“La tormenta me excita y me da ganas de matar”: Asesinó a una pareja y después a una niña

Miguel Alberto Gobbia, “el asesino de la tormenta”, fue condenado a perpetua en 1998 y quedó en libertad a fines de 2010.

 

 

 

Los asesinatos de una pareja el Día de los Enamorados y el crimen de una nena de 13 años durante una tarde invernal sacudieron la tranquilidad habitual de Saladillo, una ciudad bonaerense ubicada a 180 kilómetros de Buenos Aires, en el año 1995. Aunque no había un vínculo entre las primeras víctimas y la menor asesinada después, ambos casos quedaron unidos para siempre en la fatalidad por los patrones menos pensados: una tormenta y un vecino al que todos conocían.

Por: Todo Noticias

Se llamaba Miguel Alberto Gobbia y era un hombre de unos 50 años que estaba al frente de una precaria pulpería, o bar de campo, que frecuentaban los poco más de 22 mil habitantes que tenía el pueblo en aquel entonces. Así, entre sánguches y bebidas, el paisano se había ganado la confianza de la gente e, incluso, de la policía, que solía hablar de investigaciones en curso delante del silencioso y amigable testigo.

“Parecía una persona normal, pero había una doble personalidad, se transfiguraba”, le dijo un vecino hace casi tres décadas al periodista Enrique Sdrech, en una entrevista para Telenoche. Su testimonio se repitió, como calcado, entre los asombrados saladillenses.

En abril de 1998, Gobbia fue condenado a prisión perpetua por los tres crímenes, pero la perpetuidad para él solo fueron 13 años a partir de la condena. Quedó libre en la Navidad de 2010 y nunca más volvió a ser noticia.

El debut sangriento

La madrugada del 15 de febrero de 1995 una tormenta fuerte caía sobre Saladillo y también fue la primera vez que Gobbia salió a matar. En la zona conocida como “Villa Cariño” la oficial de la Policía bonaerense Patricia Noemí Gallo y el chofer de ambulancias, José Bassi, seguían dando rienda suelta todavía a los festejos por el Día de los Enamorados en el interior de una camioneta.

La pareja se sobresaltó cuando alguien les golpeó la ventanilla, pero, evidentemente, no les dio miedo lo que vieron porque empezaron a bajar el vidrio sin ningún reparo. Pero entonces la noche romántica se volvió de pronto una escena salida de una película de terror: el caño de una carabina apuntó hacia ellos y abrió fuego. Bassi murió acribillado de cinco disparos.

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