Gloria Cuenca alerta al periodismo venezolano ante un nuevo invento del chavismo para agudizar la censura

Gloria Cuenca, prestigiosa escritora, periodista y ganadora del Premio Nacional de Periodismo en 1990

 

 

 

 

 

Desde su tímida insinuación en el foro chavista que usurpó la Asamblea Nacional, el periodismo libre en Venezuela ha visto el peligro de ejercer su labor más de cerca, con temor, incluso, con más terror que cualquier represión. Reformar la Ley del Ejercicio del Periodismo significa un ataque directo y mortífero contra la voz y el pulso de quienes se encargan de llevar la verdad a los hogares del país.

L.S // lapatilla.com

Después de tanta censura, bloqueo y hostigamiento a lo largo de más de 20 años, el gremio de los comunicadores del país se ha visto en un nuevo frente de batalla.

De la presunta reforma no se conoce casi nada, solo una insinuación de la “diputada” del Psuv, Carola Chávez, miembro de la Comisión de Medios de la Asamblea de Maduro, quien afirmó sobre la necesidad del reconocimiento de los periodistas no egresados de las universidades, a quienes llamó “egresados de la universidad de la vida”. Es decir, aquellos que sin formación académica han intentado asumir de facto una labor que no es para cualquiera.

Un asunto que no es nuevo, ya que durante muchos años desde las entrañas del chavismo han intentado “preparar” a personas con escasos conocimientos para llevar a cabo profesiones complejas, así como se ha visto en el gremio de la medicina.

Salvando distancias, usurpar el ámbito comunicacional tiene riesgos sumamente peligrosos para los venezolanos, y para dar claridad a la situación, la célebre periodista Gloria Cuenca, Premio Nacional del Periodismo en 1990 y autora de tres libros convertidos en referencia para los profesionales de la información, conversó con lapatilla.com y expuso su certera opinión.

Gloria Cuenca es escritora, periodista y profesora titular jubilada de la Universidad Central de Venezuela, donde impartió la cátedra de Ética y Legislación de la Comunicación durante 27 años. Fue columnista de opinión en los medios de comunicación impresa Últimas Noticias y El Regional del Zulia.

Asimismo, estudió Derecho en la Universidad de Roma y en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la UCV. Luego, obtuvo el título de Magíster en Comunicación Social, mención Política y Planificación de la Comunicación en América Latina (UCV, 1982) y más tarde el Doctorado en Ciencias Políticas (1989).

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Entrevista

Gloria Cuenca.

 

 

 

 

PREGUNTA (P): Pese a que el régimen no ha especificado o revelado directamente sus “intenciones” con respecto a la reforma de la Ley del Ejercicio del Periodismo en Venezuela, han salido a la luz declaraciones de diversos voceros chavistas sobre la medida y dejan entrever que planean llevar a cabo la desprofesionalización del periodismo. ¿Será esta “reforma” un arma para agudizar la violencia, censura y cierre de medios de comunicación?

RESPUESTA (R): La pretendida reforma de la Ley del Ejercicio del Periodismo es otra acción en contra de la seriedad, la honestidad y la libertad en el ejercicio de la profesión periodística, con larga data universitaria.

Desde que existe la norma jurídica positiva, las leyes deben ser actualizadas, por cuanto es bien sabido el Derecho marcha detrás de los procesos que cambian y auspician el desarrollo del mundo. Existen juristas y especialistas, que atentos a esos procesos evolutivos, se mantienen informados para proseguir, plantear, someter a discusión y, posteriormente, hacer las modificaciones necesarias.

Sin embargo, no se observa en los comentarios ni en las declaraciones de los voceros que se han expresado en torno a la posible reforma, ningún interés real en reformar la ley para actualizarla. Lo que han planteado son algunos temas, superados en la práctica por el profundo fracaso que tuvieron al insistir en aplicarlos en países con sistemas de carácter totalitario. Hablan de corresponsales revolucionarios, periodistas alternativos, entre otros, como si estuvieran descubriendo el agua tibia. Resulta preocupante darse cuenta de que, sucesivos fracasos en los países sin libertad de expresión, no han sido analizados ni discutidos. Pretender insistir en los errores, no tener ningún tipo de intención rectificadora, llama la atención.

Cuba, en su momento, fue el principal laboratorio en el sentido de la prensa denominada de “siquitrilla”, (supuestamente, ejercicio ultrademocrático del periodismo: libre, sin censura, dispuestos a escuchar todo) donde, después del ejercicio liberador y circunstancial, se pasó a total ausencia del periodismo y a transformar los medios, todos, en una gigantesca industria de propaganda política, eliminando el verdadero sentido del periodismo libre e independiente. Además, funcionó como una gigantesca trampa: se supo quién los apoyaba y quién los adversaba, lo que sirvió para mayor represión y persecución.

El otro ejemplo de prensa, con intenciones democratizadoras, fue el “dazibao” en China comunista. (Se trató de carteles, pancartas expuestas en todas partes criticando la acción de los dirigentes y revolucionarios).

El país, grande como es, se transformó en una enorme pancarta donde se exponían los defectos y las críticas al sistema. No lo resistió el régimen y eliminó el movimiento antes de que se obtuviera algún resultado. Logrando, eso sí, identificar a los opositores y disidentes, con consecuencias nefastas. Lamentablemente, este tipo de gestión odia las libertades: libertad de expresión y las otras, además la transparencia, el desarrollo y el progreso. Terminan eliminando todo vestigio de libertades.

El último y patético ejemplo fue el glasnost en la URSS. Al permitir la libertad de expresión, el régimen se vino abajo. No se podía resistir tantas mentiras y falacias. Comenzó por el análisis de Chernóbil (1986) y lo que había sucedido en realidad. Se pasó a lo económico, y de allí en adelante la URSS desapareció. Imposible, no resisten las libertades implicadas en la expresión. Resulta dramático – no me canso de decirlo – cómo repiten los mismos errores, obtienen los mismos desastrosos resultados, no les importa.

(P) ¿Qué será de la carrera del periodismo si el chavismo termina de meter sus manos en la profesión?

(R) El gremio periodístico está alerta y preparándose para enfrentar esta nueva batalla -una más-contra la obsesión por eliminar la libertad de expresión, la de información, la de opinión.

Se realizan foros, debates, jornadas en contra de la pretendida reforma. Las directivas nacionales y las regionales van produciendo documentos de repudio contra la “desconocida y anunciada” reforma. No se espera nada positivo.

Siguiendo aquello de “por sus hechos los conoceréis”, no se puede esperar nada justo, menos actual y adecuado con esta reforma.

La cuestión de quitar el valor que implica cursar estudios universitarios, invalidando a los periodistas profesionales egresados de las veinte escuelas de Comunicación Social que existen en el país, es simplemente una nueva acción contra la cultura, el saber, el conocimiento y la información, que desde el régimen se viene presentando.

Lo han hecho con los llamados “médicos integrales”, con un grado de irresponsabilidad que raya en lo delictual. No solo se trata de engañar la buena fe de jóvenes que llenos de aspiración, confían en que, efectivamente, serán formados para médicos. En términos coloquiales es como entregar a “un mono una hojilla”. Jamás han visto Anatomía, menos Fisiopatología ni ninguna de las materias fundamentales que facultan a un egresado de la Facultad de Medicina para ejercer como médico.

La Escuela de Periodismo de la Universidad Central de Venezuela tiene 75 años de fundada. El decreto de fundación de la escuela es de 1946, N.421. firmado por el presidente de la Junta Revolucionaria, Don Rómulo Betancourt. La escuela de la Universidad de Zulia tiene 64 años de fundada y la de la Universidad Católica 64 años también. La historia de las escuelas pasa por las crisis y situaciones que han sufrido nuestras universidades. Como el ave fénix renace, cada vez con más poder y fuerza. Con la convicción de la necesidad de estudiar para prepararse en una materia tan novedosa y necesaria.

Hay más de 20 Escuelas de Comunicación Social en todo el país en este momento. Formadoras de periodistas (impresos, en radio y TV) comunicólogos, publicistas y relacionistas públicos, entre otras menciones y especialidades. De esas 20 Escuelas, hay una en la Universidad Bolivariana, el resto son instituciones académicas de alto prestigio. Existe en el Zulia, una universidad con escuela de comunicación a distancia (Universidad Cecilio Acosta). Todo el territorio de Venezuela tiene escuelas de formación profesional para el periodismo, públicas y privadas. En la actualidad, hay cursos de tercer y cuarto nivel: Especialización y Maestrías, en Caracas, Valencia, Barquisimeto y Maracaibo.

Pretender eliminar este avance en materia tan inmensamente desarrollada como la Comunicación Social pone de manifiesto incultura e incivilización, casi inexplicable, en estos tiempos. La verdadera revolución no ha sido la que presagiaban los marxistas leninistas, es la revolución científico-técnica, donde la información, la comunicación y el periodismo resultan fundamentales para el desarrollo humano.

(P) ¿Cómo la violencia y la censura podrán ejercerse impunemente en las regiones de Venezuela?

(R) El derecho de la información está consagrado en el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano del 10/12/1948, como un derecho humano.

La Constitución vigente en su artículo 58 especifica la libertad de información y establece cómo debe ser la información: oportuna, veraz e imparcial. Al limitar a los periodistas, a su libertad de expresión e información, se violenta la garantía universal y nacional, y se exponen los autores de tal censura a ser juzgados por la Corte Penal Internacional, por derechos que no prescriben.

Cualquier trastorno de salud, prevención de desastres naturales o provocados, problemas surgidos circunstancialmente y que pudieran ser advertidos mediante la información, oportuna, veraz e imparcial, y no lleguen a los sitios de toma de decisión y con la capacidad de resolver el problema, puede ser interpretado como violencia en contra de los derechos humanos de personas, poblaciones y demás.

Los periodistas no tienen otra alternativa que “decir lo que no quieren que se diga”. Y ¿cómo hacerlo? Buscando un lenguaje que no sea accesible a quienes están al frente de los organismos represivos, es decir, atendiendo al cómo decir las cosas, ante las cosas que se dicen. Por supuesto, es un desafío más, pero ya sabemos nuestra lucha por la libertad de expresión e información es un profundo y permanente reto.

Sin duda la intención detrás de la reforma es manipular, presionar, atentar contra las libertades de expresión, información, opinión y prensa. Se conocen sus propósitos verdaderos. Prepararse e insistir en la lucha es lo que queda.

El chavismo pone al periodismo y la libertad de expresión en “peligro de extinción”