El Ballet de la Ópera checa, un oasis para niños del exilio ucraniano

El Ballet de la Ópera checa, un oasis para niños del exilio ucraniano

Una chica prepara una clase de ballet organizada por la Escuela Preparatoria de Ballet del Teatro Nacional para niños afectados por la guerra en Ucrania, en Praga, República Checa, este jueves. Esta escuela abrió sus puertas para los niños afectados por primera vez el 23 de marzo, y ofrece clases gratis de ballet cada miércoles para niños afectados por la guerra entre 6 y 12 años. EFE/ Martin Divisek

 

Con el cuerpo en Praga, pero el corazón y la mente en Ucrania, once niñas y un niño de entre 5 y 12 años que han llegado huyendo de la agresión rusa en ese país han comenzado a danzar en unas clases abiertas para ellos por el Ballet de la Ópera Nacional de la República Checa.

Desde el inicio de la invasión de Ucrania por las tropas rusas, el país centroeuropeo ha concedido más de 200.000 visados a refugiados de Ucrania, la mitad de los cuales son menores, y el prestigioso Ballet checo ha lanzado una iniciativa para ayudar a los estudiantes de este arte exiliados a recuperar una nueva normalidad.





La idea de Jana Jodasova, bailarina pedagoga del Teatro Nacional checo, es conseguir hacerles más agradable la estancia en Praga a esos niños, en medio de las añoranzas que sienten por sus amigos y la vida en el país han tenido que abandonar.

TRADICIÓN DE BALLET

“Vi en televisión imágenes espantosas y me dije que hay que ayudar. Ucrania, Rusia, Bielorrusia…, son países con una gran cultura de ballet, y pensé si no sería posible que entre los niños que huyen hubiera algunos que bailaran”, explicó Jodasova en una entrevista con Efe.

“En Ucrania (el ballet) es parte de la educación básica. Y queremos facilitares, una o dos veces por semana, que empiecen a moverse”, añadió la artista, que actualmente encarna a la aya en una nueva adaptación, con coreografía de John Crank, de la tragedia de Shakespeare “Romeo y Julieta” en la Ópera Nacional.

Este prestigioso ente cultural ofrece su sala de práctica de danza a los niños exiliados y las familias checas que están en contacto con Jodasova a través del ballet se encargan de donar los trajes.

“Sabíamos que los niños vendrían con mochilitas, pero sin maillot, medias y bailarinas. Escribí a unos cien niños (checos) y les pedí si tendrían en casa vestuario que no usan ya, para entregárselo a los niños (ucranianos)”, explicó Jodasova.

LA PRIMERA CLASE

La pedagoga dice estar dispuesta a encargarse de organizar dos grupos de veinte niños cada uno.

Hasta ahora se han apuntado 22 aspirantes, aunque a la primera clase, que tuvo lugar este miércoles, se presentaron doce -once niñas y un varón, de entre 5 y 12 años, que en Ucrania estaban aprendiendo ballet, baile moderno y gimnasia.

En la clase participaron también discípulas checas.

Jana, una voluntaria rusa que ayuda como traductora a los refugiados, estima que el resto de los apuntados quizá no ha podido aún participar debido a los problemas de alojamiento y otra índole que atraviesan sus familias, pero no descarta que puedan unirse a las clases de ballet en el futuro.

Jana lleva 25 años viviendo en Praga y su hija Alejandra, también bailarina, asistía este miércoles a las niñas en su movimiento, después de ayudarlas a elegir el maillot u calzarse la bailarinas.

AÑORANZA Y GANAS DE VOLVER

Entre las jóvenes está Ilina, que proviene de Kramatorsk, en la región separatista de Donetsk, y llegó a Praga con su madre y hermana después de viajar una semana en autobús.

Con el rostro circunspecto, Ilina, que dejó atrás, en el este de Ucrania, a su padre y abuelos, manifiesta su añoranza por su tierra y su deseo de regresar pronto.

“Praga es muy bonita. Es muy grande para mí, y las casas son muy hermosas. Pero echo mucho de menos mi casa. No quiero estar aquí mucho tiempo”, dice.

Por su parte Vika, que nacida hace ocho años en Bielorrusia vivía en Kiev desde 2020, vio interrumpida su carrera de danza acrobática, y comenta que la clase de hoy no estuvo a la altura de su formación.

“Ha sido todo muy fácil. Si fuera como las demás chicas, lo habría disfrutado mucho”, dice la niña después de haber destacado con sus saltos, flexibilidad, y sinuosidad de su cuerpo.

“Si no estuviéramos aquí, Vika iría a un torneo nacional y luego se prepararía para participar en campeonatos del mundo”, afirma Daria, su madre.

“No tiene futuro, sino presente. Su cuerpo está en Praga. Los pensamientos están en Kiev. Piensa en ello, en que las ciudades están siendo destruidas. Pero queremos que tenga un presente alegre”, apostilla Daria sobre su hija. EFE