Solo el 33% de las mujeres venezolanas tienen un trabajo estable

 Mujeres cuentan dinero en el Mercado Mayorista de Coche, en Caracas (Venezuela). Las mascarillas al cuello, a modo de pañuelo, se han convertido en tendencia en Caracas, epicentro de la COVID-19 en Venezuela.  EFE/RAYNER PEÑA R.

 

El desafío de las mujeres es cada vez mayor, han sido golpeadas en materia laboral con sólo un tercio que se encuentra activa económicamente y representando apenas el 32,9%, que por lo general se encuentra ocupada en la administración pública y el resto del 67,1% sin trabajo estable. Así lo refleja la reciente Encuesta Nacional sobre Condiciones de Vida (Encovi), que resalta las desigualdades de ingresos y hasta las limitaciones en materia de salud.

Por Guiomar López | LA PRENSA DE LARA

Ese desenvolvimiento en el mercado laboral fue explicado por Anitza Fréitez, coordinadora de Encovi, al ubicar a Venezuela como uno de los países con inactividad más baja, que llega a superar a Colombia que se encuentra a 57%. También termina de complicar que la mayoría se encuentra en nómina de la administración pública, con una remuneración tan baja que ni siquiera alcanza para gastos de recreación o alguna emergencia médica. Otro grupo se encuentra en el sector financiero o de seguros y un mínimo dedicado al comercio, donde 30% se destaca en el área de manufactura.

La realidad muestra que aún siendo profesionales y con méritos o experiencia comprobada, las mujeres siempre terminan siendo como ese personal de apoyo administrativo, con la incidencia de los hombres a la cabecera de cargos directivos.

Todo ese vacío lo grafican desde una radiografía que ubica la mayoría de las cargas a la mujer de casa, con tantas limitaciones como las ataduras al tener hijos de cortas edades y sin la posibilidad de quien pueda atenderlos, mientras trabajan. Así se tiene a la gran mayoría que sacrifica ofertas laborales, ante el compromiso de hacerse cargo de la responsabilidad de la casa, desde el cuidado de niños o hasta de algún adulto mayor de la familia.

Otro punto de desigualdad es la ventaja que llevan los hombres al superar en 18% más con los ingresos y con más posibilidad al trabajo formal. Un reflejo de las 38 horas que trabajan a la semana, mientras ellas tienen 5 horas menos en la misma jornada.

En el acceso al cuidado de la salud, también mencionan datos de la Sociedad Anticancerosa con las fallas a partir de la falta de sensibilidad y orientación, al considerar que el interés y esfuerzo por los chequeos médicos que muestran más interés es en edad adulta. Se tiene que 53% desde los 25 a 49 años se ha realizado la citología, mientras apenas 12% en edades de 35 a 49 años, alguna vez les practicaron la mamografía. Un resultado por falta de programas de prevención, desconocimiento al punto de pensar que no necesitan y entre 20 a 28% sin poder por los altos costos.

Otro aspecto que resaltan es el descenso en la fecundidad, que se ubica en un promedio de 2 hijos, cuando antes superaba los 6. Una consecuencia del alto porcentaje de la introducción de implantes como anticonceptivos, así como algunas que optan por la esterilización. Del embarazo precoz, señalan un ligero descenso, pero sigue persistiendo la incidencia de que jóvenes ya son madres a los 18 años.

Hacia el liderazgo empresarial
Según Yanelly Márquez, socia del grupo empresarial GRCS, el compromiso de las organizaciones debe ser el de propiciar el desarrollo con el aprovechamiento de todos los recursos. “Debemos tomar decisiones y las alternativas para mujeres y niñas, como los más vulnerables”, recalcó de esa necesidad de revisar las dimensiones de los derechos humanos y laborales, así como el emprendimiento de las mujeres.

Una propuesta que está abierta hasta para reconocer esos méritos de proveedores con mujeres, con salarios dignos de acuerdo a sus responsabilidades y más allá del establecido en la ley. Todo en el análisis de la realidad que abarca en principal peso hacia las mujeres, por la preocupación para la estabilidad de la familia.

Propone como principio el avance de igualdad de género, a partir del empoderamiento con los derechos y reconocimientos del ejercicio profesional. De allí, es que cita como ejemplo esa visión de inculcar el liderazgo desde la capacitación con apoyo de las universidades, incluso con becas para adolescentes y opción de pasantías con posibilidad de contratos.

Además de una formación desde el trabajo, tanto formal como informal a través de la preparación en algún oficio.