Carlos Ochoa: La guerra cultural y el cambio

Carlos Ochoa: La guerra cultural y el cambio

¿Qué tan difícil puede resultar llegar a la presidencia de un país y hacer un gobierno medianamente decente? En algunos casos recientes han llegado jóvenes y maduritos a la primera magistratura y hasta ahora la gente de esas naciones parece que los aprueba, ahí está el controversial presidente Bukele de El Salvador, el de Uruguay y hasta el socialista Boric en Chile.

¿Qué hicieron diferente comparándolos con Maduro, Petro, López Obrador y Fernández? Sencillo, cambiaron la narrativa populista por una que convence que la propiedad privada y el libre mercado son hasta ahora la única vía para salir de una crisis creada por un estado y unas políticas que no le dan respuestas ni salidas a la necesidad de la gente empobrecida por la catarata de engaños de un populismo ineficaz, corrupto y sin futuro.

La nueva narrativa no puede encasillarse en la tradicional taxonomía de izquierdas y derechas, va más allá de ese simplismo histórico que nos viene de la época de la revolución francesa, en realidad no es ni siquiera nueva, es tan antigua como el liberalismo, pero en américa latina resulta novedoso porque representa un momento de cambio de modelo, de enfoque del papel que debe cumplir el estado en el desarrollo económico, social y moral de la sociedad democrática.





El triunfo de Milei en la Argentina es un duro revés para la narrativa populista latinoamericana, el nuevo presidente del país austral además de controversial y polémico, llega a la Casa Rosada con muchas promesas de cambio, que muchos aseguran no podrá cumplir por no tener un Congreso que respalde ese giro narrativo hacia el espectro liberal, pero lo que es seguro es que lo va a intentar y va a poner empeño en destronar del poder a lo que él denomina “la casta”, que no es otra cosa que la dirigencia corrupta del Peronismo y sus cómplices que se han enriquecido empobreciendo al país.

Hay un punto que vale la pena destacar de la narrativa de Milei y es la de la guerra cultural, para que los cambios tengan respaldo y se consoliden es indispensable ganar la guerra cultural contra la narrativa instrumentada por el Foro de San Pablo y más recientemente por el grupo de Puebla, en donde se agrupan dictadores, presidentes autoritarios y socialistas democráticos como Lula Da Silva, para la difusión del programa socialista continental cuentan con los cambios curriculares a todos los niveles educativos, los presupuestos nacionales y una red de comunicaciones que incluye numerosas estaciones estatales de radio y televisión, además de la cadena Telesur que opera desde Caracas financiada por el gobierno de Maduro y el canal ruso de abierto apoyo a los gobiernos y movimientos que tienen como estandarte su oposición al gobierno de los Estados Unidos e Israel dentro de una larga lista de estados democráticos.

Para hacerle frente a la narrativa del socialismo demagógico, hay que plantar propuestas liberales que presenten un modo distinto de gobernar e influir en la sociedad, a eso se refiere Milei cuando habla de guerra cultural.

Los movimientos sociales latinoamericanos han sido por décadas los destinatarios de la narrativa del resentimiento, se les ha inoculado el odio y un falso nacionalismo que los ha llevado a apoyar y defender a los peores gobiernos que tengamos memoria, pero la gota que parecía no derramarse nunca, está empezando a inundar con reclamos a los engañadores de oficio, porque la cosmética no es suficiente para calmar la indignación de ver como se enriquecen, mientras el ciudadano de a pie vive en la miseria, sin esperanzas de mejorar su vida con esta gente al frente de los destinos de naciones con muchos recursos y potencial, pero con un crecimiento de la pobreza inconcebible.
En ese equipo de cambio se inscribe María Corina Machado, es una liberal con un programa realista que tiene un amplísimo apoyo popular, su defensa de la propiedad privada y de garantías económicas para emprendedores de todos los sectores, incluyendo los menos favorecidos y golpeados por la indolencia madurista, se ha percibido como una luz de esperanza, su firme posición de no negociar la permanencia del régimen más allá de las elecciones de 2024 la colocan en el lugar que ocupa hoy en la intención de voto para presidente, es verdad que hay que pasearse por otros escenarios que incluyen la tensión con Guyana por la zona en reclamación, algunas opiniones apuntan a una movida acordada con Georgetown para declarar un estado de conmoción nacional que congele las elecciones, particularmente no me parece probable porque qué gana Guyana con eso, ya lo que acordó con Chávez y Maduro en 2004 y 2006 lo viene haciendo con las transnacionales petroleras, así que mientras no cambien la seña hay que continuar el juego hasta que se termine o lo cancelen por lluvia.