Aislados, raquíticos y enfermos: Así sobreviven los dirigentes opositores en la cárcel de Daniel Ortega

Aislados, raquíticos y enfermos: Así sobreviven los dirigentes opositores en la cárcel de Daniel Ortega

En la cárcel “El Nuevo Chipote” están recluidos 34 de los 37 líderes opositores que el régimen de Daniel Ortega ha apresado en los últimos cuatro meses. (Foto La Prensa)

 

Aislados. Para unos, luces encendidas las 24 horas y para otros, obscuridad absoluta. Pobres raciones de comida que los han hecho perder a todos entre 15 y 50 libras (7 a 23 kilos) de peso e interrogatorios diarios, incluso en la madrugada, son algunas de las condiciones en que viven 34 líderes de la oposición que el régimen de Daniel Ortega ha encarcelado en las celdas policiales de “El Nuevo Chipote”.

Por infobae.com





A partir del 28 de mayo, el régimen de Daniel Ortega inició una ola represiva contra la oposición nicaragüense con miras a evitar su participación en las elecciones de noviembre próximo. A 37 lideres de la oposición les abrió procesos bajo diferentes cargos que van desde “traición a la patria” hasta “lavado de dinero”Siete de estos presos políticos son personas que manifestaron su intención de ser candidatos de la oposición para disputarle la presidencia a Daniel Ortega.

De los 37 opositores detenidos desde mayo último, tres tienen arresto domiciliar y 34 se encuentran en las celdas de la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ), conocida como El Nuevo Chipote, ubicada en el barrio Memorial Sandino, de Managua.

Aunque la situación de estos reos en particular se ha manejado con extremo hermetismo, Infobae conversó con algunos de los familiares que han podido verlos en las dos únicas visitas que el sistema carcelario ha permitido. Esta es la descripción que hacen de la situación en la que viven los últimos presos políticos del régimen de Daniel Ortega.

La cárcel

Las autoridades carcelerías mantienen luces encendidas todo el día para unos y obscuridad absoluta para otros. La fotografía corresponde al momento de la inauguración de la cárcel. (Foto 19 Digital)

 

El Nuevo Chipote es un edificio carcelario de 3.520 metros cuadrados que fue inaugurado en febrero de 2019 en sustitución de las viejas mazmorras conocidas como “El Chipote”. Olama Hurtado Chamorro estuvo detenida en esas celdas durante 45 días, a finales del 2019, después que la apresaran junto a 15 activistas más que llevaban agua en solidaridad con unas madres de presos políticos en huelga de hambre. Dice que la cárcel se divide en pabellones. Hay uno de hombres con siete celdas. Cada celda tiene tres camarotes dobles de concreto con un delgado colchón de esponja. El pabellón de mujeres tiene tres celdas. Cada pabellón tiene dos celdas de castigo llamadas “chiquitas”, por el reducido espacio de las mismas. Tienen puertas de láminas metálicas en vez de barrotes. “Con dificultad pueden alcanzar dos personas ahí”, dice Hurtado. Las celdas normales tienen barrotes que dan al pasillo, sin embargo, un guardia custodia las 24 foras del día y no permite a los reos hablar entre ellos ni con los de otras celdas. Hay un tercer pabellón de “celdas de alta seguridad”. “Son celdas especiales donde hay presos muy delicados. Tienen tres camas, su propio interruptor de luz y baño”, explica.

Situación legal

Esta fotografía del pabellón de hombres, corresponde al momento de su presentación a autoridades y medios oficialistas cuando fue inaugurada la cárcel en febrero de 2019. (Foto 19 Digital)

 

Los familiares de los reos políticos denunciaron recientemente en un comunicado las “arbitrarias condiciones legales” a que están sometidos los presos de El Nuevo Chipote. “Sus causas no aparecen aún reflejadas en el sistema del Poder Judicial con el objetivo de invisibilizarles y mantener su indefensión. Aún no se les ha permitido reunirse con sus defensas técnicas, contrario a lo que dictaron los jueces en las audiencias iniciales. Todas las peticiones presentadas por sus abogados son denegadas o no resueltas. No se ha respetado el debido proceso. Se continúan practicando interrogatorios en ausencia de sus abogados”.

Visitas

El líder estudiantil Max Jerez supo de la muerte de su madre 26 días después, cuando esperaba su visita y no llegó. (Foto cortesía)

 

En septiembre pasado, cuando los primeros reos estaban por cumplir 90 días de prisión sin que se supiera nada de ellos, el régimen autorizó una primera ronda de visitasUn solo familiar, sin poder llevar nada, durante 30 minutos. Entre el 11 y el 13 de octubre se dio una segunda ronda de visitas, con hasta dos familiares y dos horas de tiempo. Para ingresar a la sala de visitas se hacen revisiones exhaustivas a los familiares, que incluyen “el registro de nuestra ropa interior y el despojo de objetos de uso personal como lentes de ver, alcoholes de mano, y fotografías de seres queridos enfermos y menores de edad”, dice el comunicado de los familiares. Durante la visita, agentes de la Policía toman fotografías y videos del encuentro, incluso, obligándolos a posar ante sus cámaras, denunciaron.

Durante la última visita se suscitó un hecho cruel. El 17 de septiembre falleció la madre del joven preso político Max Jerez. El sistema judicial no solo ignoró el permiso que sus abogados solicitaron para que Jerez se despidiera de su madre en agonía, sino que también no le comunicaron su fallecimiento. En la visita autorizada para el 13 de octubre, el reo político inscribió a su madre, sin saber que había muerto 26 días antes. En sustitución de la madre fallecida, llegó una tía a la visita. El sistema carcelario no la dejó ingresar porque alegaron que era doña Heidi Meza, la madre fallecida, quien estaba autorizada por el reo.

Alimentación

La comida es de regular calidad, entre lo que un sistema carcelario puede ofrecer, dicen los familiares. Arroz y frijoles revueltos, gallopinto como se le llama en Nicaragua, en el desayuno y la cena. Durante el almuerzo, acompañado ocasionalmente de un trozo de carne, huevo o queso. La queja generalizada es que las raciones son muy pequeñas, y como no se permite a los familiares llevarles comida, todos los reos han mostrado pérdidas notables de peso, de entre 16 y 50 loibras (7 a 23 kilos) los casos más graves. “Es un desfile de esqueletos aquello”, dice un familiar. A cada preso se le asigna un plato, que deben mantener limpio, y sacarlo cuando se pasa distribuyendo la comida. No les permiten cucharas ni tenedores y deben comer con la mano. Durante los primeros 90 días solo se les autorizó a los familiares llevarles agua. A partir del último mes, se permiten suplementos alimenticios y sueros orales.

Aislamiento

Olama Hurtado fue presa política en El Nuevo Chipote en 2019. Ahora tiene tres de sus tíos presos en esa misma cárcel.

 

De mayo hasta septiembre, solo se supo de los reos políticos a través de los esporádicos comunicados que el Ministerio Público daba a conocer. Ni abogados ni familiares pudieron verlos. Con las primeras vistas es que ya se tuvo noticias de ellos.

Entre las ubicaciones que se han podido determinar en este momento están: Tamara Dávila, Suyén Barahona, Ana Margarita Vigil, Dora María Téllez y Lesther Alemán son mantenidos en solitario. Dora María Téllez fue colocada en el pabellón de varones, sola en una celda aislada y en camarote de concreto sin colchón. Frente a ella tiene la celda del banquero Luis Rivas y el politólogo José Antonio Peraza. El abogado Róger Reyes comparte celda con el líder estudiantil Max Jerez. El gerente general del diario La Prensa, Juan Lorenzo Holmann se encuentra en una celda “chiquita” con el exdiplomático Mauricio Díaz. La líder opositora Violeta Granera comparte celda con la abogada María Oviedo. El precandidato presidencial Juan Sebastián Chamorro está con el contador Marcos Fletes, y Pedro Joaquín Chamorro con el exguerrillero sandinista Víctor Hugo Tinoco. Otro precandidato presidencial, Félix Maradiaga, comparte celda con el conductor Walter Gómez. El cronista Miguel Mendoza se encuentra con el sociólogo Irving Larios.

Esta distribución puede cambiar porque ocasionalmente rotan a los reos de las celdas. Los guardas que vigilan las celdas cuidan que no conversen entre ellos ni con presos de las otras celdasCuando son sacados a interrogatorios o a tomar sol, media hora a la semana, son mantenidos con la cabeza hacia abajo para que no hagan contacto con nadie.

Torturas

Juan Lorenzo Holmann, gerente general del diario La Prensa, preso desde el 13 de agosto, podría perder su visión en la cárcel si no es atendido adecuadamente, denuncia su esposa. (Foto EFE)

 

Ninguno de los familiares ha denunciado torturas físicas explícitas como golpes o lesiones contra los presos políticos, pero sí condiciones de tortura. Silencio y aislamiento. Duermen sin frazadas ni ropa de abrigo. En la mayoría de los casos la luz de los pabellones pasa encendida las 24 horas del día, sin que sepan cuando es de noche o de día, y en otros casos están recluidos en celdas totalmente oscuras, sin que sepan también cuando es de día o de noche. Josefina Gurdián dice que su hija, Ana Margarita Vijil, logra dormir tapándose los ojos con su sostén y abrigándose las manos con un par de calcetinesOtra forma de tortura denunciada por los familiares son los constantes y repetitivos interrogatorios a que son sometidos. Al principio era interrogados hasta cuatro veces al día, incluso en la madrugada. Ahora se hacen una vez al día. “Los custodios esperan que logren dormir para despertarlos con gritos, ya sea para interrogatorios o para lavar baños e inodoros en la madrugada”, relata otro familiar que pidió no ser identificado.

Salud

De acuerdo a su familiares, el ex vicecanciller José Pallais ha perdido 23 kilos en prisión.

 

En general todos los reos han manifestado estar sufriendo ya sea por padecimientos crónicos o por enfermedades nuevas. Uno de los casos más notorios es del Juan Lorenzo Holmann, 54 años, quien padece de problemas cardiacos y presenta una mancha oscura en su ojo derecho. Su esposa teme que pierda la vista si no recibe atención adecuada. Holmann había sido operado de cataratas, sufrió desprendimiento de retina, y su situación carcelaria ha agravado su condición. En una ocasión se desmayó cuando lo sacaron al patio a tomar sol. Un oftalmólogo de la cárcel le diagnosticó retinopatía serosa central y recomendó hacerle una tomografía del ojo, sin que eso se haya hecho hasta ahora.

Otro caso es el de Mauricio Díaz, 70 años. “Le están dando Tafil por las noches para dormir, un medicamento que él nunca había necesitado, uno de los médicos practicantes de la clínica de Auxilio Judicial le diagnosticó polineuritis y escoliosis, dos enfermedades que nunca había padecido, además de las que ya sufría antes de estar allí”, dijo su esposa Dina Medrano. “Durante las dos horas que estuvimos allí, sus manos pasaron temblando, esto dice él que es por la polineuritis”.

Jilma Herdocia, esposa del opositor José Pallais, 68 años, dice que durante la visita encontró al opositor débil, con mareos y dolor de espalda. A las anteriores enfermedades de presión arterial, diabetes y obesidad, Pallais ha incorporado disnea (dificultad para respirar).

“Particularmente preocupante son casos como el de José Pallais quien ha perdido 50 libras (23 kilos) y José Adán Aguerri que tiene 30 libras (14 kilos) menos. Continúan pálidos, muchos no tienen acceso al sol y otros solamente una vez por semana. Hay desorden en la administración de los medicamentos, se los entregan sin nombre ni etiqueta, nuestros familiares no saben qué medicina les están proporcionando. No se ha admitido valoraciones médicas externas, ni siquiera en los casos de condiciones preexistentes que podrían desarrollar otras afecciones”, denuncia el comunicado hecho público por los familiares.