Se extienden las huelgas laborales en EEUU por el riesgo de contagio de Covid-19 y los bajos salarios

Se extienden las huelgas laborales en EEUU por el riesgo de contagio de Covid-19 y los bajos salarios

Michael Shlee, trabajador de la planta de cereales de Kellogg’s, hace huelga frente a la entrada principal de la fábrica el miércoles 6 de octubre de 2021, en Omaha, Nebraska. En su letrero se lee: “son avariciosos”Grant Schulte / AP

 

Después de 19 meses de tener que equilibrar entre su salud y su seguridad trabajando en la primera línea en la pandemia de coronavirus, muchos empleados con sueldos bajos están hartos: reclaman un aumento de salario, pausas para comer y descansar, mejores prestaciones y turnos más cortos.

Por Noticias Telemundo





Desde la atención sanitaria hasta Hollywood, casi 100,000 trabajadores están en huelga en Estados Unidos, o se preparan para hacerla para mejorar sus condiciones.

Más de 10,000 empleados de John Deere se declararon en huelga el jueves, y más de 24,000 profesionales de la salud de Kaiser Permanente y cerca de 60,000 trabajadores de Hollywood, miembros de la Alianza Internacional de Empleados de Escenarios Teatrales, se preparan para parar también.

Se unen a otros miles que se han enfrentado recientemente a una decisión similar, como los empleados de la planta de Kellogg, que están en paro, y los de Nabisco, que recientemente pusieron fin a una huelga de varias semanas.

“Definitivamente hemos visto un repunte a finales de septiembre y octubre”, afirmó Johnnie Kallas, investigador de la Escuela de Relaciones Industriales y Laborales de la Universidad de Cornell, o ILR, que sigue las acciones laborales en todo el país.

“Es una combinación de dos factores: los trabajadores tienen más influencia en el mercado laboral con los empleadores necesitando y luchando por contratar, y además muchas personas han estado en la primera línea de una pandemia mundial durante los últimos 19 meses y fueron promocionadas como héroes, lo que les ha dado mucha ventaja”, añadió.

A medida que el término striketober (combinación de las palabras huelga y octubre en inglés) aparece en internet y en las redes sociales, está claro que el impulso está creciendo en torno a estas acciones. Kallas dijo que hasta el martes se habían documentado 174 paros este año. La ILR clasifica una huelga como cualquier acción de los trabajadores que lleva a la paralización del trabajo. El paro de John Deere eleva el total a 175.

El activismo simultáneo de los empleados se conoce como “ola de huelgas”, dijo Kate Bronfenbrenner, directora de investigación de educación laboral del ILR.

“Las huelgas pueden ser contagiosas para los sindicatos y los trabajadores”, explicó. “Hay problemas compartidos que los empujan a ir al paro y se miran unos a otros y se inspiran”, agregó.

En la historia de Estados Unidos ha habido muchas oleadas de huelgas cuando las condiciones laborales alcanzaron un determinado umbral y los asalariados se negaron a seguir aceptándolas.

“Hay que aprender estas lecciones una y otra vez”, aseguró Bronfenbrenner.

En muchos casos, la pandemia ha dado a los trabajadores tiempo para replantearse sus prioridades y el tiempo fuera del empleo les brindó una perspectiva renovada. En otros, fue un duro recordatorio de que estaban arriesgando sus vidas a cambio de poca recompensa.

“El COVID-19 fue una llamada de atención, porque no era solo que podías lesionarte durante tus labores, sino que ir a trabajar podía matarte”, afirmó Bronfenbrenner. “Los empleados tienen la sensación de trabajar más que nunca, exponerse durante el COVID-19 y arriesgar sus vidas ¿para qué?”, cuestionó.

Catherine Fisk, quien se especializada en derecho laboral y de empleo y es profesora de la Facultad de Derecho de la Universidad de California, Berkeley, estuvo de acuerdo.

“En el ámbito de los salarios bajos, estos trabajadores eran esenciales. Se enfrentaban a altas tasas de mortalidad, pero no podían costearse la vivienda o la atención sanitaria”, declaró Fisk. “Ahora existe este activismo nacido de la desesperación”, lamentó.

Fisk afirmó que las redes sociales han contribuido a los esfuerzos al democratizar la comunicación y ayudar a los trabajadores no solo a difundir sus mensajes, sino también a aprovechar el alcance de las empresas para las que trabajan y solicitar el apoyo de los consumidores.

Los medios de comunicación están prestando más atención a las desigualdades de riqueza y las relacionan con los bajos estándares laborales y los salarios precarios, dijo.

“Esa atención permite y en algunos casos empodera a los trabajadores a utilizarla para tratar de ganar influencia en la esfera política”, apuntó Fisk.

Es probable que se produzcan más huelgas de aquí al otoño del año que viene, lo que coincidirá con las elecciones de mitad de mandato, opinó Tim Schlittner, director de comunicaciones de la AFL-CIO.

“Esta ola ha tardado mucho en llegar. Creo que se trasladará a las elecciones de mitad de mandato porque los asalariados también están hartos del sistema político, que no ofrece resultados”, dijo Schlittner. “Los trabajadores van a buscar candidatos que estén alineados con sus valores, incluido el derecho a organizarse”, recalcó.

Ahí es donde la Ley de Protección del Derecho de Organización, o Ley PRO, podría entrar en juego según él. Esta ley fue aprobada por la Cámara de Representantes, pero se ha estancado en el Senado. Los expertos aseguran que ejerce una presión única sobre las empresas.

Bronfenbrenner comentó que la Ley PRO, junto con el continuo escrutinio público, podría disuadir a las compañías de tomar medidas extremas contra las huelgas. Su mal comportamiento daría a la ley la munición que necesita para ser aprobada, algo que la mayoría de los empleadores no quieren.

Agregó que los sindicatos y los trabajadores enfrentaron un gran retroceso durante la Administración de Donald Trump, pero que las cosas ya han cambiado bajo el presidente, Joe Biden.

Ella señaló que la Junta Nacional de Relaciones Laborales ha sido más agresiva en la aplicación de la Ley Nacional de Relaciones Laborales, tomando medidas enérgicas contra los empleadores que tratan de intimidar a los trabajadores para evitar que se declaren en paro. Ese tipo de apoyo puede servir para alentarlos, dijo.

Schlittner añadió: “Ningún trabajador quiere ir a la huelga. Son por necesidad, por negarse a conformarse. Es un tremendo sacrificio abandonar el empleo junto con el salario y la seguridad que conlleva. Es un acto de valor ir a paro”.