La sonrisa de Ahmed, el niño que perdió las piernas y a sus padres por las bombas en Gaza

Fotos: Reuters

 

 

 

Nueva Capital Administrativa (Egipto), 5 feb (EFE).- Desde la ventana de Ahmed, un niño gazatí, ya no se ven ruinas y cascotes, sino los descomunales y vacíos edificios de la Nueva Capital Administrativa de Egipto, el faraónico proyecto para reemplazar la congestionada El Cairo por una nueva ciudad en mitad del desierto.

En una habitación limpia y luminosa, rodeado de juguetes y algunas flores, el pequeño, de tres años, juega alegre con su tableta y esconde su sonrisa detrás de un gran peluche de Spiderman, como si no recordara los tres bombardeos que, desde el 7 de octubre, le han arrebatado sus dos piernas, a su madre y a su padre.

Tres bombardeos

La primera explosión fue a durante los primeros días de la contienda en la ciudad palestina de Beit Hanon, en el norte de Gaza, donde “una explosión le propulsó 20 metros” y le provocó “heridas en el abdomen y en la barbilla”, explica a EFE Ibrahim Abu Amsha, su tío y el único familiar que le acompaña en Egipto.

El mismo proyectil israelí mató a los padres del niño y a su hermano mayor, mientras que Ahmed y su hermano pequeño, de tan solo dos años, fueron trasladados por sus vecinos al hospital indonesio, sin que la familia extensa supiera de su paradero.

 

Fotos: Reuters

 

“Encontramos a ambos pocos días después del primer ataque”, narra Ibrahim, “y les llevamos a la ciudad de Sheij Radwan, en el oeste de Gaza”.

Tan solo cuatro días después, “hubo un bombardeo a cinco metros de nuestra casa y una ventana se desplomó encima del niño”, dejándole varios cortes en el cuerpo.

“Aquel lugar ya no era seguro, por eso nos fuimos a un colegio utilizado por la UNRWA como centro de refugiados”, donde, según Ibrahim, panfletos distribuidos por los aviones israelíes les ordenaron “dirigirse al sur de la Franja”.

El tercer y último ataque, “tres o cuatro bombas seguidas”, tuvo lugar 20 días después, a plena luz del día, en la puerta de otra escuela.

“Corrimos hacia el lugar de la explosión, y encontramos a mi hermano muerto (otro familiar) y a Ahmed con las piernas amputadas y sangrando”, dice su tío, mientras aparta la mirada de las mantas huecas de la cama de su sobrino.

 

Fotos: Reuters

 

Recuperación en Egipto

“El niño llegó con una pierna seccionada por debajo de la rodilla y la otra por el muslo”, explica en declaraciones a EFE el doctor Ramzy Monir Abdel Azim, director del novísimo Hospital de la Nueva Capital Administrativa.

El centro abrió sus puertas el pasado agosto y acoge, entre otros pacientes, varias decenas de evacuados de Gaza, entre ellos 21 de los bebés prematuros evacuados en noviembre del hospital de Al Shifa, en el centro de la Franja.

Allí reciben tratamiento los casos con peor pronóstico y los que requieren intervenciones especializadas, aquellos que no pueden ser atendidos en las instalaciones de Al Arish, el centro médico más cercano a la frontera egipcio-palestina.

Ahmed, que pregunta constantemente, “está convencido de que un médico se ha llevado sus piernas para repararlas”, explica Ramzy, “y le hemos prometido devolvérselas”, añade.

Regreso a Gaza

“Es medio consciente de lo que pasó”, según Ibrahim, y “cuando pregunta sobre sus padres, le explicamos que iremos a verles de aquí a mucho tiempo, porque están ahora en el paraíso”.

 

Familiares consuelan al hermano de Ahmed Shabat, víctima de un ataque aéreo israelí, durante su funeral en Beit Hanoun, norte de la Franja de Gaza, 11 de julio de 2006. REUTERS/Mohammed Salem (TERRITORIOS PALESTINOS)

 

El deseo de su tío es volver cuanto antes con él a Gaza, donde se encuentra su mujer, sus hijos y el hermano de Ahmed, y donde ya han fallecido, según datos de UNICEF, 3.450 niños desde el pasado octubre.

Duda de si esperar a que acabe la guerra, “si acaba”, aunque tiene claro que prefiere su “hogar destruido por las bombas” a las torres altas de las nuevas ciudades egipcias.

Mientras Ibrahim mira por la ventana del hospital, Ahmed reclama unas 20 veces a su “baba” y otras tantas a su madre. Al no obtener respuesta de los adultos, el niño continúa con su juego de pesca en la tableta, un poco frustrado por haber perdido la última partida.

EFE