León Sarcos: 21 de noviembre de 2021

 A Juan Guaido´

Operación Cardumen I: son aproximadamente las tres de la mañana y desde la noche antes las personas se arremolinan en las entradas de las distintas sedes de las ZODI con el ánimo de agarrar un buen puesto en la cola para ser instruidas en un gigantesco patio —ahora bajo manu militari, como si fuera un lista y parte— en el acto de sufragar por los candidatos del partido. Hay mucha desconfianza: la gente sabe cómo funcionan las promesas de pago en las pretendidas comunas; para los últimos no alcanza. De allí los empujones, amenazas y tiradas de pelo entre unas y otras compañeras por llegar a ser las primeras enlistadas en formarse. Los hombres son más controlados, las mujeres más emotivas; conocen más, y sienten más las necesidades de la casa y husmean gracias a los chismes de quienes gozan del favoritismo que trae la cercanía a algunos de los dirigentes más influyentes; de allí los celos y las tensiones en la cola.

Los primeros adelantados lucen pilas, gracias a los $20 que recibió cada uno por adelantado para pastorear los rebaños. Entre ellos están los coordinadores del 10 por1, encargados de las personas que recibirán ese día como pago la pequeña bolsa CLAP, con tres paquetes de harina, tres de arroz y un paquete de caraotas negras. La mayoría de los votantes están somnolientos, cansados, aburridos; otros, todavía pasando la pea, arrechos de tanto martirio diario sin agua, bajo el imperio del señor apagón, sin esperanzas, como autómatas en un proceso donde no conocen a quién van a elegir ni les importan un carajo las ofertas que les hagan. El régimen va consiguiendo lo que siempre buscó: desalentar la elección como un deber para conquistar mejores condiciones de vida. En la revolución, estas serán las mismas para siempre: raciones, miseria, miseria y más miseria.

Un wayúu confundido se queja:

—Primo, no entendí nada

El teniente dice a la coordinadora:

—Oído… María, este elemento no entendió nada, explícale de nuevo, que le quede claro lo que dijo papa Dios: el que no vota no come.

La cola, luego de recibir la clase para votar, se va formando y subiendo uno a uno en los convoyes; camuflados en uniformes de la reserva, en perfecta unión dizque cívico militar, van a cumplir el otrora deber ciudadano para elegir alcaldes y gobernadores para el periodo 2021-2025. 

Desde las 6 am, Márquez y Picón han empezado a recibir llamadas desde las casas de los partidos donde funcionan los aparatos electorales del G4. Todos insisten en que hay muy pocos testigos electorales incorporados; a la mayoría no les aceptan las credenciales, argumentan que son falsificadas. Márquez y Picón intentan en reiteradas ocasiones hablar con Calzadilla o la comisaria D’Amelio y todo resulta en vano. Hasta las 10, ninguno de los dos ha respondido a sus llamados.

Operación Cardumen II: son las 9 am. Frente a las Plazas Bolívar de los distintos estados donde funcionan las oficinas de gobernaciones y alcaldías y en las parroquias desde donde despachan dirigentes en las casas del partido de gobierno crecen las aglomeraciones de empleados de la administración pública. El motivo: un bono especial de Bs. 50.00 que será acreditado una vez sea verificado el voto por el acompañante y luego el 10 por 1. Muy pocos lucen complacidos; solo los patria o muerte que tienen su negocito para complementarse y los que gozan del privilegio muy limitado de comisiones de negocios de la cosa pública. La mayoría está descontenta, pero todos están sometidos por la vigilancia y el control de los jalabolas, los llamados patriotas cooperantes, que son muy discretos en manifestarse porque saben cómo han acumulado odio, pero aún les quedan residuos de pudor y vergüenza. Los buses de la ciudad han sido todos tomados por el Gobierno para el traslado de sus afectos a las urnas. Desayunos, almuerzos y cenas están garantizados no solo para testigos y miembros de mesa sino también para todo el que tenga hambre por ese solo día.

Picón y Márquez lucen desconcertados; en las mesas la mayoría de los testigos de la oposición han sido sustituidos por miembros del partido de gobierno. Muchos votantes se han devuelto a sus casas porque no aparecen en lista o fueron cambiados de circuito electoral y no lo sabían o ya habían sufragado por ellos. Otros son hostigados por grupos de simpatizantes del Gobierno, bien armados y protegidos por la gloriosa Fuerza Armada Bolivariana. Crece el desconcierto y ya a boca de urna el Gobierno tiene las primeras encuestas. Son las tres de la tarde y los dos representantes electorales de la oposición no han podido hacer contacto con ninguno de los tres representantes del régimen.

La ciudad luce agónica; lo que ayer era una fiesta ciudadana de confrontación de posiciones y ofertas de proyectos hoy es un pan y circo improvisado, de pueblo olvidado, donde lo que menos seguro está es el futuro de las instituciones que se disputan individuos anónimos con ánimo de figuración y deseos de meter la mano, con sus excepciones. Estas elecciones parecen más una subasta de puestos que nadie quiere que un combate de los mejores por servir.

Operación cardumen III: la estocada definitiva vendrá en las horas cruciales de cierre, de acuerdo a lo que digan las encuestas. Aunque guerra segura no mata soldado. El remate es necesario coordinado por un oficial y un civil para lanzar las redes con el crepúsculo, y recoger en taxis a los rezagados. El propósito: la búsqueda casa por casa de los holgazanes que no han cumplido y de aquellos dudosos y malcriados que necesiten más incentivos. Por eso la prolongación de la hora hasta que hallan votantes. Ya Márquez y Picón lucen crispados de la arrechera. Ahora ven en retrospectiva y se muestran arrepentidos; cansados, desisten de la pendejada de estar llamando a los agentes de la revolución y apenados ya no responden ni siquiera a sus compañeros de la oposición. 

 En un ambiente enrarecido, el día descorre sus cortinas para terminar de mostrar lo triste de una derrota anunciada, tan anunciada como aquella entrada inmejorable de García Márquez, en su novela corta Crónica de una muerte anunciada: Santiago Nasar sabía que lo iban a matar, y los dirigentes de la oposición sabían que en las condiciones en las que irían a esas elecciones, los iban a sodomizar.

Más aún, si el gran pretexto era servirse del puente que les tendía el Gobierno para activar el contacto con la gente, de unas elecciones pautadas a su estilo, esencialmente montadas a conveniencia del patrocinante, bien mediocre y floja resulta la calidad de los dirigentes que nos hemos dado. En mi sentir, unos ayer muy buenos, hoy cansados. Otros, sin experiencia, tan arrogantes como poco creativos.

Hay formas ingeniosas de iniciar contactos, de enamorar al ciudadano por la causa democrática. De estimular los resortes de la participación por un futuro mejor y donde renazca la esperanza. De movilizarlo por sus derechos, de incentivarlo por sus deberes, de devolverle la confianza, la dignidad y el deseo de ganar y abandonar la inercia y la miseria por el activismo y la grandeza ciudadana.

Son las nueve de la noche en Miraflores. Los resultados ya en la mano del cogollo del Gobierno, suministrados por los dos representes en el Consejo Nacional Electoral, Calzadilla y la comisaria D’Amelio, deciden como va ser la repartición, y cuáles los premios de consolación. El Presidente se retira temprano, tranquilo, a dormir, y ellos viajan escoltados a dar a las 12 de la medianoche en cadena nacional los resultados que ya nadie espera y que desde aquí no alcanzo a ver. Hasta en el bando de los supuestos vencedores, la satisfacción de votar ha muerto. Elegir ha perdido su encanto. Las ciudades duermen; se han ido acostumbrando a que los días, como en el campo, terminen cuando se va la luz del sol. Todo es silencio… un silencio largo y profundo. Esperemos a que amanezca.

León Sarcos, octubre 2021