El sangriento negocio de los mercenarios sirios de Turquía

 

En abril de 2019, el general Jalifa Haftar, gobernante del este de Libia y jefe del Ejército Nacional Libio (ENL), lanzó una ofensiva sorpresa contra el Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA) en Trípoli. Las fuerzas de Haftar representaban una importante amenaza y, en respuesta, el GNA solicitó el apoyo militar de Turquía. Pero en lugar de enviar tropas turcas a Libia, los servicios de inteligencia turcos comenzaron a reclutar en las filas de los combatientes de la oposición siria.

Por: Israel Noticias

Ahmed luchó anteriormente en Siria con la milicia rebelde al-Hamzat, y a principios de 2020 se encontraba en un vuelo hacia la capital libia asediada. La milicia al-Hamzat de Ahmed era uno de los ocho grupos armados respaldados por Turquía contratados para enviar mercenarios a Libia. En Siria, recordó, los combatientes rara vez se veían obligados a entrar en combate. En el contexto sirio, si las condiciones en una escaramuza se volvían desfavorables, muchos simplemente retrocedían y luchaban más tarde. Sin embargo, al llegar a Libia, Ahmed descubrió que esto ya no era así. Al ver la línea del frente en el sur de Trípoli, pidió volver a casa. Pero su oficial al mando le respondió: “Venir a Libia fue tu elección, volver no lo es”.

Junto con sus compañeros de reclutamiento, Ahmed se trasladó a regañadientes a una villa vacía cercana a la línea del frente. El primer desembolso de su salario sería en tres meses, a su regreso a Siria. La desesperación se apoderó de él. Sin embargo, Ahmed no tardó en comprender cómo funcionaban las cosas. “Un tendero nos introdujo en el mercado negro”, dijo, “donde podíamos vender nuestras balas y armas para pagar la comida”. Dos meses después, Ahmed volvió a casa con la pelvis destrozada y recibió una cuarta parte de los 10.000 dólares que le debían. “Cuando me quejé, me dijeron que esto es lo que tenemos para ti. Si no le gusta, presente una queja”, relató Ahmed.

La experiencia de Ahmed no fue única. Más bien, la insensible búsqueda de beneficios ha definido el programa de mercenarios de Turquía. La corrupción es endémica en el proceso, y los altos niveles de soborno -que tocan el reclutamiento, la base y el retorno- empoderan a los actores armados en el noroeste de Siria, prueba de cómo las intervenciones extranjeras pueden sostener las economías de guerra.

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