Abraham Sequeda: La complejidad actual y visión del sistema sanitario venezolano

Un país saludable, es aquel cuyas instituciones colocan diariamente todo el empeño en mantener la salud de la población. Si tomamos la definición de la Organización Mundial de la Salud como el “estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”; entonces en términos muy prácticos, es aquel país en el cual es deseable vivir y además se vive bien.

Un punto de partida para el diseño e implementación del Sistema Sanitario Venezolano, debe ser dirigido desde el marco jurídico, atendiendo por supuesto a lo que hoy existe. La Ley Orgánica de Salud promulgada en Gaceta Oficial número 36.579, del 11 de noviembre de 1998, es la ley de salud vigente en Venezuela.

Por desgracia esa ni cualquier otra se cumple; es decir, desde el espíritu de la norma en cuanto a lo que significa el derecho a la salud, es totalmente inapropiado y hasta retorcido. La salud en Venezuela depende de decisiones particulares, fragmentadas, superficiales, sin propósito ni lineamientos, tampoco se consideran las fuentes de financiamiento ni la contraloría.

El tema está hueco; entre la torpeza, el autoengaño, la anarquía, el fingimiento, la incompetencia y la vileza de los que no les importa nada, han generado discusiones intrascendentes de “propuestas de leyes” que no cuajan. Más que una idea principal, una realidad, es concebir un sistema sanitario donde el Estado no acumule riqueza para redistribuir a discreción de planes partidistas/ideológicos, un manifiesto claro de que no puede controlar todo, ni puede financiar el acceso a los servicios médicos y medicamentos, pero si puede hacer políticas en salud y regularlas.

Sin embargo, observando el vaso casi vacío, la tarea es llenarlo de buen contenido. Como siempre, hago énfasis en comenzar pensando (los malos también piensan). Una estructura de ente rector de las políticas en salud, con un organigrama estructural y funcional muy económico y muy bien capacitado (esto no es mutuamente excluyente). La capacitación debe estar cimentada en tres vertientes: la capacidad científica-técnica, la proactividad administrativa y la gobernanza anticipatoria.

En el ámbito de salud,  guiados siempre por responsabilidad hacia el ser humano, cumplir con el principio de no maleficencia, y luego entonces, la elaboración de procedimientos pulcros, ágiles, rendición de cuentas periódicamente, fuertes auditorias desde y hacia las instituciones, organizaciones y en general el sistema de asociaciones encargadas y como consecuencia de todo, una nula corrupción.

Y para ir engranando las respuestas, la visión de la atención primaria y red ambulatoria (experiencia global-visión local), seguridad social de salud (visión regional), servicios clínicos y cobertura universal (visión nacional), prevención y control de enfermedades.