Luisa Nieto convierte cauchos viejos en ropa y accesorios dentro de su taller en Caracas

Los neumáticos pasan por un proceso de desinfección, que dura cinco días y en el que se eliminan malos olores y el sucio antes de ser intervenidos y convertidos por la artista en ropa y accesorios. Foto: VOA

 

 

Unos cauchos viejos que habían sido desechados ahora tienen forma de blusa y falda: fueron intervenidos en el taller de costura de Luisa Nieto, que confecciona piezas con materiales que rescata de la basura, en un intento por disminuir el daño ambiental.

Por Nicole Kolster | Voz de América

No solo hay ropa, sino también accesorios como pendientes, collares, carteras y bolsos, todo elaborado con tripas viejas de caucho, un material que dura unos 1.000 años en degradarse.

“Muy pocas personas reutilizan las tripas de caucho y no tienen idea del daño que le causamos a nuestro medio ambiente”, dice a la Voz de América Nieto, de 50 años, en su taller en Caracas.

En Venezuela, donde no hay políticas públicas de reciclaje o manejo de desechos sólidos, esta artista trata de reducir el daño ambiental haciendo vestidos y accesorios de neumáticos viejos reciclados.

A sus piezas también agrega retazos de cartón o plástico, que normalmente no se reciclan en este país sin cultura ecológica.

“En la basura hay un tesoro muy grande que todavía en Venezuela no lo han descubierto”, dijo.

“Desde la basura podemos fabricar muchas cosas (…) en pro no solamente del ambiente, sino incluso del tema económico del país”, insiste Luisa, que es madre soltera de dos y vive de la venta de los productos de su marca, Tripeando, de diseños ecológicos.

Pero su moda no siempre recibe el apoyo que espera.

“La gente muchas veces se veía atraída por la pieza porque creía que era cuero, entonces se acercaban y uno les explicaba ‘no, no es cuero, es tripa de caucho’, entonces, la gente lo miraba y le daba como asco o no sé, tenían como un desprecio hacia el material”, cuenta.

Falta de políticas públicas

Luego de ser recolectados, los neumáticos pasan por un proceso de desinfección, que dura cinco días y en el que se eliminan malos olores y suciedad antes de ser intervenidos.

Luisa no solo rescata sus materiales de la calle, en ocasiones sus clientes le hacen donaciones.

“Siempre hay alguien que tiene una tripa que me puede dar”, comenta la mujer que está sentada y lista para pedalear su máquina de coser. “Saben que yo voy a poder realizar algo interesante con este material”, agrega.

Venezuela no cuenta con políticas públicas de reciclaje o manejo de los desechos sólidos. Nicolás Maduro alguna vez habló de fomentar una economía circular, de reaprovechamiento. Pero es común que envoltorios plásticos o cajas de cartón aterricen en el mismo contenedor donde hay restos de comida o residuos orgánicos, sin que exista cuestionamiento.

VITALIS, una ONG en pro del desarrollo sostenible, indica que de “alrededor de las 19 a 25.000 toneladas de residuos que se producen diariamente en el país, solo entre 10 y 19% pudieran estarse reciclando”.

“La situación ambiental del reciclaje en Venezuela es incierta, pues no existen políticas gubernamentales ni metas claras a mediano y largo plazo para lograr la reducción de desechos y reciclaje de materiales, además que las capacidades de las empresas que se dedican al reciclaje son bajas en comparación a la generación de residuos”, destaca la organización en su sitio web.

Luisa coloca su grano de arena con sus diseños, que comenzó a elaborar hace 14 años cuando, en medio de una crisis personal, se topó con una tripa que le dio inspiración, contó.