Con la herida del Holocausto se cumplen 75 años del Plan de Partición de Palestina: ni dos Estados ni paz

Con la herida del Holocausto se cumplen 75 años del Plan de Partición de Palestina: ni dos Estados ni paz

EFE/ Sara Gómez Armas

 

 

 





Con la herida del Holocausto aún lacerante, unas Naciones Unidas en pañales aprobaron el 29 de noviembre de 1947 el Plan de Partición de Palestina, que alumbró seis meses después la creación del Estado de Israel para el éxodo judío y abrió un eterno conflicto, sin paz ni Estado, para los palestinos que poblaban esas tierras.

“Es una efeméride que ya nadie conmemora, a nadie le importa qué ocurrió en 1947 porque no interesa recordar que queda pendiente fundar un Estado palestino”, afirmó a EFE el historiador israelí Meir Margalit.

La Asamblea General de la ONU dio luz verde hace hoy 75 años a la resolución 181, que contemplaba la creación de dos Estados, uno israelí y otro palestino, y que la ciudad de Jerusalén quedara bajo control internacional, gestando uno de los conflictos más largos del siglo XX y XXI.

Según Margalit, la decisión fue “coherente” y “necesaria” en ese momento porque había unos 250.000 refugiados judíos supervivientes del Holocausto y la II Guerra Mundial, pero estuvo mal implementada porque trazó una frontera “incoherente” e “indefendible”, dejando grandes comunidades árabes en territorio israelí y a población judía de Galilea en suelo palestino.

Los enfrentamientos surgieron rápido ante el enfado del mundo árabe, que veía injusto que los judíos, que solo eran un tercio de la población y poseían un 7 % de las tierras, recibieran casi la mitad del territorio. Enseguida comenzaron a ocupar aldeas árabes.

El Estado de Israel nació seis meses después, el 14 de mayo de 1948, cuando David Ben Gurion declaró la “independencia” -o la nakba (desastre) para los palestinos-, lo que desató la primera guerra árabe-israelí.

Provocó el éxodo de unos 700.000 palestinos y terminó con un armisticio en 1949, que trazó la llamada “línea verde”, una nueva frontera con la que Israel ganaba terreno y llegaba hasta Jerusalén, que quedó partida en dos.

LA LÍNEA VERDE

La Línea Verde fue una frontera blindada durante décadas, con fuerte presencia militar. En Jerusalén, tanto en el este como en el oeste, nadie quería vivir cerca de ella porque había francotiradores acechando en ambos lados.

“Nadie cruzaba de un lado a otro. Solo cruzaban periódicamente convoyes de policía escoltados por la ONU a dos enclaves israelíes que quedaron en el este, el campus de la Universidad Hebrea en el Monte Scopus -que tuvo que trasladar su actividad académica al oeste- y la Tumba del Rey David”, cuenta Margalit.

Pero el panorama cambió en 1967, cuando Israel ocupó el Golán, el Sinaí (devuelto a Egipto en 1979), Gaza y Cisjordania, incluida Jerusalén este, tras la Guerra de los Seis Días. La mitad oriental de la urbe se la anexionó en 1980, un movimiento no reconocido ni por la ONU ni la comunidad internacional, pero efectivo de facto.

Desde entonces, la línea verde en Jerusalén ha quedado desdibujada, “hasta el punto de que las nuevas generaciones no saben ni lo que es”, dice Margalit.

Israel controla y administra este y oeste de la ciudad, los asentamientos judíos proliferan en la mitad oriental -donde todavía viven unos 300.000 palestinos y predomina el árabe- e incluso el tranvía circula por esa frontera invisible, que hoy es una avenida más de Jerusalén, aunque en el pasado fue una linde de alambrada y sacos.

Los barrios del oeste pegados a la raya verde, como Musrara o Montefiori, eran marginales antes del 1967, nadie quería vivir allí al estar en una línea de fuego, pero son hoy los más caros y codiciados de Jerusalén al estar en pleno centro de la “ciudad unificada”, próximos a la Ciudad Vieja, ubicada en la mitad este ocupada y anexionada por Israel.

“Como palestinos hemos perdido Jerusalén este. Está fuera de toda cuestión”, afirma tajante el analista jerosolimitano Ziad Hamouri, quien ve “imposible” revivir la solución de los dos Estados gestada hace 75 años con la realidad sobre el terreno.

Hamouri señala que la situación general en todos los territorios palestinos es peor que nunca: “Gaza está bloqueada hace 15 años y en Cisjordania se ha perdido la conexión entre aldeas y ciudades ante la expansión de asentamientos, lo que impide que muchos palestinos puedan ir libremente a trabajar o a la escuela, y las carreteras que se construyen son para los colonos”.

El riesgo de una anexión de toda Cisjordania es “mayor que nunca” con el gobierno de extrema derecha que está a punto de formarse en Israel, aunque en la práctica el país hebreo “ya controla militar y administrativamente toda el área C, que representa el 60 % de ese territorio”, incide Hamouri.

Hoy, Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino, se cumplen también 10 años de que Palestina fuera admitido como Estado observador en la Asamblea General de la ONU, algo que “no ha significado nada sobre el terreno, donde cada vez hay más colonos, puestos militares israelíes y redadas”, apunta el palestino.

Sin embargo, Margalit sí confía en que la presión de la ONU y de la comunidad internacional aún pueda revertir la situación.

“La estrategia de Israel es esperar a que el mundo se canse de denunciar sus prácticas y anexiones o colonizaciones de territorio, hasta que se haga una realidad de facto, como ha ocurrido con Jerusalén este”, señala el historiador israelí.

EFE