Anna Nicole Smith cumpliría 55: la playmate que se casó con un millonario de 86 años y su final trágico

Anna nació en una pequeña ciudad de Texas, con el nombre de Vickie Lynn Hogan, el 28 de noviembre de 1967 (Photo by Mathew Imaging/FilmMagic)

 

Anna Nicole Smith cumpliría 55 años hoy lunes 28 de noviembre. Su vida fue un constante sube y baja. Estuvo marcada por sus adicciones y por el ascenso a la fama a través de la exposición de su cuerpo, ya sea en campañas publicitarias, tapas de Playboy o clubs de strippers del medio oeste estadounidense.

Por infobae.com

La conejita de playboy tenía 39 años cuando apareció inconsciente en la suite de un hotel Hard Rock en Miami, Florida. La encontró su enfermera personal y avisó a la recepción del hotel. Fue un 8 de febrero del 2007. Los paramédicos llegaron rápido e intentaron reanimarla con maniobras de RCP, pero Smith fue declarada muerta en un hospital cercano solo unos minutos más tarde. Este último capítulo en la habitación de un hotel del sur de Estados Unidos fue el último capítulo de una vida siempre al límite.

La chica de Texas que sale al mundo

Anna nació en una pequeña ciudad de Texas, con el nombre de Vickie Lynn Hogan, el 28 de noviembre de 1967. Sus padres se divorciaron cuando ella era una bebé. Pero no fue una separación sencilla. La madre echó de la casa a su marido después de que este violara a un familiar. Anna nunca habló de este incidente, pese a que solía exponer cada segundo de su vida en la TV o las revistas.

Cuando Anna ya era una adolescente dejó el instituto para convertirse en camarera de un restaurante de pollo frito de Mexia, en Texas. Allí, se enamoró de otro de los camareros del local, Billy Smith, con quien se casó a los 17 años y tuvo a su hijo Daniel.

Mientras trabajaba como stripper en Houston, a Smith le dio un día por responder a un anuncio que buscaba modelos para la revista Playboy.

Hugh Hefner vio algo en ella que le gustó mucho, así que la llevó hasta Los Ángeles y la convirtió en la protagonista de su portada de marzo de 1992. El éxito sería total y la chica se convertiría en playmate de ese año.

Anna llega a Playboy

Las fotos en Playboy llevó a que el cofundador de Guess, Paul Marciano, le ofreciera un suculento contrato para sustituir a Claudia Schiffer en una campaña publicitaria de jeans.

A partir de ahí, empezó a aparecer en la portada de algunas de las revistas más populares de la época, y hasta probó suerte como actriz en películas de bajo presupuesto.

Para seguir vigente en el mundo de Playboy, se sometió también a operaciones de aumento de pecho que, con el tiempo, le acarrearon fuertes dolores de espalda.

Para seguir en la órbita de Heffner, Anna decidió aguantar los dolores con la ayuda del Vicodin, un medicamento recetado que contiene analgésicos como codeína y paracetamol, al que pronto se volvería adicta.

Pero otro hecho cambiaría para siempre la vida de Smith. El magnate petrolero James Howard Marshall había quedado viudo hace poco tiempo y acudió al club privado en el que la chica trabajaba como bailarina de striptease.

Ella misma contaría cómo se inició en los bares: “Un día entré a un club de strippers creyendo que era un bar y el encargado me dio unos tragos y me convenció de que bailara en topless. Me fui mortificada, pero con US$50 en el bolsillo. A partir de ese momento, debo haber bailado en topless en todos los clubs de la ciudad”.

El millonario tardó poco en empezar a agasajar con regalos, casas y atenciones a Smith

La invitó a comer y bailar para él en privado en la suite de un hotel 5 estrellas. Cuando se hizo la hora de irse, le dio un sobre generoso y le imploró: “No te vayas, amor. No vas a tener que volver a trabajar nunca más”.

El casamiento con el petrolero de 86 años

Marshall cumplió con su palabra: la llenó de regalos. Joyas, un rancho, un Rolls-Royce, un Mercedes-Benz convertible y un nuevo aumento de delantera. Pese a los más de sesenta años que los separaban, el millonario se divertía con ella y con su hijo y le gustaba que también lo acompañaran en sus gustos menos sofisticados, como comer en el Red Lobster, el mismo restaurante de medio pelo en el que Smith había servido antes de convertirse en stripper. Al poco tiempo se casaron.

Los dos estaban vestidos de blanco y Daniel fue el encargado de darles los anillos. La novia llevaba velo y un escote muy profundo. El novio entró en silla de ruedas. Después de los votos, liberaron juntos dos palomas blancas desde el atrio. Era la tradición del templo, cuyo nombre en castellano es “Capilla de la Paloma Blanca”, pero también un símbolo de su relación.

Cuando el periodista Larry King la entrevistó años después en su programa, Smith reconoció que el hombre se quedó prendado de su atractivo aspecto desde el primer momento, pero que ella no sintió atracción física alguna hacia él.

“Me sacó de un lugar horrible y se ocupó de mí y de mi hijo, y yo le quería por eso. Lo amaba como persona”, confesó Smith, que a partir de su boda fue objeto de burla por parte de muchos y tuvo que aprender a lidiar con la presión mediática.

La pareja se instaló en una mansión palaciega que al instante fue rodeada por curiosos y paparazzis. La falta de intimidad volvió a Smith paranoica. En agosto de 1995, tras 14 meses de feliz matrimonio, Marshall murió sin incluir a Smith en su testamento.

La muerte del anciano dejó tocada a Smith, como también lo hizo el hecho de que la antigua niñera de su hijo, María Cerrato, la llevara en 1996 a los tribunales y la acusada de acoso sexual. La Justicia falló a favor de la cuidadora del niño y la obligó a pagarle 800 mil dólares.

Smith acabó declarándose en bancarrota y recurrió cada vez más al consumo de benzodiacepinas y alcohol. También decidió enfrentarse en una larga batalla legal con Pierce Marshall, hijo del millonario, por una fortuna valorada en 1.600 millones de dólares.

A principios de la década de 2000, la playmate apenas recibía ofertas como actriz y, además, luchaba por bajar de peso. En realidad, Smith desconocía que sufría tiroiditis crónica, una afección que a menudo alteraba el equilibrio de su cuerpo y su ánimo.

Aun así, en el verano de 2002, pudiese estrenar en la cadena de televisión por cable E! su propio reality show, The Anna Nicole Show, donde lo mismo aparecía hablando constantemente de sexo, como salía acudiendo al dentista o dando Prozac a su perro. Al mismo tiempo, fue capaz de recuperar su esbelta figura, y hasta se convirtió en imagen de la compañía de productos dietéticos TrimSpa.

Durante sus dos últimos años de vida, Smith se convirtió en una yonqui de farmacia (tomaba más de 70 medicamentos diferentes), lo que la llevó a pasar un tiempo en rehabilitación, y a mostrarse públicamente de forma extraña e impredecible. También volvió a ser madre. En agosto de 2006.

El hijo mayor de Smith, que en el momento del parto de su hermano tenía 20 años, voló desde Los Ángeles para estar junto a su madre, aunque tuvo que someterse a una especie de tratamiento sedante para vencer su temor a volar. Momentos después de llegar al lugar, Daniel se quedó dormido y ya no volvió a despertar. Según un médico forense, la muerte del joven fue el resultado accidental de la interacción de la metadona con los antidepresivos.

Nunca quedó claro si las drogas eran de Anna Nicole, pero trascendió que ella había estado comprando metadona con un nombre falso incluso hasta el octavo mes de embarazo.

El impacto de la muerte de su hijo

El repentino fallecimiento de su primogénito le rompió el corazón a Smith, que entonces cayó en una depresión severa y comenzó a sufrir de insomnio.

A principios de febrero de 2007, Smith estaba tan agotada que decidió tomarse un descanso en Florida junto a su última pareja el abogado Howard Stern y su psiquiatra la doctora Khristine Eroshevich. Nada más poner un pie en su destino, la modelo y actriz comenzó a tener náuseas y fiebre alta. Su guardaespaldas la animó a ir al hospital, pero ella se negó porque temía que los paparazzi no la dejaran tranquila. La fiebre persistió, aunque nadie conocía su verdadero origen y, en la tarde del día 8 de febrero, Smith dejó de respirar.

Su autopsia reveló además que falleció debido a una sobredosis accidental de medicamentos. En el informe del forense constaba igualmente que sus nalgas presentaban múltiples cicatrices, heridas que correspondían a repetidas inyecciones: Smith llevaba un tiempo autoadministrándose vitaminas para mantenerse delgada, pero la aguja causó daño en el tejido de su trasero, y así se formó una infección escondida bajo su piel.

El forense señaló que aquel absceso infectado fue probablemente el causante de la fiebre misteriosa.

“La infección causó una septicemia o envenenamiento de la sangre. Anna sufrió un shock séptico, haciendo que la presión sanguínea cayera en picado. La circulación sanguínea disminuyó en su cuerpo, y cada vez llegaba menos oxígeno a los tejidos. La combinación de cuatro tipos de benzodiacepinas y el hidrato de cloral ya habían disminuido el trabajo de los pulmones. Por lo tanto, Anna no pudo oxigenar su cuerpo lo suficiente y falleció”, se indicaba en el informe forense.

Hasta el lugar donde enterrar el cadáver de Smith fue motivo de disputa entre su madre, un ex novio y su última pareja. Al final, un juez de Florida decidió que sus restos debían recibir sepultura en Bahamas, junto a su hijo Daniel.