Le crecieron las manos, un pie, la boca y la nariz: el terrible calvario de una mujer que padece acromegalia

Le crecieron las manos, un pie, la boca y la nariz: el terrible calvario de una mujer que padece acromegalia

Sandra tardó tres años en recibir un diagnóstico y le costó 13 años controlar la situación.

 

 

 

Hasta el año 1998 Sandra Mesri cuenta que tenía una vida normal en la que cuatro o cinco veces por semana iba al gimnasio donde realizaba diferentes clases. Además, hacía baile. Sus problemas de salud comenzaron cuando se fue a vivir con quien en ese momento era su novio (luego su marido) y decidieron que querían formar una familia.

Por La Nación

“Obviamente, estábamos muy ilusionados y a medida que el tiempo fue pasando, esa ilusión se fue transformando en angustia al ver lo difícil que era quedar embarazada. A partir de ahí empecé a consultar a varios médicos y ninguno me pudo diagnosticar. Al contrario, me estimulaban embarazos, que obviamente perdía al poco tiempo. Con el tiempo nos dimos cuenta de que todos estos tratamientos agravaron el cuadro, alimentando al tumor que se estaba haciendo en la hipófisis, producto de la sobreproducción de la hormona de crecimiento”.

“La cara me empezó lentamente a cambiar”

Para ese momento Sandra tenía 27 años cuando empezó a manifestar varios síntomas que le provocaron angustia, ansiedad y desesperación ya que tardó tres años en recibir su diagnóstico. Tenía dolores muy fuertes de cabeza, le crecieron uno de sus pies y las manos, se le ensanchó la nariz y la boca, estaba muy cansada y engordó mucho en poco tiempo.

“Me acuerdo que en un año pasé de calzar 38 a 40. Además, la cara me empezó lentamente a cambiar hasta que me veía y no me reconocía. Obviamente, estos cambios fueron muy lentos y graduales lo que terminó retrasando el diagnóstico. Me sentía muy mal porque, además, me agarró de muy joven. Mientras todos mis amigos estaban en su mejor momento, yo estaba en el peor”.

Frustración tras frustración

En esos tres años Sandra consultó a ocho médicos y, cuenta, todos veían una parte del problema, pero nadie relacionaba los síntomas. “Las consultas eran muy frustrantes ya que me decían que no mejoraba porque yo no quería y que comía mucho y por eso engordaba, que estaba con un embarazo psicológico. Me decían que era mi responsabilidad estar así, lo cual era mentira”.

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