Bajo las bombas o en el exilio, miles de niños de orfanatos en Ucrania viven una situación “caótica”

Bajo las bombas o en el exilio, miles de niños de orfanatos en Ucrania viven una situación “caótica”

Una niña refugiada de Ucrania se sienta con su equipaje en la taquilla de la estación de tren de Przemysl, en el este de Polonia, el 7 de abril de 2022. – ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados, dijo que 4.278.789 ucranianos habían huido a través de las fronteras desde que comenzó la guerra en febrero. 24: una cifra superior a 34.194 desde el 5 de abril. (Foto de Wojtek RADWANSKI / AFP)

 

Bloqueados bajo las bombas o exiliados en países con una acogida desorganizada y con traficantes al acecho, decenas de miles de niños en orfanatos de Ucrania están en una situación “caótica”, alertan las onegés y expertos.

Ucrania es un caso fuera de lo habitual, con el mayor número de niños internados en Europa (al menos 100.000 según ACNUR) en una vasta red, opaca y a menudo disfuncional, de orfanatos, internados o instituciones para discapacitados.





Había “decenas de miles de niños viviendo en estas instituciones antes de la guerra, es enorme”, alerta Geneviève Colas, coordinadora del colectivo Juntos contra la Trata de Seres Humanos para Cáritas Francia.

Para la mayoría de ellos, la situación actual es “caótica”, confía a AFP Halyna Kurylo, representante en Ucrania del grupo de defensa de los derechos humanos Disability Rights Internacional (DRI).

“Muchas instituciones fueron evacuadas de forma dudosa. Algunos niños fueron dejados de lado porque no se podían desplazar por su discapacidad. Algunos instituciones se fueron al oeste y se fusionaron con otras, sus instalaciones están sobreocupadas… Y en la confusión, los niños pueden perderse”, alerta.

El 25 de febrero, un recinto que acogía a 55 niños de hasta 4 años en Verozel sufrió un bombardeo ruso. “Afortunadamente, los niños y el personal no estaban en el edificio”, explica Halyna Postoliuk, directora para Ucrania de la oenegé Hope and Homes for Children.

La decisión de evacuar no se tomó todavía ese día. Después la intensidad de los ataques lo hacía imposible. Hasta el 9 de marzo, los 55 niños no pudieron ser llevados a un hospital para niños en Kiev, más al oeste.

– 1.000 km en bus –

Otro grupo de niños de 5 a 14 años de una institución en Nezhin vivió una odisea de casi 1.000 km del este al oeste de Ucrania para huir de las bombas, explica por teléfono Marieta, la directora de este centro que acoge a menores cuyas familias no pueden hacerse cargo de ellos.

“Los rusos empezaron a acercarse, los niños escuchaban los disparos, explosiones. Era traumatizante para ellos”, recuerda.

Algunas familias acudieron a recoger a sus niños, pero en el caso de siete de ellos no fue posible por problemas de acceso. Las autoridades decidieron evacuarlos en autobús y unirlos a los de otra institución en Nijni Vorota, a 24 horas por carretera, cerca de la frontera eslovaca.

Las ventanas del autobús tenían cortinas, con lo que “los niños no vieron casas destruidas, personas muertas”, relata Marieta. “Tres días después de nuestra marcha, los rusos se acercaron a Nezhin. No hubiéramos podido dejar la ciudad si nos hubiéramos quedado más tiempo”.

Además de los combates, otros peligros acechan a los menores.

En Ucrania, estas instituciones forman “un enorme sistema desorganizado con poco de control. En el caos de esta guerra, los niños son presa fácil para los organizaciones criminales”, alerta Eric Rosenthal, fundador y director ejecutivo de DRI.

Los temores se remontan a antes de la guerra, cuando Ucrania ya era escenario de abusos en algunos orfanatos (trabajos forzados en casas de particulares, explotación sexual, etc.).

Incluso emergieron acusaciones de tráfico para adopción ilegal o tráfico de órganos, dice Rosenthal.

Este responsable cita el ejemplo de 2014 tras la anexión de Crimea: “Niños desaparecieron de orfanatos y fueron llevados a Rusia. Otros fueron desplazados al interior de Ucrania sin ser identificados”.

En los últimas semanas, “sabemos que niños han sido trasladados desde orfanatos a países limítrofes como Rumanía o Moldavia, pero en estos países también hay un gran problema de tráfico”, añade.

Unos 70.000 de los menores internados vivían en las regiones que se han visto bajo el fuego de los combates por la invasión rusa lanzada el 24 de febrero, según la oenegé Red de Derechos de Niños Ucranianos.

Y alrededor de 31.000 niños que todavía tenían padres o tutores legales volvieron con ellos, aunque su situación es arriesgada si estas familias no pueden acogerlos debidamente.

– Descontrol –

Contactada en Leópolis (oeste de Ucrania), la estadounidense Colleen Holt Thompson, de 55 años y voluntaria habitual en orfanatos ucranianos desde 2006, lanza un grito de alarma.

Madre adoptiva de seis ucranianos, llegó de urgencia a Leópolis el 3 de marzo para ayudar a evacuar huérfanos y seguir su proceso de adopción de una adolescente iniciado hace tres años.

El “caos” de la evacuación de los niños la dejó estupefacta.

Según cifras oficiales de fin de marzo, 3.000 niños internados fueron transferidos al extranjero, principalmente a Polonia, Alemania, Italia, Rumanía, Austria y República Checa.

“Ningún gobierno está preparado para estas evacuaciones a gran escala”, dice Thompson a AFP. “Pero mis inquietudes se agravaron cuando recibí llamadas de personas en la administración preguntando si teníamos los nombres o edades de los niños que viajaban hacia Leópolis en autobús o tren y de los que no tenían rastro de su identidad o sus acompañantes”.

También asegura haber recibido llamadas “perturbantes” de una persona que le pedía una lista de niños de un orfanato que su red intentaba evacuar de Mariúpol, especialmente menores en procesos de adopción desde Estados Unidos.

“Esta persona decía que podía evacuar a los niños a Grecia con un jet privado… ¡Es de locos! Realmente hay graves preocupaciones en cuanto al tráfico de niños”, alerta.

“Os lo digo: habrá niños que nunca volverán a Ucrania, otros que se perderán. Y hay actualmente miles de niños en hoteles, campamentos o en casas particulares con gente de la que no sabemos si está formada o es de confianza”, agrega.

La adolescente de 18 años que ella está en proceso de adoptar, Maure, llegó a un orfanato con 4 años y ya fue evacuada de su centro en Donetsk cuando comenzó en 2014 la guerra contra los separatistas prorrusos del este de Ucrania.

Ahora ha vuelto a ser trasladada a un orfanato en Leópolis, donde se refugia en un búnker cuando las sirenas se activan. “El director del centro quiere evacuarla con los otros niños a Austria”, se emociona Thompson.

Aunque el gobierno impuso el 12 de marzo reglas para la evacuación y el seguimiento de estos niños, queda mucho por hacer según las oenegés.

La Red de Derechos de Niños Ucranianos estima que 2.500 menores deben ser evacuados urgentemente de zonas de combate. “Los niños están aterrorizados, los mayores intentan tranquilizar a los pequeños”, asegura Darya Kasyanova, directora del programa de la oenegé Aldeas Infantiles en Ucrania.

“Los tutores constatan un retraso en el desarrollo de estos niños, que comen poco y duermen mal”, avisa.

– Peligro de “explotación sexual” –

Las fronteras también son territorios de riesgo.

Thomas Hackl de Cáritas Rumanía, que ha abierto un centro en el puesto fronterizo de Siret, asegura que su equipo paró recientemente a un hombre que intentaba llevar dos jóvenes ucranianas a Italia.

“Sabemos que los traficantes se mezclan en la población, proponen un medio de transporte. Había muchas señalas que nos llevaron a desconfiar de este hombre: insistía demasiado, quería llevarlas a un lugar concreto… Hay muchas historias como esta por aquí”, explica.

En el paso de fronteras o en los países por donde transitan, los niños se arriesgan a encontrarse en un vehículo con un desconocido o en un alojamiento con el riesgo de convertirse en “un pequeño esclavo doméstico” o ser explotado sexualmente, señala Colas, de Cáritas Francia.

Contactado por AFP en la frontera entre Ucrania y Moldavia, Yuri Tsitrinbaum, de la oenegé IsraAID que ayuda desde finales de febrero, explica que en las tres primeras semanas de la guerra la situación era “caótica”.

Después, el flujo se ha “calmado” pero “hay cada vez más preocupación (…) sobre la cuestión del tráfico de seres humanos”.

En Nijni Vorota, Marieta espera que la situación siga tranquila y no tiene intención de exiliarse. Pero si las fuerzas rusas se acercaran, no sabe qué haría con los niños. “Es mejor no pensar en ello”, lanza.

AFP