Luan Leiva, la historia del niño trans más pequeño en haber cambiado su documento de identidad - LaPatilla.com

Luan Leiva, la historia del niño trans más pequeño en haber cambiado su documento de identidad

Luan junto a Natalia y Fernando, su mamá y papá (Foto: Infobae)

 

Cuando Natalia quedó embarazada por segunda vez la suya era una familia dentro de “la norma”. Ella, maestra jardinera de Lanús, casada legalmente con Fernando, empleado administrativo, padres de Charo, una hija de casi 5 años: todos esperando ansiosos la clásica llegada del hermanito o la hermanita.

Por Infobae





No conocían personas trans, a lo sumo habían visto alguna travesti en televisión: ¿hombre trans? A ninguno. ¿Un pequeño niño trans? Menos que menos.

“A veces leo comentarios que dicen ‘se ve que los padres ya tenían una nena y querían un varón’. No conocieron a Lu de nena…era hermosa”, dice a Infobae Fernando Leiva, el padre, que ahora tiene 38 años.

“Yo la cuidaba cuando Nati se iba a trabajar, estaba muy pegado a él… a ella en ese momento. ¿Viste esa relación de las nenas con el papá? Bueno, así”, sitúa, y la voz le tiembla.

“Creo que ese cambio fue lo que más me costó pero no es que nosotros dejamos olvidada esa parte: Lu es un varón trans, y aquello también es parte de su vida. De hecho nosotros decimos que no es sólo él: somos una familia trans, porque todos tuvimos que cambiar el chip y transicionar con él”.

Son las 9 de la mañana de un viernes de vacaciones y Luan está tomando la leche entre sus padres. A la vista es apenas un niño con bigotes de chocolate y cara de dormido pero tiene un título rimbombante: a los 4 años y medio se convirtió en el niño más pequeño del país en haber cambiado su género y nombre en su partida de nacimiento y DNI.

En agosto Luan cumplirá seis años y no es una semana cualquiera para una familia como la de él. Es que el 22 de febrero los medios del mundo dieron a conocer el drama de “las gemelas argentinas que se tiraron de un tercer piso en Barcelona”. Se dijo “las gemelas” aún cuando el epicentro del desastre fue que “una” ya no era “una” sino un varón trans en plena transición: había pedido que lo llamaran Iván, se había cortado el pelo y había cambiado su ropa por otra más masculina.

A diferencia de los padres de Luan, se cree que los de Iván se enteraron por las cartas que dejó (antes de subirse a una silla y arrojarse al vacío Iván escribió que se sentía “incomprendido por su identidad de género”). Lo que ahora cuentan sus compañeros y compañeras es que en el colegio el bullying era constante. Tenía 12 años: el suicidio no es una rareza en la comunidad trans cuando el entorno expulsa así.

Las primeras pistas

Es en este contexto que la familia de Luan elige contar a Infobae lo distinta que puede ser la vida cuando hay acompañamiento.

“Muchas veces nos preguntan ‘¿pero cómo se dieron cuenta?’. Bueno, Lu empezó a mostrarlo a los 2 años, antes de empezar a hablar fluidamente”, precisa Natalia Melica, su mamá.

“Como nosotros ya teníamos una hija pensamos que lo esperable era que la siguiera, que la imitara, pero él era todo lo opuesto. Yo le ponía colitas y se las arrancaba, le ponía un vestido y hacía lo mismo. Cuando empezó a hablar más me decía ‘poneme ropa, esto no’”.

La forma de jugar era diferente -“más a lo bruto”. La elección de roles para los juegos también lo era: “Él siempre era el varón: el chico, el papá, el príncipe”, sigue ella.

Las palabras, de a poco, empezaron a ponerle más nitidez a lo que estaba pasando. “Decía que era un nene”, subraya el padre. Natalia agrega: “Y cuando la corregíamos se enojaba, hacía unos berrinches con un llanto tremendo”.

Una psicopedagoga les dijo que no hacía falta que la corrigieran. “Nosotros pensamos todo el tiempo que era un juego”, sigue el padre. “Incluso desde la ignorancia total creímos que a lo sumo podía llegar a ser lesbiana cuando fuera grande”.

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