Por qué hay apartamentos de 150 millones en los rascacielos más altos de Nueva York donde no vive nadie

Por qué hay apartamentos de 150 millones en los rascacielos más altos de Nueva York donde no vive nadie

La torre Steinway y la torre Central Park, las dos situadas en lo que se ha llamado Billionaires’ Row por concentrar las viviendas de las personas más ricas del mundo, vistas desde el Central Park de Nueva York. GARY HERSHORN (GETTY IMAGES)

 

En la última década, Manhattan se ha llenado de rascacielos residenciales, colosales e hiperesbeltos. Suponen un reto estructural cuyos arquitectos han resuelto de manera brillante y su silueta está modificando el skyline de la ciudad más famosa del mundo. Y sin embargo, están medio vacíos. ¿Qué está pasando con estos ultrarrascacielos? Para entender la complejidad del fenómeno, hay que comprender qué es exactamente un rascacielos, y para eso, hay que ir al principio.

Por El País

En 1885, se inauguró el Home Insurance en la ciudad de Chicago, edificio considerado como el primer rascacielos de la historia. Aunque en realidad solo tenía doce plantas, respondía a los tres condicionantes esenciales que definen lo que es un rascacielos: que se pueda construir, que se pueda usar y que sea económicamente rentable. El Home Insurance se pudo construir gracias a su delgadísima pero muy resistente estructura metálica, se pudo usar porque incorporó uno de los primeros ascensores con freno de emergencia y, sobre todo, el edificio era rentable porque había una empresa detrás que podía permitirse pagar un edificio que era mucho más caro que cualquier otro que se hubiese construido hasta ese momento.

En realidad, los rascacielos existen por puro aprovechamiento económico; cuando el precio del suelo en el centro de las ciudades comenzó a dispararse, a las compañías les resultaba más rentable construir planta sobre planta en altura que comprar un solar enorme. Por eso, durante más de un siglo, los rascacielos siempre han sido edificios esencialmente de oficinas, porque se necesita que ese edificio tan caro produzca económicamente. Que genere el dinero suficiente como para pagarlo y, después, mantenerlo. Desde los grandes dioses urbanos como el Chrysler o el Empire State, hasta las Torres Gemelas, la torre Willis de Chicago o las sedes de las grandes corporaciones bancarias de Hong Kong o Shanghái, los rascacielos no han sido solo obras arquitectónicas sino también artefactos económicos.

En cambio, los nuevos ultrarrascacielos de Manhattan, al estar destinados a viviendas, parecen vulnerar está máxima. ¿Cómo consiguen ser rentables? La respuesta es contraintuitiva: los apartamentos que ocupan estos edificios son carísimos pero, en realidad, lo que los hace rentables es que están medio vacíos. En varios medios se ha hablado de supuestos problemas constructivos y estructurales y, al parecer, los exclusivos residentes del elegante 432 Park Avenue se han quejado de que el edificio se mueve demasiado, de que hay inundaciones, ruidos de tuberías y hasta grietas. Cuando has pagado una millonada por tu casa, desde luego que no quieres ningún inconveniente mundano, y es posible que estos problemas sean reales. Al fin y al cabo, un rascacielos tan esbelto siempre se va a mover porque, como bien saben en la antigua sede de Citigroup, el principal enemigo de un rascacielos no es la gravedad; es el viento.

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