Justo Mendoza: Despolitización y privatización de la política ¿Desmantelando la democracia?

Justo Mendoza

Hay un creciente proceso de estrechamiento de la esfera pública inducido desde el Estado. Tiene su raíz en el posmodernismo político abrazado por la izquierda divina en alianza con el fascismo eterno. El proceso se perfila desde la exaltación de lo comunal y colectivo, con trazas de individualismo, y al mismo tiempo con la desaprobación y censura de todo cuanto involucre iniciativa ciudadana bien de manera directa o a través de la organización de la sociedad civil y las acciones de crítica, rechazo y reprensión que desde la ciudadanía se haga.

Así, administrar los servicios públicos sin la presencia organizada de la ciudadanía; intervenir en los sueldos y salarios de los trabajadores -para su desmejora- sin la activa presencia de sindicatos y gremios; implantar la voracidad impositiva sin la opinión y consenso de los tributantes; cambiar nombres de vías públicas y plazas, parroquias, municipios, estados sin la opinión consultada de los ciudadanos; asumir que los recursos naturales y el ambiente son materias privativa del estado sin cimiento ciudadano ni público es, de cuanto ocurre, una pequeña muestra verificable del proceso de oligarquización de las decisiones lo cual es una expresión de la intencionalidad de la despolitización de la sociedad.

La contracara es que se ha logrado que los ciudadanos nos alejemos de la política, resignemos el ánimo de progreso y prosperidad, nos apartemos de los principios de sostenibilidad como garantía, confundamos política con partidismo o corrupción, y clamemos por la esterilización del poder.

Aunque es una perogrullada, mas hay que tenerlo presente, los ciudadanos no debemos alejarnos de la política porque nos alejamos de lo público: la política no es un ejercicio privado ni un entretenimiento: connota la ciudadanía como concepto sociológico y jurídico, y comporta la participación de los ciudadanos en el hecho público.

Los autoritarismos, totalitarismos y dictaduras -los extremismos antidemocráticos, todos con un alto agregado de militarismo-, buscan la despolitización de los ciudadanos “privatizando” la política a su favor puesto que la política -en la democracia- es en esencia el clima del poder, de las decisiones, de la dinámica de gobierno y de oposición en el seno de la sociedad. Buscan convertir la sociedad democratica en sociedad de ciudadanos administrativos.

En Venezuela hoy, la despolitización de la sociedad, va en la doble vía del discurso participativo e inclusivo del oficialismo que glorifica la narrativa del protagonismo popular, en un sentido; y a su vez, en el desmantelamiento de la organización social democrática como gremios, sindicatos, ong’s, comités ciudadanos de control y supervisión de servicios públicos, y similares -en el otro sentido- para yugular, ahorcar, las iniciativas y emprendimientos asociativos.

Todo montado en una estrategia de hegemonía política y control social, que procura convertir la participación y protagonismo ciudadano en sujetos administrativos de implementación de la hegemonía del estado totalitario pretoriano. El fin último es la liquidación de la institucionalidad constitucional democrática, hacia la conversión de un Estado Corporativista para lo cual es indispensable la despolitización social y la privatización de la asociatividad que convierte a los ciudadanos organizados en meros administradores de las decisiones políticas del Estado Pretoriano Financiero y populista desinstitucionalizado.

En este estado de cosas, las luchas gremiales y sindicales -educadores, médicos, técnicos de enfermería, asociaciones de productores, estudiantes, entre otros- y las movilizaciones de vecinos organizados en consejos comunales y mesas de trabajo social significan una revitalización de la política como ejercicio ciudadano para involucrarse en lo público y contender contra el objetivo hegemónico del régimen autoritario militarista y sus propósitos de desmantelar la esfera pública para implantar un colectivismo tutelado por la triple alianza de las concepciones comunistas, militaristas y financieras.

Los grandes ausentes de este proceso son los partido políticos democráticos imbuidos en una distracción administrativa -ejemplo emblemático de la despolitización- como son las llamadas primarias, proceso amenazado por la desesperanza aprendida e inducida, la decadente reputación del liderazgo político “primarófilo”, y la desconfianza generalizada al partidismo, que hace del proceso planteado un acto privado. Expresión de esta “privatización” -entendida como disociacion de su esencia pública- es la proliferación de partidos satélites del régimen que pugnan por ser reconocidos como oposición y buscan desde su socarrona ambivalencia ser prohijados por el gobierno: son taquillas consulares de ambiciones particulares.

Así, es necesario revitalizar la esfera pública y la participación política. Igual es necesario una acción política, de poder transformacional, para concertar la voluntad del país.