Oksana Linde: La pionera venezolana de la electrónica lanzó su primer álbum a los 74 años

La artista venezolana Oksana Linde. Foto: Elisa Ochoa Linde / ABC

 

El mundo de la electrónica tiene un curioso paralelismo con el rock: cuando se mencionan los nombres de sus grandes pioneros casi nunca hay mujeres, y eso que haberlas haylas. Y es que ellas lo tienen difícil para ser reconocidas en esta escena, o incluso prácticamente imposible, si han nacido fuera de la esfera anglosajona. Los artículos o los libros que tratan el tema en profundidad y se dignan a hacerles un hueco en sus párrafos no suelen olvidarse de las británicas Daphne Oram y Delia Derbyshire, las estadounidenses Laurie Spiegel, Suzanne Ciani, Wendy Carlos y Pauline Oliveros, la francesa Éliane Radigue o la mítica thereminista lituana Clara Rockmore. Pero es como si al sur del ecuador no hubiera nadie digno de pertenecer al club.

Por Nacho Serrano / ABC

Oksana Linde, una artista venezolana que empezó a componer música electrónica hace más de cuatro décadas, acaba de publicar su primer disco a sus 74 años para demostrar lo contrario. Nacida en Caracas en 1948 en el seno de una familia de inmigrantes ucranianos, el trabajo de Linde se dio a conocer iniciada la década de los ochenta, coincidiendo con el surgimiento de una nueva escena de música de sintetizadores venezolana con nombres como Ángel Rada, Miguel Noya, Musikautomatika, Vinicio Adames, Oscar Caraballo, Aitor Goyarrola y Jacky Schreiber.

En 1981 y a sus 33 años, Oksana dejó su trabajo como investigadora debido a afecciones de salud y empezó a dedicar más tiempo a la música y a la pintura. Pidió un préstamo para adquirir un sintetizador Polymoog, luego una grabadora de carrete abierto Teac, y un Moog Source, y con esa modesta logística armó su pequeño estudio en casa y empezó a componer sus primeras piezas, ampliando su equipo más tarde con un mezclador de 16 canales, una Roland Tape Echo, una caja de ritmos TR505, un Korg M1, y ya años después un Korg TR88. Igual que las compositoras antes mencionadas, Linde supo crear un universo personal a partir de la exploración de los sonidos electrónicos y hacerse un lugar en un entorno eminentemente masculino, pero debido a la discriminación de género y a los prejuicios, la falta de oportunidades hizo que su archivo haya permanecido inédito hasta ahora. Con el título de ‘Aquatic and other worlds (1983-1989)’, el sello especializado Buh Records acaba de editar una gran cantidad de su producción en una recopilación de edición limitada a trescientas copias en vinilo, una joya de coleccionista para cualquier amante del género.

– ¿Qué sensaciones tiene al publicar su primer disco a los 74 años? ¿Cómo ha surgido esta oportunidad, y por qué nunca se dio la posibilidad de hacerlo antes?

Me siento agradecida y casi que extrañada. Ya en 1985 mi pieza ‘Mariposas acuáticas’ formó parte de una compilación internacional realizada en Francia por el sello HAWAI (SNX). Es una colección muy buscada desde hace años, y a mí nunca me llegó. Creo que la robaron en la aduana. Yo dedicaba parte de mi tiempo a la música, no estaba esperando sacar un disco porque era algo muy difícil entonces. Solamente quien tenía la posibilidad de hacerlo por sus propios medios, o por apoyo de alguna institución, pudo editar discos. Envié a Francia, en 1985, un tape que contenía ‘Mariposas acuáticas’, ‘Burbujas I’, ‘Psicocatálisis’ y ‘Orinoco’. Seleccionaron en un principio ‘Burbujas’, pero luego, por una cuestión de espacio en el lado A del primer disco, eligieron ‘Mariposas’. ‘Mariposas’ y ‘Orinoco’ eran mis dos preferidas. Como nunca me llegó el conjunto de cinco pequeños discos, pensé que a lo mejor no se hizo la edición. Años después supe que fue emitida en programas de radio en diferentes países. Por eso creo que mi set debieron haberlo robado en la aduana. Al no tener medios ni apoyo para editar un disco, simplemente dediqué tiempo a hacer lo que me gustaba, trabajar componiendo música. Y pintar y dibujar no sólo por gusto, sino porque necesitaba ayudar a la familia. Regalé mucho de lo que hice, y vendí a bajo precio obras que requirieron mucho tiempo para su elaboración. A pesar de todo seguí componiendo. La posibilidad de editar un disco no parecía posible en ese tiempo. Pero, ya sin los instrumentos de antes, y el resto dañados, seguía haciendo algunas piezas experimentales con medios precarios. Sucede que si a uno le apasiona alguna actividad, sigue con ella de ser posible. Hice una corta pieza y se emplearon trozos de diferentes obras cortas para el programa de TV ‘Matices’, de una institución educativa, INCE, el cual tuvo apenas dos o tres ediciones. Eso fue en el año 1984 creo, y ‘Descubrimiento’ se usó para un programa de radio del instituto Venezolano de Investigaciones Científicas IVIC, en 1986. Ese programa nunca recibió fondos para salir al aire. Posteriormente, ya en 2019, se presentó una posible oportunidad, pero el proyecto se paró por la pandemia. El sello inglés MANA incluyó una pieza, ‘EnsueñoII’, en una edición digital, ‘Dreamtech’. Posteriormente, Luis Alvarado, del sello peruano Buh records, se comunicó conmigo. Y ya conoces el resto de la historia.

Oksana, componiendo en 1985. Foto: Mardonio Díaz

 

– ¿Cómo daba a conocer su música en los ochenta, si no publicaba discos?

– Si a alguien le interesaba, ponía un cassete para que lo escuchara, o le entregaba uno ya sea regalado o prestado. Mucho después, subí a MySpace algunas piezas. Luego a Reverbnation y a Soundcloud. Dedicar parte del tiempo a la música siempre fue muy importante para mí, no tenía que ver con la idea de publicar discos. En 1988 compuse la música para la adaptación de ‘El proceso’, de Kafka, realizado por el grupo de teatro de la Universidad Metropolitana. Luego, presenté unas piezas en el III Encuentro de Música Rlectrónica en Caracas en 1991. Y después continué componiendo sin pensar en editar discos. Ya tenía una computadora Atari de baja memoria y un secuenciador Max Pak. El Polymoog se dañaba con frecuencia. Mi esposo lo arregló como tres veces. Ya no lo tengo desde hace unos treinta años. Se lo entregué a un joven músico muy talentoso, Juan Luis Méndez, ingeniero de sonido. Pudo repararlo y emplearlo durante un tiempo. Luego el equipo no funcionó mas. Hace ya no sé si hace ocho o diez años, lo llevamos a su primer dueño (José Ignacio Lares, quien era representante de la Moog y me lo vendió en 1983 creo, cuando me daba clases básicas de música electrónica en el instituto de Fonología). Hace varios meses me dijo que ya parte del equipo se pudo reparar. A lo largo de los años tuve que interrumpir completamente mi actividad en música electrónica, vendí parte de los equipos, me robaron el Moog source, cables midi y otros. Mi pequeño estudio casero fue desmantelado para poder tener allí a mi madre en una cama clínica. Después pude adquirir un Korg TR88. Al tiempo, se dañó la sección del secuenciador interno (ya el equipo vino con algunos defectos, pero pude pasar a una computadora, con ayuda de un vecino, Tony Ruiz, unas quince piezas). Al dañarse luego el equipo, quedaron adentro más de cincuenta piezas, y de ellas al menos veinte pueden ser ‘pulidas’. Espero poder recuperarlas algún día.

– ¿Cuáles son sus primeros recuerdos en torno a la música? ¿Qué papel jugó su familia en su acercamiento a ella?

– Mi familia compró un tocadiscos y escuchaba música de diferentes países, y diferentes compositores. Populares, clásicos, del barroco, de todo. Compraron un piano del siglo XIX creo, pues lucía viejísimo. Y mi abuela comenzó a dar clases de piano a mi hermana Irma (Kyiv 1939 – Caracas 1974) y a mi hermana Myroslava (1946- ) La primera siguió estudiando. Myroslava estudió sólo por un tiempo. Le gustaba cantar y siempre lo hizo muy bien. A mí me encantaba escuchar música. Me monté en la banqueta y me puse a tocar de oído (dicen que canciones ucranianas, imagino que de manera elemental), y seguí tocando de esa manera. Recibí clases muy básicas, pero yo seguía tocando de oído. De manera que tengo, por ahora (jaja, uno debe tener esperanzas ¿no?), dificultad para tocar ciertas piezas que requieren maestría real.

– Trabajó en el mundo de la química. Yo creo que tanto la química como la física tienen profundos paralelismos con la música, ¿está de acuerdo? ¿Le sirve esa experiencia a la hora de componer o para improvisar, de alguna manera?

– Según algunos músicos y científicos, hay profundos paralelismos. Todo el universo, del cual sabemos muy poco, tiene en sus manifestaciones sonidos, ritmos, patrones. Tal vez algunos no parezcan música. Somos tan limitados y elementales en cuanto a nuestra posibilidad de comprender qué nos rodea, que difícilmente tenemos, creo, una parte pequeña de comprensión de lo que ocurre en ese sentido. Ya se ha logrado, por medio de tecnología avanzada, o en algunos casos hasta ya existente desde hace años, recoger señales de lo que acontece, por ejemplo, durante el crecimiento de las plantas, el movimiento de savia, otras manifestaciones biofísicas y bioquímicas. De forma que los investigadores lograban transmitir a amplificadores sonidos de diversas manifestaciones de la naturaleza . Y es sorprendente lo hermosas y musicales que pueden ser. Estamos rodeados de sonidos pero no podemos percibir sino dentro de un espectro audible limitadísimo. Hace muchas décadas, ya había sensores que mostraban reacciones de plantas al captar la intención de alguien que se dirigiese a ellas con una tijera para cortarlas, por ejemplo. La investigadora Emily Sigman de Yale y otros investigadores en diversos institutos y universidades en el mundo han logrado descifrar al menos en parte el lenguaje de las plantas, cómo se comunican entre ellas. Suzanne Simard, ecóloga canadiense, ha estudiado durante 30 años la conversación entre árboles. Y hay muchos ejemplos mas. Todo ello es fascinante y sobrecogedor. Pues las plantas son seres vivos que sienten, padecen. Y no tienen forma de comunicarse con nosotros. Sí, la naturaleza es cruel. Hermosa pero cruel. De alguna manera, mi experiencia me sirve porque a veces me imagino como sonarán las reacciones no audibles para nosotros. Cómo ocurren la catálisis y las reacciones químicas en generan, los procesos fisicoquímicos. Cómo reaccionan las moléculas de ozono con los fluorocarbonos. Cómo se las arreglan los átomos de elementos radioactivos para que la estadística de su fisión sea invariable a lo largo de los siglos. Cómo será el canto de los pequeños lagartos, las arañas. Cómo son empollados y cómo salen de las cáscaras los pajaritos… ya se ha hecho música sobre ello. Cómo las geométricas telarañas pueden inspirarnos… hay miles de ejemplos. Y eso puede ser fuente para improvisar algo que pueda ser una tosca aproximación a la realidad que creemos que conocemos. La matemática tiene mucho que ver con la música. Sin embargo, yo lo que hago cuando improviso es sentir lo que llega de dentro. O de no sé donde. Atribuyo parte de la inspiración al inconsciente colectivo, a la memoria que cada célula viviente lleva en sí desde los comienzos de la evolución. Pero a veces, cualquier detalle puede ser motivo de inspiración. Tal como fue probablemente el mar para Debussy, cuando compuso ‘La Mer’.

– También estudió Oceanografía, y en algunos pasajes de su música encuentro sensaciones subacuáticas que hacen honor al título de su disco… ¿es algo que también se manifiesta inconscientemente a la hora de crear, o surge de forma premeditada?

– No llegué a especializarme en Oceanografía. Me cambié de universidad por motivos familiares, aunque amaba la UDO (Universidad de Oriente), donde comencé con química. La especialización comenzaba creo que en el sexto semestre. Mientras estudiaba allí, cada sábado las estudiantes de la residencia Diocesana donde vivía, íbamos a la playa. ¡Inolvidable! Además, ya desde casi el principio, un grupo fundó el Club de excursionismo de la UDO, e íbamos en el barco del Instituto Oceanográfico a recorrer la costa, fuimos a la península de Araya, donde había grandes salinas. Fue una época única. El sonido de las olas. El mar, su imponente inmensidad, su acción terapéutica…

– Creo que su música encaja en el canon de música concreta, y que su proceso de composición de melodía y ritmo está muy basado en la improvisación. ¿Podría decirse que su trabajo de composición más propiamente dicho, está más relacionado con el proceso de superposición de capas y de enlace de estructuras?

– Es cierto. Está muy basado en la improvisación. Yo no soy juez de mi trabajo. Y como he dicho en ocasiones, a veces parece que estuviera en trance. O como si me guiara algo (que imagino que tiene que ver con el inconsciente colectivo, pero eso se lo dejo a algún buen psicoanalista). En la composición digamos que soy empírica, y trato de lograr algo que se parezca a lo que siento que quiero componer. No escribo. Puedo tener una notación rudimentaria como que hago ‘un esqueleto’. Trazo una raya hacia arriba, hacia abajo. Pongo letras, signos… aunque luego no sé que significa todo eso. Leí que Vangelis componía tomando del entorno (me refiero a la atmósfera del momento) lo que quería componer cuando tenía ese impulso. Que la misma música lo iba guiando. Y también leí hace poco que sentía que todos estábamos conectados. Es lo que yo pensaba a veces, cuando ni sabía qué estaba haciendo y qué iba a resultar. Ciertamente, todos estamos de alguna manera conectados, y hay vibraciones que llegan de lejos y no tenemos idea de que estamos en un mar de ellas. El cerebro de cada quien es como una huella digital. Único. Y cada quien percibe a su manera las cosas. Pero aclaro: todo esto, aunque tiene bases científicas, para mí es hipótesis, al menos como lo estoy expresando. En la Ciencia las cosas no son producto de algo que uno cree. Porque, probablemente, todos tenemos creencias diferentes, así como indico que percibimos de forma diferente. La ciencia tiene sus métodos, y hay leyes que mientras no se demuestre lo contrario, rigen lo que conocemos. Aunque hay personas capaces de mover objetos mentalmente (telekinesia), por ejemplo. O hay quien puede sentir colores con sólo poner la mano encima de un objeto, sin verlo. Y así, hay otros ejemplos. ¿Cae ello dentro de la variabilidad biológica? ¿Cómo percibe un sordomudo al mundo sonoro? ¿y un invidente, cómo ‘ve’ internamente al mundo?

– Dejó su trabajo como investigadora a los 33 años por una dolencia. ¿Qué fue lo que le ocurrió, si se me permite preguntarlo?

– Trabajé en diferentes laboratorios con gran cantidad de disolventes y compuestos organometálicos, como el mercurio. No había suficientes equipos de seguridad. Algunas campanas de extracción no funcionaban bien, a pesar de que parecían extraer vapores. Recuerdo que cuando estaba trabajando en una campana del laboratorio de catálisis homogénea, al otro lado de la pared había otra campana del laboratorio de catálisis heterogénea (donde hice mi MSc) e identifiqué con horror que venían vapores de ese otro lado. Había varios problemas de ese tipo. Hay que considerar que el cuerpo humano es sensible a muchas sustancias. Que hay personas menos susceptibles a daños que otras. Que, al haber trabajado con muchas sustancias, cuyas interacciones en el cuerpo humano no se conocían (y aún falta mucho por investigar), no se sabía exactamente qué me ocurría. Desmielinización de partes del cerebro, determinaron años después. Puede haber aumento de la capacidad de dañar tejidos y diversos órganos si hay otras sustancias presentes. También influye el tiempo que estés respirando vapores que están en mayor concentración que la permitida, es decir, que superan el límite tolerable. Tu dieta, si fumas, si bebes, si eres vegetariano, si no te nutres bien, si te falta alguna enzima, etc… todo eso influye en tu salud. Y en la capacidad de tolerar esa agresión, y en qué órganos quedarían afectados. Es un área de investigación muy compleja. Mientras seguía trabajando y comenzando a ver materias de doctorado, fui empeorando muy rápidamente. Tenía terribles dolores de cabeza, podía dormir a veces sólo dos horas en la noche, la memoria simplemente se me esfumaba. Ya me costaba comprender cosas. Y entré en un estado serio de depresión. Entonces no se supo qué tenía. El psiquiatra me mandó medicinas que empeoraron mi estado. Pues hay médicos que saben o sabían poco de toxicología. Tuve reposo prorrogable. Pero el jefe del laboratorio no podía contratar a alguien por tiempo indefinido esperando que me recuperase. Así que me dijo que lo sentía mucho, pero no le era posible continuar así. Me sentí terriblemente mal por todo ello y renuncié. El director del IVIC, Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, se comunicó conmigo pues le pareció extraña mi renuncia. Escribí que era por motivos de salud. Fue en 1988 creo recordar, que un neuropsiquiatra, quien tenía experiencia en seguridad laboral, y a donde llevé a mis hijas por sus continuas crisis de migraña (aunque en mi familia todos tenemos condición migrañosa, ver a mis hijas en esas condiciones que no permiten una vida normal me angustiaba pues no era lo único que les sucedía). Debo agradecer el haber conocido a ese médico (quien ya hace años falleció, el Dr. Hermann Kugler) a mi amiga Daniela Thonon, quien me lo recomendó. Él comenzó a hacer estudios pertinentes y así se supo que lo que inhalé me produjo desmielinización de determinadas regiones del cerebro. Por ello la pérdida de años completos de memoria de mi vida, se me olvidó mas del noventa por ciento de lo que estudié en la licenciatura, en la maestría y más tarde. Y me indicó que fuera a la fiscalía y a ver a un toxicólogo que había investigado casos en varias partes de Venezuela. A pesar del dictamen de los tribunales, nunca recibí indemnización en forma de pensión ni de otro tipo (la ley dice que mientras la persona se encuentre enferma, la institución debe pagarle). El daño fue definitivo. Y no aceptaron indemnizarme aduciendo que era una enfermedad degenerativa y que yo estaba ‘loca’.

– ¿Qué le impulsó a entregarse en cuerpo y alma a la creación de música electrónica a partir de ese momento?

– Me entregué en alma y cuerpo a mi familia. A mis hijas y a mi madre sobre todo. Me dediqué a la música electrónica como actividad muy importante para mí, pero a la cual no podía dedicarle sino una fracción pequeña de mi tiempo. Llevaba a mis hijas a las orquestas infantil y juvenil de una zona algo peligrosa. Las Mayas. Tenía que llevarlas al médico con cierta frecuencia. Tenía que ir a ver a mi madre y ver qué necesitaba, especialmente después de que tuviera un infarto en 1986. También formé parte de grupos ambientalistas y vecinales. De forma que muchas veces no podía ocuparme de la música. A veces lo hacía muy tarde en la noche y a veces de madrugada, con audífonos. Como a tantas personas les puede haber sucedido, la música es a veces terapéutica, simplemente, es una pasión. Con el Polymoog y luego con el Moog source, inclusive con el CZ1 era posible lograr sonidos y efectos diversos. Y con el grabador de carrete TEAC podía emplear varias pistas. Era digamos, interesante trabajar de esa forma. Intentaba componer piezas que tuviesen una base, de manera que no sabría explicar. Era muy intuitiva.

– ¿Le resultó fácil conseguir los equipos necesarios para crear música electrónica a principios de los ochenta?

– Pude conseguir un préstamo en un banco y pedir a mi esposo que pidiera otro en la caja de ahorros. Entonces era posible. No tenía todo lo que hubiese querido, pero fue suficiente. La creatividad tiene que asumir más retos en esos casos. Y cuando hay dificultades, los retos son buenos para el cerebro. No pude hacer todo lo que hubiese querido, pero no importaba. Lo que me importaba era sumergirme en la música, ver cómo lograba conseguir (sintetizar, combinar) sonidos. Era emocionante. Claro que a veces era frustrante. Pero todo ese aprendizaje, a pesar de haber olvidado mucho, haber perdido equipos, fue sumamente importante para mí.

 

– Su familia es de origen ucraniano, ¿en qué contexto emigró ésta a Venezuela?

– Mi padre Iván estuvo en un campo de concentración nazi desde el tercer día de la invasión, en junio de 1942. Luego lo enviaron a excavaciones con otros prisioneros en 1943. Mientras, mi madre junto con mis abuelos maternos y mi hermana Irma, fueron evacuados desde Kyiv a Lviv. Entonces Ucrania estaba dividida en la región Oriental (donde se encuentra Kyiv, Poltava, Kharkiv, las regiones donde nacieron mis antepasados), y en la occidental, cuya capital era Lviv (Lemberg, ahora Leópolis…) Pero era un mismo pueblo. Una sola Ucrania. Fuimos acogidos con mucho cariño por una familia, por petición del arzobispo Scheptytsky, que fue el benefactor y mecenas de mi abuelo Vasyl H. Krychevsky, artista, arquitecto, etnógrafo, escenógrafo, y diseñador del escudo estilizado de la República de Ucrania. Una inmensa parte de toda su obra se perdió en las dos guerras. Tras una larga y compleja historia, como las de tantas familias que sufrieron esa guerra horrible, mi padre huyó con un grupo de prisioneros ucranianos y rusos, y se reunió con el resto de nuestra familia (lamentablemente, nunca logró ir a despedirse de su maravillosa madre y hermanos). Viajaron por varios países, y llegaron a París el 14 de julio de 1945. Un hijo del primer matrimonio de mi abuelo, también pintor, vivía allí. No había espacio para todos en su pequeño apartamento, así que primero pasaron unos días en una iglesia. Luego mis abuelos se fueron a una pensión, y mis padres y mi hermana Irma a un apartamentito. Luego nació Myroslava, en 1946. Siguieron viviendo en condiciones algo difíciles hasta que, después de solicitar emigrar a Venezuela (mi abuelo no soportaba el frío y era un país ideal para él), mi padre tuvo ofertas de la Shell como geólogo en Curaçao, pero eso significaba estar seis meses en Holanda y no era posible dadas las condiciones de la familia en general. Tuvo una oferta de empleo en el Ministerio de Obras Públicas de Venezuela. Los papeles tardaron, y mi madre pasó mucha angustia al estar embarazada (era yo), ya que los barcos no aceptaban mujeres con mas de cinco meses de embarazo. Pero ocultó que ya tenía más de seis. Mi madre Halyna fue varias veces al consulado a preguntar por esos papeles, y nada… Al final tuvo que poner firme al encargado. Él sacó los papeles y los firmó, selló, se los dio… y así consiguieron puesto en el barco La Colombie y llegaron a Venezuela, que aceptó una inmensa inmigración de ciudadanos apátridas de diversos países. Fueron albergados en barracas, Mi padre comenzó a trabajar a las pocas semanas. Cuando yo nací, todos estábamos en un cuarto en Caracas, en La Florida. Luego pudieron llegar mis abuelos el 1 de abril de 1948 y hubo que mudarse. Mi abuelo falleció en noviembre de 1952. Mi padre trabajó en la construcción de represas en varios estados del país, y falleció el 6 de enero de 1961, tras cuarenta días de terribles sufrimientos, cuando ya se le esperaba en la UDO como profesor de Ingeniería Geológica.

– ¿Cómo están viviendo la guerra que asola el país ahora mismo? ¿Qué opina la gente en Venezuela de este conflicto? ¿Crees que el giro que ha dado Maduro en sus relaciones con EE.UU. tendrá consistencia?

– Estamos viviendo esa guerra con inmensa tristeza, dolor. Esa llamada desnazificación, que en realidad es un genocidio, está suponiendo una destrucción brutal. Un inmenso porcentaje de ucranianos aún llora a los familiares muertos y lisiados por los nazis, y también a los familiares muertos en el Holodomor, el gran terror stalinista. Hay un pequeño porcentaje de neonazis en el país, porque lamentablemente, personas desequilibradas las hay en todas partes. En Rusia hay bastantes. Allá hay una cuerda de desquiciados psicópatas. Y ese tipo aún llora lo que considera la mayor catástrofe geopolítica de la historia: el desmembramiento de la URSS. Pero no es eso. Es que el mar Negro y otras regiones de Ucrania las quiere para su imperio. El mar es muy importante y la península de Crimea es de Ucrania. El país de mis ancestros posee grandes riquezas minerales, y tierra negra de seis a diez metros de profundidad. Si vas más lejos en el tiempo, cuando lo que se llama Rusia era Moskovia, la Rus de Kyiv (nombre deriva de Rutenia) fue siempre la capital de Ucrania. Era un centro cultural y comercial en el centro de Europa. Crimea era parte del imperio otomano. A costa de lo que sea, se quiere volver a anexionar a ese país europeo. Por eso el tirano mata a miles, destruye centenares de escuelas, hospitales, construcciones civiles, museos… Y dice que ama a los ucranianos.. ¡por favor! Sobre Maduro, cualquier cosa que te diga puede cambiar al día siguiente. Imposible dar una respuesta.

– ¿Qué artistas o escenas de la música electrónica actual le parecen interesantes?

– En este siglo, las expresiones musicales de miles de artistas y grupos que se dedican a la música electrónica son innumerables. Hay infinidad de espacios, escenarios de los cuales forman parte. Es interesante y fascinante lo que se logra con la inagotable creatividad del ser humano. Los sonidos electrónicos están presentes en la vida en las ciudades, y a menudo pienso en la paz que hay en los espacios naturales, en la inspiración que se siente cuando nos alejamos del bullicio de las ciudades. La meditación al lado de un riachuelo, por ejemplo. Una de las posibilidades que me parece muy interesante, es la exploración de los sonidos ancestrales, los que llevan al organismo a un estado de equilibrio, y lo que con ella se está logrando en el ámbito de la música como terapia. Es un mundo ya explorado, pero tal vez falte mucho por descubrir acerca de los sonidos que encontramos en la naturaleza, que son integrados en obras electroacúsicas, y acerca de los sonidos sanadores de los instrumentos arcaicos. Lograr combinar de la manera más armónica sonidos electrónicos con esos sonidos ancestrales, y poder medir con la tecnología actual su influencia en el organismo, puede ser fascinante. La voz es un instrumento. Hay cantos que han demostrado poder sanador. ¿Cómo puede o no puede el ingrediente electrónico potenciar su efecto? Son vibraciones, ondas, y los instrumentos electrónicos bien empleados han mostrado ser importantes. Así lo indican estudios realizados en instituciones dedicadas a ello. Aquí me voy a referir a dos naturalistas, filósofos, trascendentalistas: Henry David Thoreau y Ralph Waldo Emerson. Para los trascendentalistas, el alma de cada individuo es idéntica al alma del mundo y contiene lo que el mundo contiene. Emerson sostuvo que la verdadera independencia del individuo se consigue con la intuición y la observación directa de las leyes de la naturaleza. El ser humano, cuando se encuentra en contacto con la naturaleza, haciendo uso de la intuición y la observación, es capaz de entrar en contacto con la energía cósmica, la fuente creadora de la vida, identificada como Dios —u orden— por los deístas, y como ‘totalidad’ por los panteístas. La naturaleza es un lenguaje y cada nuevo hecho aprendido es una nueva palabra; pero este no es un lenguaje desarmado y muerto en un diccionario, sino un lenguaje puesto en conjunto en un sentido significativo y universal. Deseo aprender este lenguaje, no para conocer una nueva gramática, sino para poder leer el gran libro escrito en esa lengua. Thoreau expresó que vivimos en sucesión, en división, en partes, en partículas. Mientras tanto dentro del hombre está alma del todo; el silencio sabio; la belleza universal, con la que cada parte y partícula está igualmente relacionada, el Uno eterno. Y este profundo poder en el cual existimos y cuya beatitud es completamente accesible a nosotros, no es sólo auto-suficiente y perfecta en cada hora, sino que el acto de ver y la cosa vista, el vaticinio y el espectáculo, el sujeto y el objeto, son uno. Vemos el mundo pieza por pieza, como el sol, la luna, el animal, el árbol; pero el todo, del cual estas son partes brillantes, es el alma. Thoreau dijo: «Fui a los bosques porque quería vivir solo, deliberadamente, para afrontar los hechos esenciales de la vida y ver si podía aprender lo que tenía que enseñar y no descubrir, a la hora de la muerte, que no había vivido. No quería vivir lo que no era vida, ni quería practicar la renuncia, a menos que fuese necesario. Quería vivir profundamente y extraer toda la médula a la vida, vivir de una forma tan intensa y espartana que pudiese prescindir de todo lo que no era vida…». Menciono a esos filósofos del siglo XIX por lo que pudiesen aportar, y que sin duda lo han hecho, a la música experimental. Lo que algunos sentimos a veces, y lo que la ciencia ha comprobado, es que estamos conectados, no necesariamente desde la perspectiva religiosa, sino por lo que la física, la química, la biología pueden explicar. Por la evolución, toda célula tiene memoria de su origen, como he mencionado. Esa filosofía se puede percibir de alguna manera desde los principios de la generación de sonidos por seres humanos y hasta de algunos animales. El ritmo de los tambores que lleva a un estado de trance. Las danzas giratorias de los derviches, que supuestamente los transportan a tiempos futuros, o para alcanzar el éxtasis. El chamanismo se basa en la premisa de que el mundo visible está impregnado por fuerzas y espíritus invisibles de dimensiones paralelas que coexisten simultáneamente con la nuestra, que afectan a todas las manifestaciones de la vida. Las danzas chamánicas las encontramos en todos los continentes. El tema es en extremo extenso. Últimamente escucho a Ana María Romano, Ana Mora Flores, María Emilia Pérez, Alejandra Luciana Cárdenas, Meg Wilhoite, Patricia Devicentis, Michael Stearns, Emilio Mendoza, Thom Brennan, Madalyn Merkey, Nicolas Jaar, Steve Roach, Akira Kosemura, Modern Obscure Music, Miguel Noya, Jame Vella, Chuck Van Zyl, synth.nl, DJ Koax, Dennys José González, Jon Natchez, Space Africa…

– ¿Qué le parecen las producciones de la escena urbana/reguetón actual? ¿Diría que Daddy Yankee, por ejemplo, se puede considerar artista de música electrónica?

– Hay de todo para todos. No es la música que escucho usualmente. Pero respeto a Daddy Yankee por su origen y el esfuerzo por superarse, por salir del círculo de tristeza en el cual se desarrolló su vida en la infancia y adolescencia. Entiendo que debido al empleo de sintetizadores y otros equipos, Daddy Yankee puede ser considerado artista de música electrónica. Pero como creo que no hay un acuerdo entre analistas, no puedo decir si es o no. Actualmente muchos grupos emplean instrumentos electrónicos. Veo que se retira, al menos por ahora, del espectáculo. Queda la interrogante de si volverá.

– ¿Tiene pensado presentar su disco en sesiones con público?

– Hay propuestas. El miedo, que más bien es terror escénico, es algo que me puede sabotear esas presentaciones. Como probablemente será escuchar el disco y que la gente comente y haga alguna pregunta, pues espero que todo salga bien.