Bachiller merideño deja su silla vacía en acto de graduación y escribe una carta que a muchos les “aguó el guarapo”

Bachiller merideño deja su silla vacía en acto de graduación y escribe una carta que a muchos les “aguó el guarapo”

 

 

 

Esta última semana en las instituciones de educación básica, liceos y colegios se vive una fiesta, porque muchos jóvenes culminan una etapa en su vida académica que, en teoría, los prepara para entrar en la universidad y así iniciar la adultez.

Jesús Quintero // Corresponsalía LaPatilla.com

Con muchas deficiencias y dificultades, los bachilleres de la República recibieron sus títulos, en medio de lapsos sin profesores de las materias, porque un profesional de la docencia prefiere invertir su tiempo en dictar clases particulares o simplemente a otra actividad laboral que le permita llevar el pan a casa cada día.

Diego García Calderón es un joven merideño que tomó la iniciativa de dejar la silla vacía en su acto de grado en acción de protesta. Con apenas 17 años comentó que no fue nada fácil tomar esta decisión. “Quise alzar mi voz en contra de todas y de cada una de las irregularidades que se viven y por la exigencia de una educación digna, por el valor y respeto que todos los docentes tanto activos y jubilados merecen”.

“Fueron muchos los años de trabajo académico que recorrí para llegar a este logro (…) Es triste visualizar cómo mi país natal día a día cae en desidia, cómo nosotros los nuevos bachilleres de la República tenemos un futuro a medias”.

Y sigue su reflexión: “La mayoría de los jóvenes que hoy egresamos como bachilleres tenemos la única opción de emigrar, porque el futuro en Venezuela no está garantizado, no tenemos calidad de vida para desarrollarnos y proseguir con nuestra formación profesional, tenemos que dedicarnos a trabajar y dejar a un lado nuestros sueños”.

Enfatizó que se declara en situación de rebeldía y protesta pacífica, tal y como lo establece la Constitución de Venezuela, ante las irregularidades que día a día se viven, y la lamentable situación que los docentes atraviesan por sueldos nefastos, tanto del sector público como privado.

También mencionó sobre los beneficios estudiantiles, que con el pasar de los años han ido desapareciendo, y que muy probablemente las generaciones que vienen no conocerán, como pasajes estudiantiles y comedores con servicios de alimentación de calidad

“Los jóvenes también nos vemos afectados por la realidad económica y social que atraviesa el país, la escasez de combustible, precariedad de los servicios públicos, cuando se va la luz dos o más veces al día.

Para finalizar, Diego se refirió al débil sistema educativo, donde los jóvenes no salen realmente preparados para enfrentarse a la universidad, mientras que los entes gubernamentales malgastan los recursos en conciertos, y los docentes siguen exigiendo sueldos dignos. Aseveró que su lucha no termina y seguirá alzando su voz de protesta las veces que sean necesarias.