Iván López Caudeiron: La realidad de nuestras ciudades

Todos los días se observan los dramas de nuestras ciudades del país. Unas con más problemas que otras, pero en el fondo, el mal vivir de nuestra gente, es lo cotidiano, lo acostumbrado. El reclamo ciudadano ha sido la protesta recurrente, de todos los días. Es una situación que desborda lo común y manejable por los gobiernos locales. No tenemos un buen país cuando se detalla “La realidad de nuestras CIUDADES”.

Los TIEMPOS han cambiado

  Una, dos o decenas de protestas por la falta de agua es lo habitual en los portales, noticias locales, incluso la difusión de noticias regionales en las televisoras nacionales. Es que lo que hay, diría un joven en el idioma de los días que corren; y así nos va, día tras día, con informaciones parecidas, cada una en una geografía diferente, en calles parecidas y protestantes con los mismos reclamos. Unos días son menos, otros aumentan, pero siempre presentes los gritos y voces buscando soluciones para problemas reales de nuestras urbes. La regla de hierro de estas cobertura por partes de los medios y portales, es tenga el interés colectivo; es decir, mientras sea “de interés” al lector, televidente o radioescucha, siempre habrá una gran posibilidad de sacar dicha noticia, dicho reclamo ciudadano. Allí la fórmula aplicada es: La gente acepta y sigue una información que le guste, le agrade, o por lo menos que tenga una atractivo visual o auditivo capaz de cautivar al interesado. Esto, ha cambiado con las redes sociales, donde cada quien busca lo que quiera. Y las protestas y reclamos de los ciudadanos, basta con una #Etiqueta para encontrarse. Quien quiere busca y encuentra según su interés. Los tiempos han cambiados hasta para este tema de las denuncias. Así de simple.

La REAL y oculta, y la IDEAL que se muestra

  Desagrada, no interesa que le digan a uno que Caracas u otras ciudades principales del país, están divididas en dos, la real y oculta, y la ideal que se muestra. O mejor dicho, una ciudad enferma y otra curada. Ubiquémonos en la nuestra, en Carabobo, específicamente en Valencia. Por un lado tenemos El Viñedo con la zona de los cafés y restoranes de buen vivir, o el mismo centro de Valencia, recientemente remozado en las calles aledañas al Teatro Municipal. Allí se visualiza una metrópolis, llena de luces y calles que impresionan a cualquiera, buena arquitectura, audaz en sus formas. Y cercano al viñedo, urbanizaciones bellas y elegantes como la Viña o el mismo Prebo. Eso es allí, en esa ciudad IDEAL que se muestra; pero por otro lado está la Valencia de los más de 400 barrios en el sur, con más de 600 mil personas, que representa más del 40 por ciento poblacional de nuestra ciudad, con decenas de problemas como la falta de agua, inseguridad, calles destrozadas, marginalidad, desempleo generalizado, y pare usted de contar. Mientras ésta otra Valencia exista, la Valencia de las luces de los cafés, y las urbanizaciones bonitas, no será más que un decorado de un teatro bonito y una buena puesta en escena, pero solo eso, que poco disfrazará la realidad de esta ciudad REAL y oculta.

Los MARGINADOS, la gran palabra

  Esa es, por desgracia, la realidad de nuestras CIUDADES. Todos los problemas de nuestro país, están representados y contenidos allí: la subcapacitación cultural y profesional de gentes que no hemos sabido integrar ni a la producción ni al disfrute mínimo de las ventajas de la sociedad moderna que hemos creado para minorías con la riqueza de todos, que es el petróleo y nuestro recursos naturales. Mención aparte, y generadores de estas desigualdades también los son: la procreación irregular y el abandono de las madres solteras y sus hijos; el éxodo a las grandes ciudades de provincianos que están menos mal pidiendo limosnas en las calles de Caracas, Barquisimeto o Maracaibo, que en sus terruños con poca esperanza. El fracaso del ideal de la educación gratuita, universal y obligatoria, el crecimiento caótico y no reglamentado de las ciudades, la falta de planificación demográfica; la insuficiencia de servicios públicos demasiados onerosos con relación a su rendimiento y a los cuales no tienen prácticamente acceso los marginados.

  Esta última es la gran palabra: los marginados. A fuerza  de usarla, ya no nos conmueve. Con ella hemos reducido un problema humano a un término burocrático. Los marginados. Hasta que vemos las denuncias por mejoras en los servicios públicos que protagonizan esas personas, allí, solo allí recordamos que son eso, los marginados, esa gente que no hemos hecho nada que valga por izar al mundo de los que dormimos mejor cuando llueve, porque el ruido de la lluvia es adormecedor.

Esa enfermedad que nos puede matar como país

  La misma magnitud del problema nos sirve para excusarnos de hacer algo para resolverlo. “Eso pasa en todas partes”, oímos decir; “no vamos a ser los venezolanos los que arreglemos el mundo”…

  El mundo no lo vamos arreglar, ni nadie nos lo está pidiendo. Lo que nos piden los marginados y los sin techos del Sur de Valencia o los barrios de Petare en Caracas, es que nos curemos de una enfermedad que nos puede matar como país. Valencia, Caracas y otras grandes ciudades están gravemente enfermas de los ranchos Ciudad Tablita, o invasiones de las palmitas, en Gramoven y La Silsa. También los que dormimos mejor cuando llueve, nos estamos muriendo de ese mal, porque los ranchos y sus causas son un cáncer de esta ciudad de Valencia y de toda Venezuela en general. Lamentablemente, esa es la realidad de nuestras CIUDADES.

IG-TW: @IvanLopezSD –  [email protected]

Administrador, con Especialización en Gerencia y Comunicación Política. Consultor Político. Locutor en #LVC1040AM. Articulista de la Patilla.Com e InfoEnlace.Net. Ex Concejal de San Diego, Edo.Carabobo. Más de 20 años de experiencia en cargos gerenciales de la Administración Pública. CEO de @FocoYEmprendo.