Mafias de invasores disfrazados de campesinos: la “plaga” que está acabando con las fincas en Barinas

 

En el último año las unidades de producción agropecuarias en Barinas han continuado viviendo el infierno desatado por grupos o frentes de campesinos cuyo objetivo está a la vista: acabar con todo. Llegan de noche, violentan las cercas perimetrales, construyen ranchos, amenazan de muerte a los obreros, queman las siembras y matan el ganado.

Por Corresponsalía LaPatilla.com

Ante esta situación que le ha costado la tranquilidad a los propietarios y pone en riesgo la alimentación de la población, en Barinas las invasiones se han transformado en un gran negocio, debido a que si logran que un predio sea declarado ocioso, improductivo y se le aplique el rescate de tierras, posteriormente podrán vender al mejor pagador la finca completa o distribuirla en parcelas entre los invasores, donde después no se produce ni un plátano, y la respuesta a ese resultado es muy simple: no son campesinos.

Pero esto no comenzó en el presente año. En 2005 se dio la expropiación del Hato La Marqueseña en Barinas bajo el “metodo ChaAz”, con una negociación entre el entonces presidente Hugo Chávez y el productor Carlos Azpúrua. Allí comenzó todo: La Marqueseña pasó a ser el Centro Genético Florentino y en el primer año fue dispuesta la cantidad de 14 millardos de bolívares en inversiones que se esfumaron. Hoy, desde la autopista José Antonio Páez, se observan potreros quemados, al igual que las áreas escogidas para las siembras. Al parecer, el objetivo era destruir.

Datos de investigaciones independientes sobre el estatus de las invasiones en Barinas, precisan que 710.130 hectáreas han sido expropiadas o perturbadas, lo que se traduce en 511 fincas que, según el experto en materia de tierras, Yoset Pérez, “más del 50 por ciento ya fue ocupado del todo o el Inti (Instituto Nacional de Tierras) ya se pronunció con un acto conclusivo de rescate, y el porcentaje restante ya está en conflicto”.

Pese a este escenario que tiene contra la pared a la actividad del campo, durante un largo tiempo ninguna autoridad tuvo la decisión de hacer cumplir una orden que restituyera las garantías jurídicas para los productores. Sin embargo, el pasado 4 de marzo, la Secretaría Ejecutiva de Seguridad Ciudadana de la Gobernación de Barinas (Sesop), encendió una luz de justicia al ejecutar un desalojo de una invasora en la finca Los Bagres, sector Los Jabillos de la parroquia Ciudad Nutrias del Municipio Sosa, convirtiéndose en la primera decisión a favor de un propietario que procede de esta dependencia en los últimos 10 años.

 

 

Declive de la producción

 

 

Aunque resulte crudo decirlo e increíble, Yoset Pérez, considera que en Barinas no existe una unidad de producción trabajando al 100%, y los daños que han causado los invasores disfrazados de campesinos, han reducido el trabajo a un nivel que nadie imaginaba. Por lo tanto, la alerta de los gremios de productores como Asobarinas, es que si no son frenadas las acciones de los ilegales, el campo va a desaparecer.

Pero esa tarea ha sido tomada como un chiste por el régimen chavista que en Barinas permaneció 22 años en las manos de la familia del artífice de la palabra ¡Exprópiese!, Hugo Rafael Chávez Frías, quienes emitieron desde la Gobernación dos decretos (el 390 por el maestro Hugo de Los Reyes Chávez y el 020 por Adán Chávez) que prohibían las invasiones en la entidad, resultando un vulgar saludo a la bandera.

Pérez no duda que dentro del gobierno existe una especie de prohibición, no de invadir sino de desalojar a los invasores, lo que ha contribuido a que en las fincas que subsisten en Barinas la producción no sea mayor al 20%.

 

Más impunidad

 

 

El Frente Campesino Luis Beltrán Prieto Figueroa es una organización que se ha parado firme ante los invasores, denunciándolos con nombres y apellidos. Han acudido a las instancias judiciales logrando que sean detenidos y presentados ante un juez los cabecillas de las ocupaciones ilegales. También llevan registros de predios afectados en Barinas, pero hasta el momento todos los presuntos implicados están en libertad.

Danny González, vicepresidente de este frente que se ha puesto del lado de los productores perturbados por los invasores, denunció que en todas las fincas a las que ha llegado la “plaga” de los invasores, tienen productividad comprobada, por lo que sobre estas existen medidas de protección agroalimentarias, donde la ley prohíbe que se interrumpa la continuidad de las labores, y nadie ha acatado estas decisiones, y no hay funcionarios u organismos que las hagan cumplir.

El lunes 14 de marzo, el jefe de la Secretaría de Seguridad y Orden Público (Sesop) de la Gobernación de Barinas, aseguró que le plantearía al ministro de Interior y Justicia, Remigio Ceballos, la situación de las invasiones en esta entidad con el fin de procurar una solución. Los productores esperan que surja alguna respuesta positiva de este encuentro.

 

Alimentación en peligro

 

 

En los últimas dos décadas, las invasiones, intervenciones administrativas y despojos de fincas, han afectado la calidad alimentaria de la población. José Labrador, presidente de la Asociación de Productores Rurales de Barinas (Asobarinas), precisó que de 100.000 hectáreas de maíz y 40.000 de arroz que reportaba esta entidad llanera en cada zafra, en la más reciente trabajada no llegaron a 8.000 hectáreas de maíz y unas 4.000 de arroz.

En cuanto a los rebaños de ganados, Labrador aseguró que “han ido mermando poco a poco”, y explicó que el propietario tiene que mantener la finca, pastos e instalaciones. Para poder sostenerse, se ven obligados a vender vacas, toros y otros animales. Esta práctica de subsistencia ha afectado más a los pequeños productores, debido a que quien tenía 20 vacas y tuvo que negociar una o varias, se ha quedado muy disminuido.

Para el presidente de Asobarinas lo más preocupante es la inacción ante esta práctica “criminal” y “lucrativa”. Para los líderes de invasiones es un tremendo negocio ingresar a una finca de 1.000 hectáreas con el fin de quedarse con 100 hectáreas que, posteriormente, venden en 50.000 dólares. Esta “rentabilidad” aumentó el interés en participar de las invasiones y dio paso a las mafias que hoy están acabando con el campo barinés.