Gustavo Coronel: Mis profesores de geología en Tulsa resultaron ser psicólogos y filósofos

Gustavo Coronel: Mis profesores de geología en Tulsa resultaron ser psicólogos y filósofos

Gustavo Coronel

De los profesores de geología que tuve en la universidad de Tulsa recuerdo en especial a dos de ellos por razones que no tuvieron una relación directa con la geología sino, más bien, con la psicología y la filosofía. La manera como interactuaron conmigo fue serendípitica, al ponerme por el buen camino en momentos en los cuales tuve dudas sobre mi capacidad para salir adelante en mis estudios.

Uno de ellos fue Ed Heuer,mi profesor de geología histórica, la disciplina que trata de la reconstrucción de la vida del planeta Tierra, lo que pudiésemos llamar su biografía. La geología histórica se apoya esencialmente en el estudio de los fósiles encontrados en las rocas. Este estudio de restos animales y vegetales encontrados en las rocas le permite al geólogo ir armando el gran rompecabezas del pasado más remoto. No es ya historia, la cual se mide en miles de años, ni arqueología, la cual se mide en decenas de miles de años, sino geología cuyo lenguaje se habla en millones de años. Si la vida del planeta pudiese condensarse en un día la aparición del ser humano sobre su superficie sería asunto del último minuto. La geología histórica es complicada porque debe considerar todas las vertientes científicas que van a integrar la gran síntesis, es decir, la paleontología, la geología estructural, la palinología (estudio de las plantas fósiles), la petrología y bastante otras. Una vez en posesión de todos esos insumos el geólogo debe armar el rompecabezas, comenzando a imaginar las diferentes etapas en la vida del planeta Tierra, desde su creación hasta su situación actual. Como decía Hans Cloos: el geólogo solo puede ver lo pequeño, pero debe imaginar lo grande.

El esfuerzo requerido es dual, al mismo tiempo analítico e integrador. Debido a esta complejidad tuve, como estudiante, muchos problemas, sobre todo con el récord fósil de los primeros períodos geológicos, los que van desde el Cámbrico hasta el Silúrico. Del Cretácico en adelante no tenía problemas. Llegué a adorar las amonitas (cefalópodos fósiles) que son típicos de ese período, pero mostraba mucho rechazo al estudio de los fósiles pre-cretácicos, lo cual me hacía difícil visualizar la historia completa del planeta. Debido a estos problemas de entendimiento estaba a punto de fallar en esa asignatura, la cual era realmente fundamental si yo quería ser geólogo. Era lo que es una autopsia al ejercicio de la medicina. El profesor Heuer me llamó a su oficina, hablamos un largo rato y, al final de nuestra conversación, me dijo: “Gus (Gustavo), quiero decirte que comprendo los problemas que tienes con la asignatura, pero quiero añadir que estoy seguro de que superarás estos obstáculos. Tú eres el mejor estudiante venezolano que he tenido y sé que podrás ir absorbiendo lo que en este momento te parece tan difícil’. Agregó: “la manera como has dominado todo lo concerniente el Cretácico me hace pensar que todo lo que necesitas es enamorarte también del Devónico”.

A.N. Murray, mi profesor de geología estructural y yo, Tulsa, 1954

Poco a poco lo hice. Aunque siempre he mantenido mi predilección por el estudio del cretácico, algo tan instintivo como preferir el helado de fresas al de chocolate, pude alcanzar el nivel necesario de dominio sobre la historia del pre-cretácico, gracias al estímulo que recibí de Heuer. Fue después de algún tiempo que Ed Heuer me dijo, riéndose: “Sabes, Gus, tú eres el único estudiante venezolano que he tenido. No te mentí al decirte que eras el mejor”.

El otro profesor que me mantuvo en el camino correcto fue Albert Murray, un legendario geólogo por sus estudios sobre la geología de Oklahoma, quien fue mi profesor de Geología Estructural. Esta disciplina de la geología requiere cierta destreza en el dibujo, ya que el geólogo debía tratar de dibujar (sobre todo, antes de la llegada del celular con su cámara fotográfica incorporada) las actitudes de las rocas, como las veía en el campo, ya que ello era parte de su informe. Yo nunca pude ser un buen dibujante. Si quería dibujar un caballo el resultado era un camello. Esto me descorazonó mucho e hizo peligrar mi aprobación del curso. Un día el profesor Murray habló conmigo y me dijo: “Tus dibujos no son buenos, Gus. Ojalá fueran mejores, pero eso es algo que depende de las destrezas que nos son dadas, casi desde la cuna. Sin embargo, te he observado bien y he advertido que tienes una habilidad tan o más importante como dibujar bien: eres muy bueno en filosofía, tienes una actitud muy positiva ante la vida. Y creo que ello, al final, será hasta más importante para tu éxito profesional que si fueras un buen dibujante”.

Y así fue. Me gradué de geólogo en la universidad de Tulsa y, gracias a la filosofía, no al dibujo, llegué a ser un miembro del Hall de la Fama de la Escuela de Ingeniería y Ex-Alumno Distinguido de mi Alma Mater. Fui designado como Ex-Alumno Notable y nombrado miembro del Consejo Directivo de la Universidad (Board of Trustees) durante la década de 1980, honores que me han enorgullecido toda la vida. Ver: https://engineering.utulsa.edu/wp-content/uploads/sites/4/2015/02/tu-vision-fa08.pdf

La educación que recibí en Tulsa fue mucho más allá de la geología para adentrarse en el campo de la psicología (Heuer) y de la filosofía (Murray).

Y es que la educación es mucho más que instrucción, es el desarrollo integral de la personalidad.

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