación entre las luces que rodeaban al monumento y las cortinas que lo cubrían. Además, las propias gradas del público giraron para confundir a la audiencia y las cámaras de la transmisión enfocaron zonas oscuras. Así, pareció que la Libertad ya no estaba allí. Pero si uno mira con detenimiento puede ver que los reflectores que barren el centro de la escena tienen un zona oscura en el centro, como si se toparan con algo que no se puede ver. Es, lo imaginarán, la mole supuestamente desaparecida.

Volar: su mayor hazaña

Es el truco favorito de muchos, y el sueño de tantos más. Lo logró el 31 de marzo de 1992. Ya estaba en pareja con Claudia Schiffer y de hecho ella aparece en el pequeño número romántico que antecede al truco. Luego, David deja en libertad un ave (deja en libertad para las cámaras, pero en esencia es un animal preso de su show), y ahí sí, el genial David Copperfield comienza a volar. Para arriba, para abajo, hacia adelante, hacia atrás, en diagonal, boca abajo… Todo lo que un niño siempre soñó.

Incluso en un momento entra en una caja de cristal y es encerrado, para mostrar que no tenía ningún arnés sosteniéndolo y realmente se trataba de un hombre volador. ¿Era posible? Pues, atención con el spoiler, no. David Copperfield no volaba, pero si existe una aproximación a eso -o si existía en los 90- esa era probablemente la forma.

El truco dependía de un aparato creado por el inventor de ilusiones John Gong. Se llamaba “Aparato de levitación” y ofrecía la impresión de estar flotando en el aire. Consta de un arnés y varios cables finísimos que son imposibles de ver. Como si fuera una de esas cámaras de video que cuelgan de los estadios (las “spider”), este aparato está conectado a unos motores que generan el movimiento en todos los ángulos posibles. El principal desafío era esconder el arnés del cual colgaban los cables, por eso en su exposición Copperfield llevaba ropa completamente negra y holgada, para disimular el aparato.

Fantasía o realidad, al fin y al cabo da un poco lo mismo. Lo cierto es que con o sin cable, Copperfield logró elevarse de suelo y bailar a sus anchas como si no hubiera gravedad. ¿Qué otra cosa es volar?

Desaparecer a alguien del público, el truco que podía fallar

El motivo por el que nunca quiso ser noticia, un día llegó. Sucedió en el 2013 durante una presentación en Las Vegas. Durante el show, uno de sus trucos más populares salió mal. No solo eso: terminó con una de las personas del público internadas. Y peor, continuó con un juicio millonario. Y todo escaló y si bien al final de la demanda David Copperfield no tuvo que pagar nada, fue declarado negligente y tuvo que revelar cómo realizaba su truco, a fin de defenderse.

Si bien demasiadas veces se especuló sobre cómo hacía lo que hacía, y hubo infinidad de teorías al respecto, nunca como esta vez el misterio quedó tan claro. Los participantes elegidos del público debían salir de sus lugares y eran conducidos por un pasillo oscuro en altura, para hacerlos aparecer el otro lado del escenario. En ese traslado, una de las personas de la audiencia pisó mal y cayó al piso desde la altura. Se fracturó el hombro y luego en el hospital le encontraron una contusión en la cabeza, producto de la caída.

El damnificado fue el chef británico Gavin Cox, que reclamaba 400 mil dólares de indemnización por el accidente. El truco -históricamente llamado Lucky 13 (“trece afortunados”)- no fue lo que se esperaba y probablemente haya salido de su espectáculo, como esos juegos de parque de diversiones de los que un día sale disparado un niño por accidente. Pero nada pudo -nada podrá, parece- hacer desaparecer al hombre que hizo desaparecer todo lo demás.