Carlos Alberto Montaner: Cómo entronizar la democracia y el mercado en Cuba en sólo 365 días

Carlos Alberto Montaner: Cómo entronizar la democracia y el mercado en Cuba en sólo 365 días

Carlos Alberto Montaner

En Cuba habrá elecciones en marzo a la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP). Ésas son las potencialmente más importantes que proporciona el sistema. De esto se dio cuenta Ricardo Alarcón, anterior presidente del Parlamento, y Raúl Castro lo destituyó o no le permitió repostularse. “Con el poder no se juega” es el lema de los hermanos Castro, y Alarcón iba de cabeza para el poder.

Se postularán, y saldrán electos con el 99% de los votos, Raúl Castro, Miguel Díaz-Canel, Manuel Marrero, Elián González, y el actual presidente de la ANPP, Esteban El Gori Lazo, como lo llamaba el propio Fidel para humillarlo por negro y corpulento, algo que le producía mucha risa y que escuchó directamente el extraordinario poeta Raúl Rivero, antes de que se enfrentara con el régimen “de difuntos y flores” (Silvio Rodríguez dijo en Ojalá, una cancion creada por el trovador para zaherir al dictador, aunque disfrazada de cuita amorosa).

Hasta un total de 470 “padres y madres de la patria” serán electos ese día. Mi consejo, no pedido por nadie, es que disfruten mucho la ocasión. Tal vez sea la última. La fecha del 11 de julio del 2021 no sólo es un precedente: es un camino. Ese día miles de personas gritaron “libertad” y entonaron Patria y Vida, que inmediatamente se convirtió en el segundo himno de Cuba. De ellas, hay más de un millar que han sido acusadas ante los tribunales, y cumplen sentencias injustas.





La cifra de los recién llegados al exilio en el pasado año más de 300.000 personas. Abundan los hijos y parientes de los generales, de los ministros y ex ministros, de los diputados y ex diputados. Eso incluye sólo a EE UU porque en ese país cultivan y conservan las estadísticas mejor que en buena parte del mundo.

Hace más de dos décadas, recibí del disidente Gustavo Arcos Bergnes (GAB) el nombre de un general activo con mando de tropas. Poco después, me dijo que él era una persona confiable para iniciar una transición en Cuba. GAB fue compañero de partido de Fidel, y asaltante del cuartel Moncada, donde recibió un disparo en la columna vertebral que casi lo deja paralítico. Al triunfo de la Revolución fue embajador cubano ante el Reino de Bélgica.

GAB era un hombre serio. Tanto, que fue condenado a 10 años de prisión por criticar a su antiguo jefe. Una vez en la cárcel, y luego fuera de ella, se reunió con Ricardo Bofill, con Martha Frayde, con su hermano Sebastián Arcos Bergnes, un dirigente medio de la Revolución, y con el hijo de éste, también llamado Sebastián, para colocar a la oposición bajo el manto de los derechos humanos y evitarle a Cuba otro sangriento ciclo revolucionario. Luego siguieron Elizardo Sánchez y, con menos de 20 años, Juan Manuel Cao, a quien le “ocuparon”, como si fueran bombas, unos versos muy ocurrentes en contra del Comandante. Hoy es un reconocido novelista y periodista del Canal 41.

En esa época yo creía que al régimen no le quedaba demasiado tiempo, pero Fidel se sacó de la manga a Hugo Chávez, y como tenía previamente a Lula da Silva, y el apoyo del Foro de San Pablo, pudo capear el temporal alquilando profesionales. Ya no existen Fidel, ni Hugo Chávez, y el Foro de San Pablo está bajo el escrutinio constante del ejército brasileño, así que está dictada la sentencia a muerte de la dictadura comunista cubana. Murió de inanición e incompetencia.

En definitiva, murió de lo que mueren habitualmente los regímenes comunistas: de la incapacidad de generar suficientes cantidades de bienes y servicios. Muchos menos de los que se logran en una economía abierta sujeta al mercado y a la existencia de propiedad privada, aunque haya que sacrificar la pretendida igualdad de resultados. Ahora bien, lo que dure, sean meses o años, dependerá de la capacidad de hacer presión desde la oposición, y de la voluntad de cambios de los millares de reformistas que aún existen en el Gobierno. Todos tenemos que oírlos con atención.

En 1990, los economistas liberales soviéticos pusieron en circulación un plan para transformar la URSS en 500 días; Cuba solo necesitaría apenas 365 días. El plan prometía revivir en ese plazo la subordinación de todos al mercado y, aún dentro de las reglas del marxismo, se pensaba que la sociedad descubriría por sí sola la libertad política. En definitiva, no obtuvieron la libertad económica ni la política. Aquello acabó, pese a tener la aprobación de Boris Yeltsin y de Mijail Gorbachov.

En 1990 fueron Grigori Yablinski, presidente de Yábloko, el partido de la “manzana”, y Stanislav Shatalin quienes apostaron todo su prestigio de doctores en economía a que la fórmula funcionaría en la URSS, pero bastó que el primer ministro Nikolái Ryzhkov se opusiera tenazmente, para que el plan fuera destruido. No creo que eso suceda en Cuba. Si existe un consenso clarísimo, dentro y fuera del poder, es que no hay forma humana de revitalizar el comunismo cubano. Por eso el último año se han marchado unas 300.000 personas a todas partes del planeta, y entre ellas numerosos miembros de la nomenklatura o sus descendientes

Lo que se ha averiguado de las transiciones es que todas tienen un alto nivel de improvisación y singularidad. De todas maneras, algo ha servido recoger ideas puestas a funcionar en otros países y en otros sistemas:

– Devolver la ilusión. El plan “nonato” de Yablinski y Shatalin sirve para enmarcar las reformas en un plazo. En un año “las cosas” comenzarán a estar mejor. A una sociedad que la han embaucado innumerables veces tras planes locos que no funcionan, esto se llama devolver la ilusión.

– EE UU, siempre EE UU. La pequeña Cuba se puede transformar en un sitio en el que se pueda hacer negocios con ella. Al fin y al cabo son solo 11 millones de personas. Es preciso un tratado de libre comercio. Una de las reformas que deben hacerse es la dolarización de la economía. La riqueza mayor de esa Isla es tener como vecinas, a solo 90 millas, a 325 millones de personas entre las cuales se encuentran las más ricas y creativas del planeta.

– Entre un 20% y un 30% del censo cubanoamericano tiene sus raíces en la Isla. Esa es una fuente extraordinaria de enriquecimiento en ambas orillas para los posibles negocios.

– Por primera vez EE UU tiene con quién hablar fuera de su territorio. Los congresistas cubanoamericanos deben figurar en esa lista de personas privilegiadas. Cuatro o cinco de los ex congresistas también.

Lo que quiero decir es que no vale la pena hacer ningún plan detallado. Sólo hay que crear las condiciones para que funcione y dejar a la imaginación el resto. Seguimos a la espera de una persona que pueda iniciar la transición en Cuba. No creo que el general con mando de tropas del que me avisó Gustavo Arcos Bergnes siga vivo todavía.