Un colmillo da la primera prueba de la migración anual de un animal extinto

En la imagen de archivo, detalle del colmillo de un mastodonte descubierto en Tegucigalpa (Honduras). EFE/Gustavo Amador.

 

Los mastodontes emigraban para aparearse. Así lo revela el análisis del colmillo de un ejemplar que murió en un combate hace unos 13.200 años, en lo que constituye la primera prueba de la migración anual de un ejemplar individual de un animal extinto.

Un estudio encabezado por científicos estadounidenses y que publica hoy Pnas reconstruye con el análisis químico de partes de un colmillo la historia del conocido como mastodonte de Buesching, quien durante tres años recorrió anualmente 160 kilómetros desde su territorio natal, posiblemente para buscar pareja.

El mastodonte errante, un adulto de ocho toneladas y 34 años, murió en una pelea por el acceso a sus parejas, cuando un adversario le perforó el lado derecho del cráneo con la punta de un colmillo, indica el estudio, y sus restos fueron descubiertos en Indiana (EE.UU) en 1998.

Los expertos consideran probable que el noroeste de Indiana fuera el lugar preferido de apareamiento en verano para este animal.

“El resultado único de este estudio es que, por primera vez, hemos podido documentar la migración anual por tierra de un individuo de una especie extinta”, según el paleoecólogo de la Universidad de Cincinnati Joshua Miller, primer autor del estudio.

A través del estudio de uno de sus colmillos, usando nuevas técnicas de modelado y diversas herramientas geoquímicas, “hemos podido demostrar que los grandes mastodontes machos como Buesching emigraban cada año a los lugares de apareamiento”, agregó.

Los mastodontes, los mamuts y los elefantes modernos tienen dientes incisivos superiores alargados que emergen del cráneo como colmillos. En cada año de la vida se depositan en ellos nuevas capas de crecimiento, de forma parecida a los anillos de los troncos de los árboles.

Con el crecimiento, los elementos químicos de los árboles y arbustos con que se alimentaban y del agua que bebían se incorporaban a los tejidos de su cuerpo, incluidos los colmillos que crecían y se afilaban.

El equipo usó una fina sección longitudinal del colmillo derecho del animal, que tiene 2,8 metros de largo y está mejor conservado que el izquierdo.

El análisis de isótopos de estroncio y oxígeno permitió a los científicos reconstruir los patrones cambiantes de uso del paisaje durante dos períodos clave: la adolescencia y los últimos años de la edad adulta.

La composición y estructura del colmillo facilita un salto en el tiempo, pues en él queda reflejado el crecimiento y el desarrollo del animal, así como su historia de cambios en el uso de la tierra y en el comportamiento.

Los análisis revelaron que el área de distribución original del mastodonte de Buesching estaba probablemente en el centro de Indiana. Al igual que los elefantes actuales, el joven macho permaneció cerca de su hogar hasta que se separó de la manada, liderada por la hembra, cuando era adolescente.

Una vez adulto y en solitario, se desplazaba más lejos y con mayor frecuencia, recorriendo a menudo casi 32 kilómetros al mes, según los investigadores.

Además, su uso del territorio variaba con las estaciones, incluida una expansión hacia el norte en una región exclusiva de verano que incluía partes del noreste de Indiana, el supuesto lugar de apareamiento.

“Cada vez que se llega a la estación cálida, el mastodonte Buesching se dirigía al mismo lugar repetidamente”, agregó Miller .

En los duros climas del Pleistoceno, la migración y otras formas de uso del paisaje según las estaciones fueron “probablemente fundamentales para el éxito reproductivo de los mastodontes y otros grandes mamíferos, indica el equipo.

Sin embargo, según el estudio, se sabe poco de cómo sus áreas de distribución geográfica y su movilidad fluctuaban estacionalmente o cambiaban con la madurez sexual.

EFE.