William Anseume: Nueva ministra para la educación universitaria

Ayer se difundió un tuit con una nueva designación: Tibisay Lucena es la nueva ministra para la educación universitaria. Las condolencias y malos augurios de los dolientes no se hicieron esperar. Ha avanzado tanto la destrucción, la toma y penetración de las instituciones de educación que la reacción sería la misma ante cualquier otro nombre.

Pero, digo: aquí hay un detalle, sin tratar de resultar cantinflérico. Un detalle que pudiera resultar provechoso y beneficioso para las universidades y el país. ¿Conocemos a Lucena por su brillantez académica y sus propuestas de salvación para la educación? No. ¿La conocemos por su entrega desmedida a las clases repletas de alumnos dispuestos a recibir su sabiduría y transformarla en conocimiento renovador y renovado? No. ¿Por sus libros sesudos acerca de la filosofía de la educación? No. ¿Por sus magistrales conferencias internacionales sobre alguna materia? No. La conocemos en todo el país por una sola razón, por haber sido presidenta del Consejo Nacional Electoral en esta confusión de poderes que impone el régimen. De hecho, su frase acerca de la irreversibilidad de los resultados, derivados de un porcentaje de votos “contados” está clavada en nuestra conciencia.

Da esto un buen margen para especular, como ayer lo hicimos por distintas redes: la colocan allí para que finalmente, después de bastante más de doce años (como en la USB) se organicen las elecciones universitarias. Un deseo contenido de participación que hemos llevado y seguiremos llevando a instancias internacionales, como lo que es: otra violación a los derechos humanos de los venezolanos por parte del régimen. Ya la propia Michelle Bachelet realizó mención al tema en su último informe y sabemos que se presiona más en ese sentido, cuando son los mismos DDHH los que en este momento, justamente desde la ONU, pueden darle el revolcón que al régimen del terror le falta para concretar la estampida hacia los trajes naranjas o hacia la vida opulenta en otro tipo de encierro en algún país lejano como Afganistán.

Y volvemos así a la dicotomía por el ser de las elecciones, suponemos. Como son o como ellos quieren que sean. Las primeras están establecidas en la constitución, la ley de universidades y los reglamentos electorales de cada universidad. Las segundas están pautadas en la Ley Orgánica de Educación (LOE) y han sido refrendadas por dos sentencias del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) que han sido desacatadas efectivamente por todas las universidades que elegían autoridades. Las nuevas, creadas por ellos, no son universidades ni eligen. ¿Para qué si imponen y doblegan como saben hacer? La LOE, desde su aparición, cuenta con un recurso introducido ante el TSJ por diversas universidades, entre ellas la USB, que hasta hoy no ha sido respondido, reposa allí esperando que cumplan la sentencia las universidades. Y llega Tibisay.

Los universitarios tenemos una nueva oportunidad para exigir las elecciones. A estos sátrapas y al mundo. También de estar preparados para rebatirles sus sentencias en cualquier ámbito, por injustas. Incluso debemos prepararnos para causarles una derrota monumental en cualesquiera de los escenarios. Si es que acaso Tibisay Lucena está colocada allí con ese propósito de convencernos de que lo que ellos hacen lo hacen bien para nuestro bien. Llega de nuevo la hora de demostrar que los universitarios somos verdadera oposición. No cohabitantes complacidos con criminales.