Video viral de la brutal golpiza contra mujeres en un restaurante en China desata la fiebre por clases de defensa personal

Video viral de la brutal golpiza contra mujeres en un restaurante en China desata la fiebre por clases de defensa personal

Clase de defensa personal en el gimnasio Jiufu Boxing en Pekín. EFE/EPA/MARK R. CRISTINO

 

El vídeo de una paliza propinada en una ciudad china por un grupo de hombres a unas jóvenes que rechazaron sus “atenciones” y que horrorizó a la población ha puesto en pie de guerra a las mujeres del país, sobre todo en las grandes ciudades, donde se ha disparado la demanda de clases de defensa personal.

Yang, Xu y Charlotte son tres jóvenes de 15 años que desde la semana pasada acuden a un gimnasio de Pekín para aprender a repeler una agresión. Todas tienen grabadas en la mente las brutales imágenes del “vídeo de Tangshan”, la ciudad norteña donde se produjeron los hechos que han indignado a la sociedad china.





“Estamos conmocionadas. Por primera vez, nos dimos cuenta de que este tipo de cosas suceden en nuestra sociedad”, afirma a Efe Charlotte tras la clase, mientras sus dos amigas asienten cuando añade que “aunque este incidente no es un fenómeno común, es una llamada de atención para nosotras”.

GOLPEAR SIN GUANTES

Los teléfonos no han dejado de sonar en el centro de boxeo Jiu Fu desde que se difundió el vídeo del ataque, por el que ya hay casi una decena de detenidos y al menos un mando policial expulsado.

Liu Hongdou, instructora, indica que dos o tres días después de que el vídeo se hiciera viral tuvo que colgar el cartel de “completo”. Las redes han hecho que las jóvenes tomen conciencia de algo que “no es nuevo, siempre ha estado ahí”, matiza.

Sobre el tatami muestra a sus siete alumnas cómo zafarse del peligro en distintos escenarios, como en un taxi, si el atacante las arrastra por el suelo, cómo correr para escapar de un agresor, cómo golpear en gancho desde una posición inferior “porque les gusta mucho agarrar del cuello a la víctima” e incluso qué hacer en caso de incendio en un local abarrotado.

Las chicas aprenden a golpear sin guantes porque “en las situaciones de la vida real no van a llevarlos puestos”, comenta.

Clase de defensa personal en el gimnasio Jiufu Boxing en Pekín. EFE/EPA/MARK R. CRISTINO

 

“Crecí en Hubei, donde la violencia callejera es común y hay grupos de personas peleando con cuchillos por todas partes. Mi conciencia de seguridad se cultivó allí. Pero en Pekín descubrí que las chicas no están concienciadas con la seguridad. Es fácil que discutan y se pongan en una situación muy peligrosa”, apunta Liu.

UN ASUNTO FAMILIAR

Como explica la profesora, escenas como la que ha desatado esta fiebre por la autodefensa no son habituales en las megalópolis chinas, donde la violencia machista se sigue produciendo de puertas adentro y aún se considera un asunto familiar.

China aprobó en 2016 una Ley de Violencia Doméstica, pero el Gobierno central permite a las regiones su propia interpretación.

La violencia y el abuso contra las mujeres estaban ya sobre la mesa antes del vídeo de Tangshan a raíz de otro vídeo que denunció el caso de una mujer que fue vendida en 1998 y permaneció años encadenada. El asunto tuvo eco incluso en la reunión del Legislativo chino el pasado marzo.

Y en diciembre, el Diario Legal de China avanzó el borrador de una reforma para redefinir los casos de discriminación y violencia contra las mujeres que incluía el acoso sexual y el concepto de “lavado de cerebro”, poniendo en el punto de mira a las “escuelas de moral femenina” que han proliferado en los últimos 20 años en China y que enseñan a las jóvenes a comportarse de forma sumisa ante los hombres.

Pero en estos días queda claro que las mujeres chinas, sobre todo las más jóvenes, no están dispuestas a poner la otra mejilla.

Yonina Chan, instructora de otra cadena especializada, también confirma el incremento de la demanda de clases de defensa personal para mujeres y la proliferación de seminarios sobre el tema en Pekín.

Las instructoras Liu Hongdou y Tao Tao en el gimnasio Jiufu Boxing en Pekín. EFE/EPA/MARK R. CRISTINO

 

“Empezamos a recibir un número inusual de llamadas, y entonces vimos lo de Tangshan. Fue duro de ver para mucha gente y la reacción en internet fue muy rápida y emocional”, sostiene.

Chan considera que el número de ataques machistas denunciados apenas refleja la cifra real porque la mayoría se da en el entorno doméstico, “no aparecen en los medios y ni siquiera llegan a oídos de las autoridades”.

EL MENOR DAÑO POSIBLE

Las instructoras coinciden en dos mensajes: la injusticia de culpar a las víctimas y, en situaciones de riesgo, la necesidad de mantener la calma para salir indemne.

“Más allá de las técnicas físicas es importante buscar una clase que enseñe defensa propia de forma integral: se debe cubrir toda la línea temporal de una agresión, sobre todo para poder reaccionar a tiempo, preverlo para marcharte”, subraya Chan.

También insiste en que “la defensa personal consiste en salir de una situación de riesgo sufriendo el menor daño posible. En autodefensa no solo aprendes habilidades físicas, sino la habilidad mental para evitar la situación de riesgo”.

Charlotte y sus amigas lo resumen así: “La forma de proteger las flores no es evitar que florezcan”.

La violencia contra mujeres y niñas es una violación grave de los derechos humanos y el derecho de las mujeres a vivir sin violencia está recogido en acuerdos internacionales. En el ámbito mundial, solo el 40 por ciento de las mujeres busca ayuda tras sufrir violencia, lo que obliga a las instituciones a promover políticas de prevención y ayuda.

 

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