Posada Isla Piscina: Una barajita más del álbum de la “Venezuela Premium”

Posada Isla Piscina: Una barajita más del álbum de la “Venezuela Premium”

 

 

 



 

Durante los últimos años, Venezuela se ha caracterizado por tener básicamente dos clases sociales: la del ciudadano de a pie, que lucha diariamente por sobrevivir a la crisis económica generada por el chavismo, y la élite de la burbuja que disfruta de un país “premium”.

Corresponsalía lapatilla.com

Eso lo saben muy bien los integrantes del clan de Nicolás Maduro, quienes ahora apuestan a crear espacios para que esa élite, en gran medida compuesta por “enchufados”, pueda derrochar dinero y, a su vez, le dé sustento al eslogan de “Venezuela se arregló”.

Uno de esos lugares es la Posada Isla Piscina, ubicada en la isla que lleva el mismo nombre y que se encuentra dentro del Parque Nacional Mochima. El origen oscuro y confuso de la estancia turística contrasta con las aguas cristalinas que la rodean.

Y es que al día de hoy es una incógnita quién o quiénes son los propietarios de la edificación, que está disponible para turistas desde abril de 2022 y que debió ser intervenida, en vista de que anteriormente era una vieja casa abandonada que había sufrido los embates del mar y la delincuencia.

Según explicó Diego Reina, conservacionista y amante del parque, que se divide entre los estados Anzoátegui y Sucre, lo que hoy es una posada, en otrora era una casona construida bajo el primer mandato del expresidente Carlos Andrés Pérez. Sin embargo, cuando se decretó el área como Parque Nacional, la edificación fue cedida al Instituto Nacional de Parques (Inparques).

“Con el pasar de los años fueron erosionándose las bases, y como no era algo sustentable, se destruyó y quedó abandonada. Posteriormente, se robaron las ventanas, techos, hasta que hace unos cuatro o cinco años fue tomada por inversionistas privados”.

Al igual que su origen, es incierto el panorama en cuanto a los “permisos legales” otorgados para que la casona fuese remodelada y luego convertida en la lujosa posada que es hoy en día.

De hecho, a juicio de Rodolfo Gil, abogado ambientalista, levantar esa construcción implicó la violación flagrante de la Constitución Nacional, la Ley Penal del Ambiente, el Decreto de los Parques Nacionales (que entró en vigencia en 1989), entre otras leyes.

“La Ley de Parques Nacionales en su artículo 10 establece que las zonas a proteger son las conformadas por ambientes naturales relevantes y que por su constitución pueden tolerar el uso moderado; pero en este caso no se cumple. Podemos ver instalaciones turísticas que albergan navíos y además intervinieron un arrecife para construir un muelle. También hay un restaurante y no se sabe a ciencia cierta hacia dónde van las aguas servidas generadas en ese establecimiento”.

Gil, quien es presidente de la Fundación Agua Para Todos, recordó que en los años siguientes a 1989 fueron expropiados o demolidos una gran cantidad de inmuebles que estaban en el Parque Mochima, específicamente en Isla Borracha, Isla El Mono e Isla Ña Cleta.

“Vemos con preocupación que por generar un poco de turismo exclusivo, se esté tomando parte del parque para esas construcciones, que van en contra del paisajismo natural de esa zona y violan las normas que protegen a las áreas bajo régimen de administración especial. De igual manera, viola el derecho de los ciudadanos a mantener un ambiente sano y equilibrado para las generaciones futuras”.

Turismo VIP

Posada Isla Piscina: Una barajita más del álbum de la “Venezuela Premium”

 

 

 

 

Según se pudo conocer, la Posada Isla Piscina está “de promoción” hasta el próximo 30 abril, sin incluir Semana Santa. Quienes quieran aprovechar la oferta en pareja y por una noche deben cancelar 490 dólares para una habitación estándar y 690 dólares para la “suite piscina”, siempre que vayan entre lunes y jueves, porque entre viernes y domingo las tarifas suben a 520 y 700 dólares respectivamente. Los fines de semana el hospedaje solo es válido para mínimo dos noches.

Vale acotar que por llevar un niño entre 4 y 11 años de edad, se debe pagar adicional 100 dólares, mientras que desde 12 años de edad en adelante cuenta como adulto y el monto sube a 250 dólares. Este paquete incluye desayuno, almuerzo, snack, cena, bebidas nacionales alcohólicas y no alcohólicas.

Quien no quiera pasar la noche en la posada, tiene la opción del “full day” por el “módico” precio de 120 dólares por persona (niños entre 4-11 años pagan 60 dólares) e incluye almuerzo, snack, traslado de playa Vallecito y cóctel de bienvenida.

Según comentó Diego Reina, las embarcaciones que suelen permanecer en los alrededores de Isla Piscina normalmente parten desde Puerto La Cruz o Lechería, al norte del estado Anzoátegui.

“Los puntos de salida más frecuentes son los hoteles Maremares, Punta Palma o Eurobuilding. Y debido a la distancia que se debe recorrer, el alquiler de una lancha privada ronda los 480 dólares para un máximo de 10 personas”.

Se pudo conocer que a orillas de las playas Vallecito y Arapito existen botes que ofrecen la opción de dar un paseo por los alrededores de la isla a menor costo, pero como mínimo un turista debe disponer de 40 dólares para solo ver de lejos la posada.

Igualmente, quien desee simplemente estar en la orilla de Isla Piscina, debe cancelar a la posada una especie de “entrada” que ronda los 60 dólares, a pesar de que esa playa -en teoría- es pública y gratis.

Impacto en los pobladores

Posada Isla Piscina: Una barajita más del álbum de la “Venezuela Premium”

 

 

 

 

Si bien es cierto que en el tema ambiental hay una serie de leyes que se están infringiendo al permitir el funcionamiento de la posada en pleno Parque Nacional Mochima, habitantes de las islas de Arapo y Arapito, ubicadas a los costados del islote de Piscina, manifestaron que hay cierto equilibrio en el impacto que ha tenido la misma en ellos.

“Dentro de lo bueno se puede destacar que han reforzado bastante la seguridad. Antes por aquí no se acercaba nadie por lo peligroso que se había puesto, pero ahora hay constante presencia policial. Otro punto a favor es que allí trabajan al menos cinco habitantes de estas comunidades cercanas y que sus proveedores de productos marinos también son los pescadores de la zona”, comentó Margarita Sánchez, quien reside en Isla Arapo.

No obstante, la mujer, quien tiene un restaurante, dijo que les han mermado aún más la poca venta que tenían. “Ahí llegan embarcaciones de todo tipo que rodean la Isla Piscina, pero no se hospedan en la posada. Aun así, ellos envían personal a ofrecer sus alimentos y nos restan las posibilidades de venta a nosotros”, comentó.

De igual manera, dijo que esperaban algún tipo de ayuda por parte de los propietarios, ya que era tradición que los dueños de otras posadas los apoyaran con tanques para almacenar agua potable, por ejemplo. “Teníamos la esperanza de que nos asistieran con una planta eléctrica, pero nada que ver. Ni siquiera sabemos quiénes son”.

Richard Millán, quien se dedica a ofrecer paseos por las islas desde la orilla de playa Arapito, señaló que tanto a él como a sus colegas le quitaron la oportunidad de movilizar pasajeros hasta Isla Piscina, porque nadie puede llegar hasta allá si no paga.

“Ellos marcaron un perímetro de unos 30 metros, y eso es lo más cerca que puede anclar un bote. Al acercarse al muelle, de inmediato sale personal a ofrecer los servicios de la posada o a explicarle a la gente que no pueden estar ahí sin consumir, lo que no debería ser así”.

Preocupación

 

 

 

 

 

Para ambientalistas como Rodolfo Gil es preocupante que la posada de Isla Piscina no sea el único proyecto de este tipo que se pretende implementar en el Parque Nacional Mochima, pues en Isla Borracha también hay intenciones de llevar a cabo una construcción similar.

En ese sentido, Diego Reina resaltó que llevar a cabo esos proyectos en islas no es lo ideal, pues para eso se tiene una costa amplia donde se pueden manejar mejor los desechos sólidos, entre otras cosas.

Voceros del régimen madurista han mencionado en reiteradas oportunidades que el turismo es la “carta bajo la manga” para sustituir el ingreso que aportaba el petróleo a la nación, pero lo que nunca han declarado es que se trata de un turismo que solo puede disfrutarlo una élite, un turismo que viola las leyes ambientales, un turismo que pretende crear una ilusión de bienestar, cuando la mayoría de los venezolanos a duras penas puede comer.