
Esta es la historia de Patrick Giblin, que era la versión estadounidense del famoso “estafador de Tinder”, pero sin aviones privados.
Por Semana
Giblin seducía a mujeres con historias sobre su familia, decía que su padre era juez y que tenía una propiedad frente al mar en Atlantic City, Nueva Jersey, donde aseguraba que trabajaba en el sector de casinos, según una denuncia penal federal.
A sus enamoradas les aseguraba que estaba dispuesto a sentar cabeza y que le interesaba más la belleza interior de una mujer que su aspecto físico.
Prometió que la distancia no era un problema, porque tenía acceso a vuelos con descuento e incluso estaba dispuesto a trasladarse a la ciudad de una mujer para avanzar con el romance.
Sin embargo, los funcionarios federales dicen que todo eso eran mentiras para estafar a mujeres que buscaban el amor a través de sitios de citas.
Una revisión de los acuerdos de culpabilidad y las denuncias federales muestran que Giblin estafó al menos a 100 mujeres a lo largo de dos décadas, engatusándolas para obtener más de 250.000 dólares con falsas promesas, seguidas de peticiones de préstamos a corto plazo que, por supuesto, nunca fueron devueltos.
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